La estructura del Gobierno estatal frente a los programas sociales de la 4T. En las votaciones no solo se jugará el control de la próxima legislatura, con la cual transitará el gobernador la segunda parte de su administración, también pueden incidir en la sucesión de 2029. Los partidos nacionales prueban estrategias
Acción Nacional, en busca de la identidad perdida
Una carta femenina para la sucesión del gobernador
Coahuila está en el escaparate del país y en la agenda de los partidos nacionales por los comicios de junio —únicos en el calendario— para renovar el Congreso. En Tamiahua, Veracruz, se nombrará alcalde en un proceso extraordinario por la anulación del triunfo del Partido Verde (PVEM), el año pasado, cuyo candidato excedió el tope de gastos de campaña. Los partidos ensayarán en Coahuila sus estrategias para las elecciones intermedias de 2027 en las cuales se decidirá el futuro de la Cámara de Diputados, 17 gobiernos estatales, 2 mil 478 ayuntamientos y 30 legislaturas locales. Los coahuilenses podrán evaluar en las urnas el desempeño del gobernador Manolo Jiménez. Ganar la legislatura es clave, pues será la que le acompañe en la segunda mitad de su mandato.
El PRI ha dominado históricamente el Congreso. En 97 años solo dos veces las oposiciones lo han puesto contra pared. En 1996, cuando perdió por primera vez la mayoría; y en 2017, cuando la alianza PAN-UDC lo superó en diputados y además estuvo a punto de ganar la gubernatura. En el primer caso, el Gobierno de Rogelio Montemayor coptó a los partidos minoritarios y pudo transitar la segunda mitad de su gestión sin contratiempos mayores. En la segunda ocasión, el PAN tiró por la borda la oportunidad de investigar la deuda y otros escándalos del moreirato. El grupo parlamentario blanquiazul se sometió al gobernador Miguel Riquelme y actuó de comparsa. Más tarde los electores le pasarían factura.
La composición de la legislatura actual es el resultado de la alianza PRI-PAN-PRD en las elecciones para gobernador de 2023. Visto en retrospectiva, el frente no era necesario. Se formó para acorazar al Gobierno y a su partido frente a un eventual triunfo de Morena, el cual estuvo lejos de ocurrir. El PRI cedió cinco distritos al PAN, dos al PRD y se reservó nueve. La coalición hizo carro completo. Los asientos de representación fueron para Morena (cinco) y el resto para el PRI, Verde, PT y UDC (uno cada uno). La bancada guinda, como la del PAN en la legislatura anterior, también ha sido obsecuente con el gobernador.
«Si la gente sale a votar, la coalición gana».
Ricardo Mejía, diputado del PT
Temas sensibles como el moreirazo son olímpicamente ignorados. Este año el servicio de la deuda absorberá 6 mil 907 millones de pesos, equivalentes casi al 10 % del presupuesto (71 mil 857 mdp). La sangría priva al estado de obras sociales y de infraestructura prioritarias. Los diputados de Morena votaron contra el paquete económico empujados por su lideresa nacional, María Luisa Alcalde, en una visita a Coahuila. La oposición —dijo— no puede votar contra el presupuesto de la presidenta Claudia Sheinbaum «de manera beligerante y luego pensar que en las entidades donde ellos gobiernan nosotros sí tenemos que aprobarles el presupuesto».
Durante la sesión del Congreso respectiva, el diputado Antonio Attolini Murra argumentó: «el paquete no prioriza el bienestar, la inversión productiva ni la justicia social». «Morena dejó constancia (…) de una oposición responsable, técnica y fundada, reiterando que no acompañará paquetes económicos que profundicen desigualdades, aumenten la carga fiscal sobre la ciudadanía y mantengan riesgos de opacidad en el uso de recursos públicos», celebró el periódico El Soberano, adepto de la 4T. El interés es a toda luz electoralista. Sin embargo, es un aviso del tono que Morena asumirá en lo sucesivo. Máxime si en la legislatura que se elegirá el 7 de junio aumenta su bancada.
Una apuesta arriesgada
Las elecciones para gobernador y diputados se diseñaron juntas para asegurarle al PRI la mayoría en el Congreso. Votar por separado a los alcaldes refleja la importancia de gobernar con legislaturas afines. Pueden perderse municipios estratégicos (Saltillo, Torreón, Monclova…), ya ha ocurrido, pero no tantas diputaciones como para poner el riesgo el control político del estado. Los comicios intermedios de legisladores, por su alto abstencionismo, brindan al partido gobernante la ventaja de recuperar distritos perdidos e incluso ganar de todas todas. Enrique Martínez, Humberto Moreira y Miguel Riquelme —único que no tuvo mayoría— empezaron con un Congreso con fuerte presencia opositora, pero tres años después se repusieron.
