Los medios de comunicación, la «comentocracia» y los grupos de presión no dejan de hablar del expresidente, retirado de la política y de los reflectores. Las oposiciones buscan fracturar a Morena y a la 4T para volver al Gobierno y recuperar privilegios
La política de «abrazos, no balazos», vista por Sheinbaum
La venganza de las vacas sagradas y el caso Loret
La nostalgia acompaña siempre a los hombres del poder, máxime a quienes fueron presidentes. El ocaso empieza cuando el partido gobernante nombra candidato. Gustavo Díaz Ordaz estuvo a punto de sustituir a Luis Echeverría por dedicar un minuto de silencio a los estudiantes y soldados muertos en Tlatelolco. Cuando José López Portillo, «responsable del timón», llevó al país a la tormenta, el mundo se le hundió. En respuesta a las críticas de Echeverría, su predecesor, publicó un desplegado cuyo título refleja su angustia: «¿Tu también, Luis?». Antes del asesinato de Luis Donaldo Colosio, postulado por el PRI para las elecciones presidenciales de 1994, el rumor era que Carlos Salinas de Gortari planeaba reemplazarlo por Manuel Camacho Solís. Cuando el jefe de los neoliberales pronunció su célebre «No se hagan bolas, el candidato es Colosio», ya era tarde.
Andrés Manuel López Obrador se refirió al caso en varias conferencias mañaneras. En una de ellas reveló que el 21 de marzo de 1994 cenó con Colosio en casa de una amiga común, Clara Jusidman, a iniciativa del candidato priista, quien buscaba un acercamiento con Cuauhtémoc Cárdenas. La estrella de AMLO empezaba a refulgir. En 1988 encabezó el «Éxodo por la democracia» en protesta por el fraude electoral de ese año, y ya había contendido dos veces por la gubernatura de Tabasco. AMLO narra que cuando le planteó a Colosio «poner fin a la ideología liberal», asintió: «Habría que regresar a Keynes», promotor del Estado de bienestar. Visto como uno de los fundadores de la macroeconomía moderna, el autor de Tratado sobre el dinero proponía reducir el desempleo a través de la demanda, el gasto público y la inversión productiva. Salinas y su grupo neoliberal pertenecían a la Escuela de Chicago, de Milton Friedman. En Chile, los Chicago Boys influyeron de alguna manera en el derrocamiento del presidente chileno Salvador Allende, ocurrido el 11 de septiembre de 1973.
«No intenten buscarme (…) no quiero ya aparecer. No hay nada, ya cumplí mi ciclo y me voy contento».
(Andrés Manuel López Obrador)
Dos días después de la reunión en casa de Jusidman, Colosio, quien era presionado desde el primer círculo del presidente Salinas para que renunciara a la candidatura, fue abatido en Tijuana. El sustituto fue un Chicago Boy: Ernesto Zedillo. En la rueda de prensa del 22 de marzo de 2019, víspera del 25 aniversario del asesinato de Colosio, AMLO cuestionó: «¿Qué pasó realmente. Se dice que cuando se trata de un crimen de Estado, siempre hay complicaciones para conocer la verdad, pero hay que indagar, insistir que esto no quede impune en caso de que se tratara de un crimen de Estado».
El acercamiento y aparente afinidad de Colosio con la izquierda lo enemistó con Salinas y su grupo, con quienes ya había empezado a guardar las distancias. El discurso del 5 de marzo de 1994 en el Monumento a la Revolución marcó la ruptura. Colosio propuso transformar la política y reformar el poder «para democratizarlo y acabar con cualquier vestigio de autoritarismo. (…) el origen de muchos de nuestros males —subrayó— se encuentra en una excesiva concentración del poder (…), que da lugar a decisiones equivocadas (…), a los abusos, a los excesos». El sonorense veía al salinismo sin caretas: «¡Es hora de cerrarle el paso al influyentismo, a la corrupción, a la impunidad». Colosio fue anulado de la carrera presidencial, de manera cruel y cobarde, por el atrevimiento que, en política, no se puede cometer: señalar los vicios del sistema y contar la verdad.
