claveles que se ahogan,
gerberas marchitas,
ciempiés genocidas,
y mariposas embriagadas / de lágrimas
cuyo origen
se encuentra
en los pétalos sangrantes
de girasoles tristes / heridos.
álamos y mezquites
que sueñan con suicidarse en
una tarde de abril,
caramuelas involutas
quemando la tierra
sobre la cual
deciden morir /
cardos, vid silvestre,
dahlias y polocotes,
que esperan pacientemente
un alma que les sueñe
para así, no sentirse tan solos
en las noches desérticas
donde hasta Dios, duerme /
gritos del viento a través de
cañones ocultos
donde vive la desesperación
la angustia
el terror,
abismos que conducen a la nada
vacío total /
coyotes que se devoran así mismos,
serpientes que asesinan por placer,
avispas que despedazan tarántulas,
tecolotes que se transforman en brujas/
una cara de luna manchada de sangre,
una golondrina en soledad /
dolor perpetuo,
melancolía punzante,
desesperación maligna,
tristeza infinita;
eso es lo que he visto
y
nada más
nada más
no hay nada más.
