Los cárteles mexicanos han aumentado su presencia en Europa mediante alianzas con mafias locales de la droga, por lo que se han convertido, en peligrosos «actores geopolíticos» que deberían poder enfrentar a la justicia internacional, relata el grupo europeo de expertos en seguridad global, en un reporte solicitado por la Comisión de Relaciones Exteriores del Parlamento Europeo.
Con gran capacidad militar para imponer su ley, los cárteles del narcotráfico «están alterando la estabilidad interna de todo México, y tanto Estados Unidos como los países europeos, consideran al Cártel de Sinaloa y al Cártel Jalisco Nueva Generación como amenazas estratégicas»; advierten analistas del Royal United Services Institute for Defence and Security (RUSI) un centro de estudios con sede en Londres fundado en 1831.
El reporte, relatado en anteriores ediciones de la revista Proceso, se destaca que dichas organizaciones criminales han ampliado sus actividades perniciosas y lascivas, más allá del tráfico de drogas, para abarcar otras actividades que les son rentables. El principal problema es que ninguna organización rinde cuentas ante la justicia internacional.
Ciertamente, en el derecho internacional se tiene una capacidad limitada para clasificar a estos grupos como entidades jurídicas y hacerlos responsables ante los tribunales internacionales. Dicho sea de paso, la Corte Penal Internacional y la Fiscalía Europea se quedan cortas, a pesar de que las actividades de los cárteles y las mafias ocasionan crímenes de lesa humanidad en cuanto a su intención y escala. Es por ello que la RUSI, propone a la Unión Europea (UE) que reconozca a este tipo de organizaciones —no solo las mexicanas— como «actores geopolíticos de alto riesgo para la gobernabilidad y como partes beligerantes en las guerras no convencionales».
De acuerdo con datos del año 2024 de la Agencia de la UE para la Cooperación Policial (Europol), en un bloque de 27 países, operan 821 redes criminales, de las cuales la mitad se dedica por completo o como parte de sus actividades al trasiego de drogas. La mayoría de ellas se mueve entre tres y siete países, aunque las más poderosas están activas en toda la UE. En el caso de los cárteles mexicanos, no actúan directamente en territorio europeo, a donde principalmente trafican cocaína para mafias locales de Italia, España, Países Bajos o las de origen albanés.
La radiografía de la Europol también revela que, de hecho, solo una de cada 10 redes criminales en la Unión Europea incluyen a un ciudadano de un país latinoamericano y los mexicanos no figuran entre los más numerosos, que son los brasileños y colombianos. «El escaso número de redes delictivas con miembros clave de América Latina y el Caribe, indica que los delincuentes de estas regiones no ejercen actualmente una influencia significativa en los mercados delictivos de la UE».
Sin embargo, los cárteles mexicanos han ampliado su venta de droga desde el año 2013 en los países europeos y, a partir de ahí, en Asia y Oceanía, explica el RUSI en el documento entregado al Parlamento Europeo. También los cárteles han logrado entrar en los mercados de drogas sintéticas de todo el mundo, mediante la adquisición de precursores de fentanilo en China y el establecimiento de laboratorios de metanfetamina en los Países Bajos.
La expansión no cede y mientras desaparecen laboratorios por agentes antinarcóticos belgas y holandeses,puede suceder que a los pocos días aparezcan otros lugares de fabricación en Francia o Polonia (por mencionar algunos países mayormente relacionados, de la Unión Europea, en su situación geográfica de cocinas y centros de acopio).
El crecimiento desmedido, ahora se muestra como un desafío mundial con sus extensas redes, que podrían encontrar, pronto vías para suministrar a otras regiones opioides sintéticos peligrosos, advierte la RUSI.
La unión entre cárteles mexicanos y mafias europeas se consolida aún más, mientras que las entidades jurídicas internacionales, por el momento, quedan rebasadas.
