Adiós, hígado graso

Uno de los deberes del médico es educar a las masas a no tomar medicinas. Enseña William Osler (1849-1919), médico internista canadiense.

Nuevamente hago un abordaje al gran terror que provoca en las personas por demás sanas, cuando les dicen que «padecen de hígado graso» en los estudios de revisión «preventiva», y ya no se diga lo que sufren los que están excedidos de peso. Son frecuentes las consultas por este motivo.

Ya he comentado y reitero en no coincidir con algunas opiniones de investigadores académicos expertos de laboratorio en la materia. Mis argumentos se fundamentan en experiencia clínica de estar observando desde hace más de 50 años, personas obesas con hígado graso y la mayoría de ellas sin cirrosis ni cáncer de hígado y que mueren obesos por otras causas sin relación directa con el hígado graso.

Las principales controversias, de expertos, en torno al hígado graso (actualmente denominado enfermedad hepática esteatótica) radican en la distinción entre benignidad y riesgo de evolución hacia cirrosis o cáncer, el cambio constante de su nomenclatura médica, y la falta de fármacos aprobados universalmente, obligando a priorizar cambios de estilo de vida.

Cierto, desde que empecé a ejercer la medicina, allá por el año 1969, a todos los pacientes muy obesos les palpaba el hígado aumentado de volumen por grasa. En aquel tiempo ni en la escuela ni en los hospitales se hablaba de «enfermedad de hígado graso». Durante mi estancia en el Centro Medico Nacional (1972-1974) aun con el estudio técnico de gamagrafía hepática especificaba que el hígado estaba aumentado de volumen y clínicamente, nosotros los médicos clínicos decíamos: este tiene el hígado crecido porque es obeso, aquel porque tiene insuficiencia cardiaca congestiva venosa que provoca aumento del hígado como consecuencia de la deficiencia de bombeo hepático, el otro porque las amibas invadieron al hígado y le provocaron un absceso y el alcohólico tiene el hígado crecido por el alcohol que altera el metabolismo de la grasa hepática que aumenta su concentración en el hígado sin que haya aparecido la cirrosis alcohólica. Es decir, en aquel tiempo el hígado crecido por grasa se consideraba un signo de diversas enfermedades o hábitos alimenticios incluyendo a los diabéticos. ¡No era una enfermedad! Hoy sigue vigente el hígado crecido por las causas mencionadas previamente pero ya le colocaron la etiqueta de «enfermedad», es decir «enfermaron al pobre hígado»

La explicación a lo anterior y esto es punto de vista muy personal: a los hígados sanos, ahora los enferman, en el contexto económico del neoliberalismo propio del capitalismo salvaje. Los médicos gozamos de la libertad de enfermar a personas sanas: «bisnes, es bisnes».

Debate sobre la gravedad y el pronóstico

Grasa simple vs. inflamación: Existe discusión sobre cuándo una acumulación lipídica pasa a ser una patología crítica. La mayoría de los casos son esteatosis simple sin inflamación y rara vez evolucionan de forma grave y no existen datos ni síntomas clínicos específicos de mal funcionamiento del hígado. Esto dicen los expertos.

Yo comento, respetando opiniones contrarias, que si la mayoría de los pacientes con hígado graso no evolucionan a la cirrosis o al cáncer de hígado, y esto me consta en más de 50 años de observación clínica de cientos de casos de hígado graso, no se debe afirmar que el hígado graso es la causa directa de cirrosis o cáncer de hígado. La causa más frecuente de cirrosis es el alcoholismo intenso y los escasos pacientes que recuerdo con cáncer de hígado no he encontrado relación directa con hígado graso de la obesidad, alcoholismo o diabetes.

Riesgo metabólico y cardiovascular: La controversia clínica señala que el verdadero peligro del hígado graso no siempre es el fallo hepático, sino el elevado riesgo de infartos y complicaciones cardiovasculares asociados. Esto argumentan los expertos.

Con todo respeto, en mi especialidad de medicina interna me ha correspondido certificar cientos de muertos de la tercera y cuarta edad por enfermedad vascular cardiaca o cerebral relacionados la gran mayoría de ellos con la arterioesclerosis senil, pero no con hígado graso. Es muy cierto, los obesos o diabéticos o alcohólicos con hígado graso también mueren por arterioesclerosis senil que es progresiva e irreversible e independiente del hígado graso, este fenómeno es un estado de asociación de sucesos patológicos, pero sin que lógicamente haya una relación directa causa efecto. De esta confusión lógica surgen afirmaciones exageradas y terroristas… ilógicas… «puesnnn». La medicina es una ciencia plagada de incertidumbres por lo que, para ejercerla para bien de la sociedad, debemos contar con conocimientos esenciales de biología, estadística, matemáticas, psicología, sociología y lógica filosófica, entre otros conocimientos.

Retos en el tratamiento y diagnóstico

Ausencia de terapias farmacológicas unificadas: Al no existir una solución farmacológica única y definitiva para todos pacientes con hígado graso, el manejo depende totalmente de la constancia en la pérdida de peso y la dieta, es decir de corregir las posibles causas ya mencionadas del hígado graso. Esto dicen los expertos y estoy de acuerdo con estas afirmaciones.

Luego entonces, surge una interrogante lógica. ¿Por qué entonces tanta «alharaca»? Si el hígado graso es asintomático, tiene diferentes causas, no existe tratamiento especifico y solo es necesario corregir las causas con cambios de hábitos de vida o con fármacos para la diabetes como en el hígado graso del diabético, por lógica no se puede considerar como una entidad patológica definida.

«Staca Brown» que el público le diga adiós al hígado graso, la mercadotecnia actual puede avasallar la vocecita inquieta de esta columna periodística.

Lea Yatrogenia

Egresado de la Escuela de Medicina de la Universidad Veracruzana (1964-1968). En 1971, hizo un año de residencia en medicina interna en la clínica del IMSS de Torreón, Coahuila. Residencia en medicina interna en el Centro Médico Nacional del IMSS (1972-1974). Por diez años trabajó como médico internista en la clínica del IMSS en Poza Rica Veracruz (1975-1985). Lleva treinta y siete años de consulta privada en medicina interna (1975 a la fecha). Es colaborador del periódico La Opinión de Poza Rica con la columna Yatrogenia (daños provocados por el médico), de opinión médica y de orientación al público, publicada tres veces por semana desde 1986.

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