Alegría mundialista vs. realidades sociales

La borrachera mundialista que generó la selección mexicana de futbol alcanzó a prácticamente todos los sectores sociales del país y provocó en millones de personas una esperanza de trascender más allá de las difíciles realidades que vive la sociedad mexicana y que se convierten en una cruda de las celebraciones que permitieron abstraerse por unos días de los problemas graves que se avecinan a México.

Sin duda alguna que durante los primeros cuatro juegos del Tri futbolístico muy pocas personas recordaron que aún hay una lista de políticos y gobernantes mexicanos que son requeridos por la justicia norteamericana por sus presuntos vínculos con la delincuencia organizada.

El plazo, aparentemente para su entrega, ya venció y no ha pasado nada aún, incluso el Gobierno vecino del norte pareciera que no quiere tocar el tema mientras sigue la fiesta futbolera de la cual es sede principal con más juegos.

Incluso para algunos ciudadanos pasó de noche que hay mas de 300 aspirantes de un solo partido político para ser candidato a gobernador de las entidades que el próximo año renovarán el poder ejecutivo y que este fenómeno provocó una ola de solicitud de licencias de diputados federales y senadores.

Lo que el mundial no logró borrar en México fueron las protestas y demandas de madres y familias buscadoras de personas desaparecidas que incluso en la Ciudad de México fueron agredidos por ciudadanos, policías y grupos de represión del Gobierno local y federal.

Además, al menos 21 estados del país transitan el verano en medio de una crisis energética que provoca pérdidas económicas multimillonarias para empresas, fábricas y millones de familias.

Pero todo lo mencionado y lo que pudiera faltar al humilde escribiente, se hace un lado cuando la borrachera mundialista alcanza a la sociedad mexicana que compró camisetas verdes, que se reunió en casas, bares y restaurantes, que abarrotaron los festivales donde se instalaron pantallas gigantes y luego miles de personas acudían a las principales calles y avenidas para celebrar a su selección.

Desafortunadamente, el saldo de los festejos a escala nacional no es blanco ni es el mejor, sobre todo por la muerte de al menos cuatro personas, de los cuales tres perdieron la vida en la capital del país y uno más en Baja California.

Para las familias de estas personas que murieron, el mundial de futbol y los festejos siempre será recordado, como un momento de tragedia, dolor y tristeza, un hecho que se podría evitar, pero que no se logró por la falta de respeto social entre los ciudadanos y autoridades de los tres ámbitos de Gobierno que fueron rebasadas.

En fin, ya casi acaba la borrachera mundialista para los mexicanos y con la llegada de la cruda realidad, a seguir sobreviviendo en un entorno que no es el mejor pero que al menos se disipó para muchos con el falso espejismo de una selección de futbol.

Autor invitado.

Deja un comentario