Este año las elecciones legislativas presentan características para ser unas de las más competidas debido a la recomposición de coaliciones. En 2023 el PRI pudo obtener la gubernatura sin necesidad de aliarse con el PAN. Manolo Jiménez aventajó a Armando Guadiana (Morena) por un margen de 35 puntos porcentuales. La votación de Acción Nacional representó apenas el seis por ciento del total. Sin embargo, frente al avance de Morena en los estados y la influencia del presidente Andrés Manuel, la alianza era necesaria.
El PAN dio por terminada la coalición con el PRI a escala nacional, y en las elecciones para el Congreso del 7 de junio postulará candidatos propios. La decisión es arriesgada, pues podría perder su registro en el estado, pero le abre la oportunidad de reconciliarse con su militancia y sus simpatizantes. Asimismo podría atraer el voto anti-Morena, anti-PRI y el de los sectores que tradicionalmente habían cruzado su logo. En 2017, esa fuerza estuvo a punto de llevar a Guillermo Anaya a la gubernatura. El proceso estuvo plagado de irregularidades y fue impugnado por el PAN y Morena ante el Instituto Nacional Electoral (INE) y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF). Miles de coahuilenses colmaron calles y plazas para exigir nuevas elecciones.
Frente a las dificultades que el PRI puede afrontar para mantener el control de la legislatura y la posibilidad de que el partido de la 4T gane más posiciones, los organismos empresariales, aliados del Gobierno, pidieron al PAN retomar la alianza, lo cual no ocurrió. Los liderazgos que apoyaron la coalición en Coahuila y en la elección presidencial de 2024, admiten que fue un error. Legiones de votantes del PAN, PRI y PRD migraron a Morena. La lideresa panista, Elisa Maldonado, pugnó por la alianza, pero el Comité Ejecutivo Nacional no podía faltar al acuerdo tomado en su última asamblea.
Sin el PAN como compañero en la próxima elección, el PRI formó tándem con Unidad Democrática de Coahuila, cuya votación en 2023 fue marginal (3 %). El PRI es un partido disciplinado y organizado. Su estructura le ha permitido ganar la mayoría de los procesos locales, mas no los federales. Empero, esta vez tampoco contará con uno de los sectores que le aportaban una cuota significativa de votos: el magisterial. El senador Alfonso Cepeda Salas, secretario general del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) y aspirante al Gobierno del estado, movilizará el voto por los candidatos de Morena y el Partido del Trabajo (PT). El PVEM tampoco hizo alianza, lo mismo que el PAN, pero podría jugar con el PRI tras bastidores como suele hacerlo.
Reacomodo de fuerzas
La coalición Morena-PT para las elecciones legislativas del 7 de junio no supone ningún riesgo para el PRI, al menos en el papel. Al Gobierno tampoco debe preocuparle tener al PAN de rival. Los partidos de la 4T alcanzaron su máxima votación en 2023, cuando compitieron por la gubernatura con distintos candidatos. Morena recibió 354 mil papeletas (26 % del total); y el PT, 178 mil (13 %). Es la cifra más alta alcanzada por la organización fundada en 1990, y desde entonces dirigida por Alberto Anaya.
El PT disparó su votación por la ruptura de su alianza con Morena en el estado. La negativa del entonces subsecretario de Seguridad, y actual diputado federal, Ricardo Mejía, a aceptar la nominación de Armando Guadiana, generó un nuevo movimiento. El funcionario renunció a su cargo y se postuló por el PT. El Partido Verde (PVEM), que gravita en la órbita del PRI, le dio la espalda a Guadiana y apoyó al candidato de Unión Democrática de Coahuila (UDC), Lenin Pérez Rivera. Pero ni juntos Morena, PT y PVEM hubieran significado ningún peligro para el PRI, que en unión con el PAN y el PRD captó 741 mil sufragios (57 % de la votación).
Morena y el PT centrarán sus baterías en Coahuila por ser la única entidad que celebrará elecciones este año. María Luisa Alcalde, presidenta del partido guinda, intensifica su presencia en el estado para compensar la falta de liderazgos e insuflar energía en los cuadros locales. En sus giras la acompaña el líder del SNTE, Alfonso Cepeda Salas. El aguerrido senador Gerardo Fernández Noroña reforzará las campañas de los candidatos de la 4T al Congreso. Morena tiene mayoría en 27 legislaturas locales y pretende sumar a la de Coahuila.