Nostalgia de poder
Andrés Manuel López Obrador ha respetado el silencio que ofreció guardar para que su sucesora, Claudia Sheinbaum, gobierne sin interferencias. Luis Echeverría recibía en su casa de San Jerónimo a comisiones políticas después de dejar la presidencia. Para quitárselo de encima, José López Portillo le dio una embajada en las antípodas. Carlos Salinas quiso establecer un maximato, pero abandonó el país cuando Ernesto Zedillo encarceló a su hermano Raúl por el asesinato de José Francisco Ruiz Massieu y enriquecimiento ilícito. Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto se conforman con publicar videos de sus años de poder y algunas banalidades. El único de los predecesores de AMLO que radica en el país es Fox.
Poco antes de terminar su mandato y de emigrar a su quinta de Palenque, Chiapas, AMLO pidió a sus seguidores y colaboradores: «No intenten buscarme (…) no quiero ya aparecer. No hay nada, ya cumplí mi ciclo y me voy contento (…). Primero porque (…) se dio a conocer el dato del Banco Mundial (de) que se redujo la pobreza en el tiempo que estuvimos en el Gobierno como no sucedía en décadas, se redujo la desigualdad. Segundo porque es un gran honor, un timbre de orgullo, haber gobernado un país con un pueblo tan bueno, noble, trabajador, fraterno, excepcional. Y lo tercero, que le dejo la banda presidencial a una mujer con mucho conocimiento, experimentada, sensible, honesta, que va a ser, sin duda, una muy buena presidenta, y en poco tiempo, ese es mi pronóstico, se va a convertir en la mejor presidenta del mundo.
»Tiene todo para lograrlo. Yo ya termino mi ciclo, considero que cumplimos y agradecerle muchísimo a la gente (…). Es inmensa la bondad del pueblo de México. Es un pueblo muy bueno, muy solidario, muy fraterno. Lo constaté desde niño, pero cuando empecé en el servicio público, cuando fui director del INI (Instituto Nacional Indigenista), me acuerdo, un indígena chontal se pegó en el pie un hachazo y tuvieron que sacarlo en hamaca, así se acostumbraba porque no había otra forma, y yo andaba metido en las comunidades. Me acerqué y alcancé a ver cómo llegaba la gente más pobre y sacaba 20 centavos, un peso y se lo dejaban en la hamaca. Todos, porque sabían que lo iba a necesitar. Y aquí se ve todavía, en el Metro, en todos lados, la gente ayudando. Aquí hay mucha solidaridad» (conferencia del 09.09.24).
Pocos mandatarios tuvieron contacto así con la gente, le hablaron con esa familiaridad, y, menos aún, labraron su trayectoria desde puestos políticos modestos. La carrera presidencial empezaba en la alta burocracia, en los circuitos del poder económico, y terminaba en Los Pinos. El último dedazo lo dio Salinas con Luis Donaldo Colosio, pero el delfín se le salió de control. Tenía que deslindarse —«veo un México con hambre y sed de justicia», dijo 18 días antes de su asesinato— de un sistema agotado y de un presidente autoritario. Era la única manera de generar confianza. Zedillo le hizo justicia a Colosio, de alguna manera: encarceló a Raúl Salinas y forzó el exilio del «villano favorito de los mexicanos».
Conocedor de la historia, AMLO pidió respetar su retiro en Palenque para no escuchar quejas ni solicitudes de recomendación para la presidenta Sheinbaum. Su última aparición pública fue el 1 de junio para votar en la elección judicial que renovó la Suprema Corte de Justicia de la Nación y el sistema de justicia federal en conjunto. Los grupos de interés que lo presentaron como «un peligro para México» jamás perdonarán que un sureño de su condición los haya vencido. Son los mismos que hoy lo atacan con el mismo resultado: ninguno.
