Apostar nada por ganar un todo

La realidad pesa y, en la desesperación, queda la evidencia de querer regresar a una realidad adversa que solo despierta el recuerdo de los pésimos manejos con que el todopoderoso PRI se encargó de tener al país con el pie en el cuello, siendo el verdugo que se disfrazaba de bueno, prometiendo en cada sexenio ser mejor. Alejandro Moreno está acabando y, a su vez, cavando con gran entusiasmo el pozo donde su partido se hunde cada vez más. La estrategia es clara. Vean lo que el Gobierno de oposición está haciendo, pero tápense los ojos sobre lo que nosotros ignoramos, permitimos e hicimos con la nación. Sin poner atención en casos particulares como en cada estado o municipios, las redes sociales y las entrevistas a modo se han convertido en el mayor medio de ventilación donde a diario salen quejas que el tricolor hace y donde las nuevas generaciones se dan cuenta de que el verdugo hoy pide ser considerado el bueno.

Hay una urgencia tremenda por querer dejar de lado el hartazgo que el pueblo tuvo a causa de la deficiencia de Gobiernos holgazanes y corruptos. Por eso hoy todo lo que se haga debe ser cuestionado, señalado porque tiempo atrás no había espacio para ello. Hace unos días, el mismo Alejandro Moreno dijo que para ser callado sería necesario que lo mataran. Deja una vez más al descubierto lo que desde un principio se supo: la muerte de Colosio fue orquestada por su mismo partido. Eso sí es un secreto a voces. Si aplicamos lo dicho hace unas semanas, no hay más vueltas que darle al asunto. Aquí lo interesante es que se busca aprobación externa y ayuda de organismos internacionales para que se den cuenta de lo que sucede en México, como si los males del país hubieran surgido en poco tiempo.

La mancuerna doble M entre Moreno y Moreira es el vivo retrato del viejo régimen que hoy dice «somos los buenos». Entre más se defienden más se hunden. Mientras los dos gobernadores de Coahuila y Durango tienen una posición más reservada con respecto a lo que su dirigente manifiesta y no es por llevar la contraria, es por conservar el poco oxígeno que les queda como el recuerdo de lo que un día fueron.

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