Mejía, quien acompañaba al presidente Andrés Manuel López Obrador en las ruedas de prensa de los jueves, ha iniciado una agresiva campaña en sus redes sociales. Incita a los coahuilenses a terminar con la hegemonía de casi 100 años del PRI en el Congreso. «El Tigre», mote adoptado en su campaña para gobernador, insiste en investigar la deuda de 37 mil millones de pesos —contraída durante el moreirato— y acusa un supuesto daño al estado por mantenerlo fuera del programa IMSS-Bienestar. El llamado del político lagunero es a «revolucionar las conciencias».
El Tigre obtuvo 178 mil votos en las elecciones para gobernador de 2023, nivel que el PT jamás había alcanzado. Desafiar a Morena, presentarse como el candidato antisistema y recorrer el estado le permitió crear una estructura cuya capacidad de organización y movilización estará a prueba el 7 de junio. Mejía no ha desistido de su aspiración a ocupar el despacho principal del Palacio de Gobierno. La competencia volverá a ser con Morena. La sucesión estatal se resolverá en 2029, meses antes que la presidencial.
La clave para «echar al PRI del Congreso», dice Mejía, es el enjuiciamiento del Gobierno y la participación. «Si la gente sale a votar», advierte en uno de sus videos, donde todavía aparecía con el brazo izquierdo en un cabestrillo, «la coalición gana». Ese es el quid: abatir el abstencionismo, que procesos solitarios, como el de este año, se dispara hasta al 60 %. La coalición Morena-PT hará suficiente ruido para conseguir el mayor número de asientos en la legislatura. El PT le sumará más votos a Morena que UDC al PRI, cuya maquinaria electoral suele no fallar. La elección de junio promete ser una de las más competidas por los intereses en juego. E4
Acción Nacional, en busca de la identidad perdida
Nueve años después de haber estado en la antesala de la gubernatura y de una serie de malas decisiones, el PAN está de regreso. El desafío es conservar su registro
El PAN bajó los brazos después de que en 2017 estuvo a punto de ganar la gubernatura. El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) ignoró las demandas ciudadanas y de la oposición para anular el proceso por el rebase de gastos de campaña del candidato del PRI, la intromisión del Gobierno del estado y otras irregularidades. La desmoralización cundió dentro y fuera de las filas albiazules. La democracia volvió a ser burlada y la alternancia, pospuesta. Legiones se movilizaron como pocas veces, acusaron fraude, pidieron castigar a los responsables de la megadeuda y poner fin al «moreirato». Nada valió. La maquinaria se impuso.
«Secciones donde tradicionalmente aventajábamos por márgenes holgados, los perdimos; o en el mejor de los casos, los retuvimos con dificultad»
(Jorge Zermeño, exalcalde de Torreón)
No es que la votación del PAN se haya incrementado sustancialmente en 2017. Pues apenas superó en 30 mil sufragios a la obtenida en la elección previa para gobernador: 452 mil contra 422 mil. La explicación es que la ciudadanía castigó al PRI por el endeudamiento ilegal, la inseguridad, el nepotismo y demás excesos. Entre 2011 y 2017, el PRI perdió más de 200 mil votos (pasó de 688 mil a 482 mil), un retroceso de 32 %. La votación del PAN entró en barrena desde entonces, y el PRI se recuperó. En la elección de alcaldes de 2024, Acción Nacional captó apenas el 4.3 % de los votos, muy por debajo del PRI (46 %) y de Morena (35 %).
Una de las peores decisiones del PAN, vista a toro pasado por algunos de sus líderes históricos, fue su alianza con el PRI en 2023, cuando, por primera vez en mucho tiempo, no postuló candidato a gobernador. El panismo se sintió traicionado. «Secciones donde tradicionalmente aventajábamos por márgenes holgados, los perdimos; o en el mejor de los casos, los retuvimos con dificultad», dice Jorge Zermeño, quien más elecciones locales y federales ha ganado. En 2005 compitió sin éxito con Humberto Moreira por la gubernatura. El voto azul emigró mayormente a Morena y en menor medida al PRI.
La crisis del PAN la agravó su presidente nacional, Marko Cortés. Ventilar el contenido del acuerdo con el PRI —hecho sobre las rodillas— sobre las posiciones que recibiría a cambio de apoyar a su candidato, Manolo Jiménez, exhibió al PAN como un partido mercenario. La lista enumera seis diputaciones locales, tres secretarías, el 20 por ciento de las subsecretarías, las oficinas del registro civil y las recaudaciones de rentas. También la dirección de escuelas y universidades, seis notarías y la ratificación de un magistrado. Y como premio de consolación: 13 alcaldías, entre ellas las de Torreón, Monclova, Acuña y Frontera. Cortés se convirtió en el hazmerreír. El presidente López Obrador calificó el pacto de «mafioso».
