Antonio Gramsci, más que vigente en sus premisas

El presente momento histórico es de una gravedad indecible, sus consecuencias pueden ser gravísimas, hagamos de tal modo que se resuelva el mayor número posible de las cuestiones dejadas irresueltas por el pasado y que la humanidad pueda volver a emprender su camino

Antonio Gramsci

Nacido en una provincia de Cagliari en Cerdeña, un 22 de enero de 1891. Antonio Gramsci es considerado como el más grande pensador marxista que haya dedicado el estudio del papel de la cultura y de sus creadores, los intelectuales, en la vida económica y política.

Desde su confinamiento en la cárcel, produjo la mayor parte de su obra —la más importante— y nunca pretendió que sus tratados fueran de carácter sociológico, sino, precisamente culturales e históricos. Ningún otro estudioso, de ninguna ideología, ha aportado lo que Gramsci hizo a la comprensión del rol que la cultura y los intelectuales desempeñan en la vida social en todos los aspectos del mundo moderno. Fue el único entre los marxistas que se ocupó de este tema, y lo fue porque entre los que estudiaron estos fenómenos, ninguno llegó a hallazgos como los que él logró.

Intelectual, filósofo, activista revolucionario y dirigente comunista, también tuvo pasión por contribuir a la libertad de expresión y lo hizo de diversas formas. Por ejemplo, fue fundador del periódico L Unità, periódico oficial del Partido Comunista de Italia. Su capacidad intelectual lo llevó a escribir alrededor de 1700 artículos, hasta que fue detenido por el fascismo en 1926. Mucho de lo que escribió, se ve reflejado en su obra máxima: Cuadernos de la cárcel.

La pluma de Gramsci se centraba principalmente en el compromiso con las luchas sociales y la renovación política y cultural. Como parte de la organización, en sus cuadernos de la cárcel diseñó tácticas de acción para la lucha de clases y proponía rechazar la alienación y el conformismo. Recordemos un poco la obra de Gramsci.

¿Cómo combatir el poder en la vida cotidiana? Gramsci afirmaba que el grupo dominante de una sociedad no necesariamente requiere de la violencia, sino del consenso, lo que se traduce en hegemonía. Esta es la unión –temporal– de la sociedad política (fuerza) y la sociedad civil (cultura). En ese sentido, la dominación se reproduce sin notarse, como un poder invisible que se plasma en prácticas cotidianas, que nos son comunes como la religión, la política, la economía, la cultura… pero, la revolución viene de una nueva clase cuando surgen los intelectuales orgánicos, quienes facilitan las ideas para comprender la realidad y construir una clase contrahegemónica (disputando los espacios cotidianos).

Para cumplir ese objetivo; resulta preciso, que los intelectuales bajen las ideas a todas las personas hasta que sean coherentes y comprendidas por una mayoría, haciéndolas ver como algo de sentido común. De esta manera, se dan las condiciones para crear lo que se conoce como unión contingente que rompe con un ciclo para ver quien tiene el control, convirtiéndose en una disputa por el sentido, explicando de manera diferente términos como pobreza, riqueza y desigualdad. Finalmente, lo anterior solo puede ser posible mediante la lucha de posiciones, donde se deben ir disputando espacios y ganando el apoyo de la sociedad civil.

Las fuerzas productivas de la sociedad, no son solo fuerzas ciegas de la naturaleza, sino más bien inteligencia aplicada, pensamiento organizado y voluntad de querer cambiar la realidad. Mientras el hombre exista, el pensamiento será parte indisoluble de la realidad. El pensamiento es fuerza motriz del materialismo. El empirismo que opera ciegamente, es un sinsentido.

Aguascalientes, 1982. Cursó sus estudios de Licenciatura en Derecho en la Universidad Autónoma de Coahuila, posteriormente hizo sus estudios de maestría en Gobierno y Gestión Pública en la Universidad Complutense de Madrid. Labora en la administración pública estatal desde el año 2005. Es maestro de Teoría Política en la Facultad de Economía de la UA de C desde el año 2009. Ha sido observador electoral de la Organización de los Estados Americanos en misiones para Sudamérica, en la que participa como miembro de observadores para temas electorales.

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