Si la historia no miente y la realidad no está fuera de orden, lo que se hizo por el país durante Gobiernos del PRI no fue algo que deslumbrara la política u ocupara los reflectores internacionales por su buen progreso y desempeño. Al contrario, se caracterizó por el autoritarismo, corrupción, despilfarro económico y, si algo quedaba, era prometer en la siguiente campaña, cambiar lo que ellos habían estaban fomentando. No existía el peso de la oposición, así que las elecciones eran mero trámite y el oficialismo era la única línea a seguir.
México tuvo progreso a medias, para que no se dijera que las cosas no se hacían, mientras la corrupción sí creció de manera descomunal, de la mano con la delincuencia y un Gobierno sordo, ciego, manco y mudo. ¡Ah!, pero en campaña mágicamente esos males desaparecían. Creo que esto es algo que los nuevos y viejos priistas saben de memoria, pero es ahí donde parece que la amnesia llegó para quedarse.
Por eso hoy, con gran descaro y sentimiento de defensores, en su último intento por no extinguirse, han señalado y puesto el dedo en la llaga de los males que sus Gobiernos crearon y donde se puede decir que, malamente, se hizo una cultura. La cual hoy está costando demasiado desaprenderla. No vayamos tan lejos, en los comicios electorales de los tres órdenes de Gobierno, es una estructura la que sale a dar la cara por un partido podrido que navega con bandera de bondad y sin memoria, pero con ganas de corregir lo que ellos ahora ven mal y que, en sus tiempos, parecían ajenos a la realidad.
Hoy el alcance de las redes sociales y medios de comunicación es un gran aliado para la población, pero también hay algo de historia que dice que las cosas no son como el PRI las dice donde ellos se creen merecedores de todo lo bueno que el país tiene y da. La historia reciente ha evidenciado la forma de cómo se trabaja en el tricolor y ha sido la necesidad y la ignorancia lo que los han hecho mantenerse cerca del electorado, pero lejos del mismo. El sueño se acabó. La época dorada ya tuvo un fin. No vengan a decir que van a rescatar lo que a ellos poco les importó y su incapacidad fue clara: los males que hoy aquejan al país no han sido obra de la alternancia, son herencias rancias que ahora no recuerdan, ¡ah!, pero como pesan. La dignidad moral, social y política es algo que el tricolor predica, pero olvida de manera sutil al momento de señalar.
El país está en un cambio que no será de un día para otro. Por lo tanto, es momento de hacer una limpia partidista de lo que no aporta. Ya se fue el PRD, el PAN y PRI van en una unión de intereses, no de convicciones, y quizá de la mano se vayan juntos y desaparezcan. Llevan una carrera al precipicio y los dos pueden caer juntos. Si hablamos de rescate, que lo apliquen en ellos antes de ver por los demás.
Del norte nadie lo esperaba
Algo que parecía ironía y hoy es una realidad, que el PRI tenga sus únicos dos gobernadores en Coahuila y Durango, cuando tiempo atrás la oposición no pesaba y parecía que la época dorada sería eterna. Técnicamente no preocupaba perder un par de fichas en el tablero nacional, ya que la hegemonía estaba tendida sobre un país que obedecía de manera ciega. Es desde aquí donde el pequeño, pero considerable bastión, hablando de manera alentadora, desea hacerse fuerte, aunque cada vez parece más débil y aunque las órdenes emanen aún de la Ciudad de México. Parece no ser suficiente, esto es una carrera contra el tiempo en la que el reloj va marcando la hora en contra de un tricolor sin pilares fuertes y tratando de sostenerse de manera improvisada sobre los cimientos norteños que desean dar el respiro tan esperado para una hazaña casi imposible: ganar lo que tuvieron en otros estados y soñar con un día volver a ser amos y señores de un país que los mantiene, pero no les importa.
Mientras tanto, la institucionalidad y el buen trato son cosas con las que estos estados se mantienen ante el poder ejecutivo federal, ya que de momento no hay quienes puedan rescatarlos si llegase a haber alguna ruptura. Dicen que las minorías también cuentan y el tricolor parece entender que esta es su último respiro de manera local. Llegó el momento de avanzar y parece que no hay cavidad en la historia reciente para volverse a equivocar.