Ruido mediático
El antiobradorismo se retuerce porque la presidenta Claudia Sheinbaum no rompe «todavía» con su antecesor. La relación, en realidad, poco les importa. Lo que esperan, en el fondo, es la fractura de Morena y de la 4T. Pues mientras mantengan la unidad y no pierdan la base popular que los sustenta, más difícil le resultará a la reacción retomar el poder. Sheinbaum recordó, en Yucatán, a las oposiciones y a los grupos de presión: «Somos parte de un movimiento social. Nosotros no llegamos al Gobierno impuestos por una élite, (…) porque alguien decidió por fuera (…) quién iba a ser presidente de la república. Llegamos con el voto popular, con un movimiento que lleva (…) decenas de años luchando por la democracia, por la justicia y por el bienestar del pueblo».
La presidenta visitó las 32 capitales estatales para informar los resultados de su primer año de Gobierno. No dio gusto a los políticos de escritorio y a quienes quisieran, ya no que niegue a su predecesor, sino, al menos, que deje de citarlo para que el olvido haga su parte. «Tenemos un gran ejemplo de un hombre que recorrió el país, que se ganó el corazón del pueblo de México y que (…) en seis años transformó nuestro país».
La réplica al antiobradorismo y a la «comentocracia» rozó la ironía. «Tanto coraje le tienen quienes perdieron los privilegios o no se ven reflejados en el Gobierno, que son unos cuantos. Tanto coraje le tienen que siguen calumniando al presidente López Obrador, pero la verdad es una: nunca lo podrán calumniar porque él se quedó, no en monumentos, no en nombres de calles: se quedó en el corazón del pueblo de México, y así va a seguir siendo». El recuerdo a la herencia del PRI y el PAN no podía faltar: «Fueron 36 años de un modelo que gobernó México (…), el neoliberal, que dejó a los mexicanos en la pobreza, pronunció las desigualdades, generó una guerra en el país, promovida desde el Gobierno».
Los mexicanos tampoco pueden olvidarse «de De la Madrid, Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña, 36 años de gobernar para unos cuantos (…), solamente para quienes se sentían dueños de México», espoleó. «La transformación no es nada más un cambio de Gobierno. Ha cambiado mucho el país en estos siete años». No solo 13.5 millones de mexicanos salieron de la pobreza, «también somos el segundo país menos desigual del continente después de Canadá. Es decir, se distribuyó mejor la riqueza».
En Yucatán, donde solo el PRI y el PAN se habían alternado el poder, y ahora gobierna Morena, la presidenta dijo que la pobreza y la desigualdad disminuyeron por el aumento al salario mínimo y acciones como la desaparición del outsourcing. Ahora las empresas deben contratar directamente a los trabajadores y repartir utilidades, expresó.
Para quienes apuestan por la ruptura, Sheinbaum repitió las consignas del caudillo: «Por el bien de todos, primero los pobres», «Con el pueblo, todo; sin el pueblo, nada». Frente a las campañas de sus rivales de siempre y el denuesto de los opinólogos, el silencio de AMLO resulta atronador. Retirado de la política por edad y agotamiento después de siete campañas (tres por la gubernatura de Tabasco, una por el Gobierno de Ciudad de México y tres presidenciales) su nombre no se diluirá mientras los medios de comunicación, las columnas, las oposiciones y los poderes fácticos lo mantengan vivo. Sea para magnificar sus errores, minimizar la obra de su Gobierno o culparlo de todos los males del país. E4
Rupturas presidenciales
- Carlos Salinas
- Ernesto Zedillo
- Vicente Fox
- Felipe Calderón
- Enrique Peña Nieto
La política de «abrazos, no balazos», vista por Sheinbaum
Atender las causas de la violencia y a los jóvenes ha permitido reducir el índice delictivo, dice la presidenta. La guerra no es el camino
Los señuelos y provocaciones para que la presidenta Claudia Sheinbaum insinúe siquiera un distanciamiento con Andrés Manuel López Obrador o un cambio de rumbo de la 4T, así sean matizados, menudean también en las ruedas de prensa de Palacio Nacional. El tema de seguridad, donde los críticos observan la fisura que pudiera devenir fractura, es el más recurrente. «Nosotros tenemos una estrategia que consta de cuatro ejes. Tú quieres sacarme una declaración que no te voy a dar. (…) Nos tocan momentos distintos, a él le tocó gobernar de 2018 a 2024 y a mí me toca, si así de decide el pueblo de México, del 1 de octubre de 2024 al 30 de septiembre de 2030», respondió a una reportera en la mañanera del 10 de febrero.
