Ante una reforma judicial calificada de infame, ¿qué diría don Pancho?

La figura de Francisco García Cárdenas, jurista emblemático, sirve para cuestionar la actual reforma judicial y advertir sobre el deterioro del Estado de derecho y la división de poderes en México

Para los lectores de estas líneas, es obligatorio principiar por precisar que al referirme a don Pancho, dicha persona no es cualquier Pancho, sino el licenciado Francisco García Cárdenas, quien en su sencillez y modestia que siempre lo caracterizó —como así me lo refirió su yerno, el doctor Santiago Rodríguez Martínez (Q.E.P.D.)— pese a ser un ameritado maestro y eminente jurisconsulto y por tanto toda una institución en la historia de la enseñanza del Derecho en Coahuila, siempre le gustó que se le llamara así tanto por sus alumnos como exalumnos.

Dicho renombrado civilista originario de esta ciudad, donde nació el 28 de octubre de 1900, y cuyo nombre completo fue el de José Francisco Antonio García Cárdenas, es ni más ni menos quien el 1 de abril de 1943, con el apoyo y participación de otros eméritos abogados y maestros de ideales quijotescos al igual que el suyo, como fueron los licenciados Severiano García García, Antonio Guerra Castellanos, Margarito Arizpe Rodríguez, Alberto Fuentes Flores, Alejandro V. Soberón, Eduardo J. Hernández Elguezabal, Ernesto Cordero de la Peña, Joel Müller Domínguez y Evelio H. González Treviño, fundó hace 83 años la entonces Escuela de Leyes del Estado, hoy Facultad de Jurisprudencia.

Ochenta y tres años después de ese acontecimiento, cabe preguntar ¿por qué esa veneración y reconocimiento a su persona que le profesamos los cientos y quizá miles de abogados esparcidos tanto en el estado, como a nivel nacional, que tenemos la distinción de ser egresados de dicha institución por él fundada, reconocimiento que se acrecienta por los que tenemos además el privilegio de haber sido sus alumnos en el aula?

A casi medio siglo de su sentido deceso, acaecido el 29 de junio de 1977, su legado como gran Maestro de Derecho Civil se acrecienta incluso entre las generaciones que no tuvieron la fortuna de recibir sus enseñanzas, y que solo saben  de él por la transmisión oral transmitida de generación en generación que conserva como legítimo orgullo de haber sido no solo el fundador y primer presidente del Primer Consejo Directivo, sino también su primer Director del 1 de abril de 1943, al 26 de marzo de 1967, es decir 24 años y como maestro 29, lapso de tiempo en que pese a las complicaciones de salud que siempre padeció, nunca fue pretexto para dejar de impartir sus cátedras de Derecho Civil con puntualidad inglesa, de lunes a viernes desde las 8 de la mañana, hasta pasado el mediodía.

Ahora bien, su legado educativo de contenido civilista, es natural que con el paso del tiempo haya cambiado y adecuado conforme la sociedad como destinataria de la norma jurídica lo demande y requiera. Sin embargo, ese cambio debe de producirse dentro del marco legal de una ley suprema que además de ser respetada debe tener siempre como fin teleológico, la seguridad jurídica y el bien común.

Dichos valores, sustento de todas nuestras instituciones jurídicas, están en crisis en el México actual que vivimos, a raíz de la reforma constitucional en vigor a partir del 16 de septiembre de 2024, impulsada tanto por el anterior Gobierno de AMLO, como por el actual que preside la doctora Claudia Sheinbaum Pardo.

La actual crisis de nuestro sistema jurídico originado desde el 5 de febrero del 2024, fecha en la que el expresidente López Obrador envió al Congreso de la Unión, diversas iniciativas tanto para reformar y adicionar la Constitución Federal como otras leyes secundarias, fue la culminación del sueño largamente acariciado por el señor de Palenque, quien después de perder las elecciones de 2006, no tuvo empacho en proclamar ante sus miles de seguidores que abarrotaron el Paseo de la Reforma que el único camino que existía para salvar a México era acabar con sus instituciones.

Lo que vino después de su triunfo de 2018, ya todos lo sabemos y padecemos; una división de poderes que ya no existe —aunque se trate de maquillar—  pues el único poder que se resistió a ser cooptado por el ejecutivo que fue el Judicial, fue sometido a los intereses de aquel, en las elecciones del domingo 1 de junio del 2024, cuando gran parte de sus jueces y juezas de Distrito, magistrados de los Tribunales Colegiados de Circuito y ministros de la Suprema Corte de la Justicia de la Nación, vieron cómo su independencia bicentenaria terminó al ser humillada por el azar de una tómbola propia de una feria pueblerina que no respetó los derechos de su carrera judicial, y sucumbió ante un remedo de desairadas elecciones donde el colmo de los colmos, fue el uso de vergonzosos acordeones.

De ahí la pregunta del título de esta colaboración dirigida al licenciado Francisco García Cárdenas.

¿Qué diría como hombre probo, recto y honesto y sobre todo respetuoso de la ley, que siempre fue ante la situación de un sistema jurídico sujeto a los intereses de un Poder Ejecutivo a nivel nacional y al de los gobernadores en el ámbito estatal, producto de la mente vengativa de un gobernante quien, como muestra de su falta de respeto al Estado de derecho, no tuvo empacho en proclamar entre muchas de sus frases hoy célebres «no me vengan con su cuento de que la ley es la ley»?

¿Qué diría como jurisconsulto eminente, creyente siempre del derecho y sus instituciones, si hubiera sido testigo de lo sucedido el 1 de septiembre pasado, cuando antes que tomaran posesión de sus cargos los integrantes de la actual Suprema Corte de Justicia de la Nación, estos fueron sometidos en pleno zócalo de la CDMX a un ritual de baño de copal e incienso y charlatanería, vestidos no con la clásica toga, signo de respeto y sabiduría, sino con los más variados trajes típicos de una kermés o de florido carnaval?

En respeto a la memoria y virtudes ciudadanas de don Pancho, que lo llevaron a merecer ser inhumado en la Rotonda de los Coahuilenses Distinguidos donde descansa sus fatigas; creo que con estos dos botones de muestra basta, pues de continuar con todos los yerros y desatinos de la llamada Reforma Judicial, que dan ya para dos o tres tomos, la lista de preguntas sería interminable; reforma que en opinión del ministro de la Suprema Corte en retiro, José Ramón Cossío Díaz, en su ensayo de «Crónica de la Reforma Judicial Mexicana del 2024», (Revista Española de Derecho Constitucional, 134, 13-39. Doi: https://doi.org/10.18042/cepc/redc.134.01) no dudó en calificar de infame.

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