Acción Nacional pudo haber conservado su alianza con el PRI para las elecciones legislativas de este año, pero ha preferido asumir los costos de decisiones pasadas en un intento de reconquistar a sus bases y simpatizantes, de quienes provenía el mayor número de votos. La apuesta es aventurada, pues lo expone a perder su registro en el estado si no alcanza el 3 % de la votación, pero también puede marcar el principio de su recuperación. El PAN es la segunda fuerza política nacional y por ahora, el único partido de oposición que ha dado señales de vida después del fracaso de 2024, cuando, junto con el PRI y el PRD, perdió la elección presidencial de manera estrepitosa. En Coahuila el PRI depende de la fuerza del gobernador Jiménez. La dirigencia nacional, encabezada por Alejandro Moreno, lo lastra y le resta votos. E4
Una carta femenina para la sucesión del gobernador
Primera mujer en presidir la Junta de Gobierno del Congreso, Luz Elena Morales inició su carrera junto con Jiménez. El mandatario mueve sus piezas y protege a su delfín
Para ser gobernador, antes de la alternancia política, existían varios trampolines: la Cámara de Diputados, el Senado y el gabinete presidencial. Hoy lo son, principalmente, las alcaldías. De ellas saltaron Humberto Moreira, Miguel Riquelme y Manolo Jiménez. Los dos últimos ocuparon antes un escaño en el Congreso del estado. La legislatura actual es casi paritaria (12 mujeres/13 hombres) y por primera vez la Junta de Gobierno la dirige una diputada: Luz Elena Morales, quien, junto con Jiménez, formó parte del ayuntamiento de Saltillo (2010-2013) presidido por Jericó Abramo Masso.
La primera legislatura local mayormente femenina fue la LXI, de 14-25. Para llegar a ese punto debieron vencerse resistencias de un sistema político patriarcal. La paridad de género adquirió rango constitucional con la reforma electoral de 2014, que obligó a los partidos a integrar las listas de candidatos bajo la fórmula de 50-50. El primer congreso federal paritario correspondió a la LXIV Legislatura (2018-2021). Las enmiendas de 2019 profundizaron los avances en favor de la mujer bajo el principio de paridad en todo: ya no solo en los congresos, sino en la totalidad de los cargos de elección popular (alcaldías, ayuntamientos, gubernaturas). También en el Poder Judicial y en los gabinetes federal y locales. Sin esa reforma, hoy no habría 13 gobernadoras. Solo faltan tres para lograr la paridad.
En un análisis sobre la LXI legislatura de Coahuila, Juana Isabel Vera y Hada Melissa Sáenz señalan: «Los grupos parlamentarios del PAN y el PRI tienen mayor trayectoria política con respecto a los otros partidos, destacando las mujeres de este último». Sin embargo, advierten al apoyar «a un grupo de mujeres con más experiencia», los partidos «han dejado de motivar la creación de nuevos cuadros (…), necesarios para incentivar la participación política» (La paridad, una realidad aún por construir en los congresos locales de México/INE, 2022).
El estudio centra su atención en las 32 legislaturas estatales en el periodo 2018-2019. Lorenzo Córdova, entonces presidente del INE, dice, en el preámbulo, que «la representación sustantivas se dará cuando las mujeres legislen en todos los temas y no solo en los sensibles; cuando los hombres se involucren en temas de género y se introduzca de manera transversal dicha perspectiva en la agenda legislativa». La Red de Investigación sobre Mujeres en la Política, observa que «a pesar de que se ha establecido legalmente la paridad electoral en los congresos locales (…), aún no podemos hablar de una representación sustantiva al interior de ellos, ya que aunque los partidos políticos postulan mujeres más jóvenes, con mayor escolaridad y amplia trayectoria (…), ellas no acceden a puestos claves (…) ni comisiones estratégicas. (…), además, persisten conductas culturales de discriminación, prácticas de violencia política y trato diferenciado entre diputados y diputadas».
La mayoría de las resistencia se han vencido en mayor o menor grado según el estado. A escala federal, el Senado lo preside Laura Itzel Castillo (Morena), y la Cámara de Diputados, Kenia López Rabadán (PAN). En Coahuila, Luz Elena Morales ha adquirido visibilidad como presidenta de la Junta de Gobierno del Congreso y ocupa un lugar en el tablero de Jiménez para la sucesión de 2029. El gobernador moverá todas las piezas para proteger a su delfín. La prioridad inmediata consiste es conservar la mayoría en la legislatura. E4