«Aunque no se haya declarado formalmente su fin, la política de los abrazos es cosa del pasado. (…) Sheinbaum no es, como ha demostrado frente a Trump, una política de arrebatos sino de disciplina estratégica ».
(Jesús Silva Herzog-Márquez, Reforma, 29.09.25)
Sheinbaum refutó el argumento opositor contra el plan anticrimen puesto en marcha hace siete años: «Hay esta idea de que abrazos no balazos era darle carta blanca a la delincuencia organizada, cosa que es totalmente falsa. (…) Abrazos, no balazos, no quiere decir que estamos cruzados de brazos. (…) A los jóvenes: educación, cultura, deporte, empleo, derechos, no guerras como las de Calderón. Atendemos las causas, brindamos los derechos al pueblo de México que le fueron arrebatados durante todo el periodo neoliberal y hacemos nuestro trabajo». La estrategia es, pues, la misma, con los ajustes del caso para reforzarla, lo cual ha permitido disminuir la incidencia delictiva, dijo la mandataria.
Las oposiciones y los poderes fácticos dieron a los «abrazos» el sentido de rendición y complicidad para atacar al Gobierno. El entonces nuncio apostólico de México, Franco Coppola, explicó el concepto. «La guerra contra el narco, desplegada en sexenios anteriores, “no sirve” (…) en Italia tenemos la experiencia de la mafia. (…) abrazos, no balazos es un eslogan, y como tal, no dice toda la riqueza, profundidad y complejidad». (…) Fue una forma de decir “no queremos más balazos”, pero hay todo un trabajo atrás. El camino que ha iniciado el Gobierno es correcto, pero no pienso que en un sexenio se pueda solucionar un problema de años. El Gobierno solo no puede. Es necesaria la colaboración de la ciudadanía, de la sociedad civil, de la Iglesia, (…) todas las estrategias anticrimen pueden requerir ajustes» (La Jornada, 26.12.21).
López Obrador popularizó el eslogan, que sus adversarios y la prensa hostil a la 4T utilizaron para significar el fracaso de la estrategia de seguridad, pero él no lo inventó. La idea original —«Regale abrazos, no balazos»— pertenece a Arminé Arjona, poeta y escritora de Ciudad Juárez donde cobraron auge los feminicidios en la última década del siglo pasado. Quizá AMLO leyó la frase en una de sus giras por el país y la convirtió en consigna, sin darle crédito a Arjona. Cosa que sí hizo el entonces secretario de Gobernación, Adán Augusto López, en una sesión del Congreso de Chihuahua.
El escritor Jesús Silva Herzog-Márquez afirma que si entre la presidenta Sheinbaum y AMLO «no ha habido una ruptura, sí ha habido separación en asuntos relevantes. La estrategia de seguridad es el ámbito donde esa separación es más evidente, pero desde luego, no es la única. Aunque no se haya declarado formalmente su fin, la política de los abrazos es cosa del pasado. Lo que innegable es que ahí donde veíamos impulsividad, ahora vemos cálculo. Sheinbaum no es, como ha demostrado frente a Trump, una política de arrebatos sino de disciplina estratégica» (Reforma, 29.09.25). E4
La venganza de las vacas sagradas y el caso Loret
La cancelación de contratos del Gobierno federal con los principales líderes de opinión podrían explicar, en parte, las campañas anti-4T
La publicación de la nómina de 36 columnistas y comentaristas de radio y televisión que obtuvieron contratos del Gobierno federal en los sexenios de Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto (EPN) puso en duda la credibilidad de la comentocracia, cuestionada por su cercanía con el poder. La élite del periodismo nacional recibió ingentes cantidades de dinero, sobre todo del Gobierno peñista (1,029 millones de pesos). «El pago directo a periodistas y columnistas por su trabajo en los medios, además de financiar sus portales personales, se oficializa con Enrique Peña Nieto», declaró el presidente Andrés Manuel López Obrador en la conferencia matutina del 10 de marzo de 2023.
«Loret de Mola dedicado en cuerpo y alma a decir mentiras. (…), ya no le quedó otra más que decir: “No, la verdad, sí mentí. Otro montaje, hice otro montaje”».
(Claudia Sheinbaum, presidenta, 17.09.25)
El primero de la lista, destacó, «es Joaquín López-Dóriga, quien obtuvo más de 446 millones de pesos (mdp) en contratos con el Gobierno, siendo al de Peña a quien más dinero facturó, 249 (mdp) a través de cuatro empresas. En segundo lugar (…) el escritor Enrique Krauze con 370.8 mdp como dueño y principal accionista de Letras Libres, Vuelta y Clío. En tercer lugar (…) el escritor Héctor Aguilar Camín, al frente de Grupo Nexos (…): cobró 166 mdp, casi 100 millones de ellos con Peña Nieto. En cuarto lugar, el empresario y periodista Federico Arreola, propietario de SDP Noticias. Recibió 154 mdp, el 99% con Peña Nieto. Le sigue Beatriz Pagés (revista Siempre!), la que habló cuando el acto del “INE no se toca”, con 106 mdp».
La lista de las 36 vacas sagradas, con cifras de entre nueve y seis dígitos, la filtró el diario Reforma el 23 de mayo de 2019. Los datos, dijo AMLO, los proporcionó el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INA) a los ciudadanos que lo solicitaron. «Todo eso se terminó. (…) Algunos se molestan y tienen derecho a manifestarse». El presidente señaló que el Gobierno mantendría la publicidad con los medios de comunicación transparentes, pues son empresas y generan empleos.
AMLO trató el caso de Carlos Loret de Mola por separado. Gana 35 millones de pesos anuales, declaró a la prensa del 11 de febrero de 2022, en Sonora. Así los desglosó: Televisa: 11.8 mdp (pidió aclarar por qué, si ya no trabajaba para la empresa, aún le paga). Radiópolis (W-Radio, del grupo español Prisa) donde, según el presidente, tiene intereses el exbanquero Carlos Cabal Peniche: 9.2 mpd. Latinus, a la cual asoció con el cartel farmacéutico y con el exlíder del PRI, Roberto Madrazo Pintado: 6.3 mdp. El Universal («bueno, pues ya sabemos»): 4.5 mdp. Otros: 2.8 mdp. Washington Post: 0.6 mdp». Y frente a esos ingresos, el suyo: 2.01 mdp (bruto anual).
En el grupo se encuentran los principales detractores de AMLO y de la 4T. «El coraje viene, en el fondo, del amor que le tiene el pueblo de México al presidente López Obrador porque eso no va a cambiar», declaró la presidenta Claudia Sheinbaum el 17 de septiembre. «Por más campañas que siguen haciendo a la fecha: que digan. Él es un hombre íntegro que transformó al país. Todo lo que se hizo en 6 años, no va a cambiar en la historia de la gente y en el cariño.
»Buscan: que si una cosa, que si otra, que si otra. Loret de Mola dedicado en cuerpo y alma a decir mentiras. (…) hace tres días reconoció que dijo otra mentira, ya no le quedó otra más que decir: “No, la verdad, sí mentí. Otro montaje, hice otro montaje”». (El ensamblaje más escandaloso lo armó con Genaro García Luna, secretario de Seguridad Pública en el sexenio de Felipe Calderón, para fabricarle delitos a Israel Vallarta y encarcelarlo casi por 20 años). Sin embargo, «el apoyo popular a la Transformación es muy grande (…) y tiene que ver con que la gente se da cuenta del cambio y está de acuerdo, así se sencillo», puntualizó la presidenta. E4
