Coahuila en el universo de Morena; Jiménez mueve el tablero sucesorio

El objetivo del partido de la presidenta Sheinbaum es claro: ganar Coahuila en 2029. El exalcalde de Saltillo no es el único aspirante del PRI, pero sí el que más elecciones ha conseguido. El mandatario local tiene en sus manos la decisión política más relevante de su carrera; sabe que un candidato competitivo no se improvisa

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En el macrocosmos de Morena existe un micro que lo imita. El primero es el de la presidenta Claudia Sheinbaum y el segundo el del gobernador Manolo Jiménez. La mandataria tiene mayoría calificada en el Congreso, situación que no ocurría desde 1982, con Miguel de la Madrid. Morena encabeza 24 estados, y junto con el PT y el Partido Verde controla 27 legislaturas locales. En Coahuila el PRI domina el Congreso y la mayoría de las alcaldías, entre ellas las de Saltillo y Torreón, donde se concentra la mitad de la población del estado. El Tribunal Superior de Justicia también gira en la órbita del gobernador, al igual que los organismos autónomos.

Los partidos de oposición han hecho poco, o nada, para levantarse de las derrotas abrumadoras infligidas por Morena en 2018 y 2024. La 4T, iniciada por Andrés Manuel López Obrados y consolidada por la presidenta Sheinbaum, ha puesto límites a los grupos de interés que antes incidían en las decisiones del Gobierno federal, cuando no las imponían. Perdieron influencia, derecho de picaporte y privilegios fiscales. «La gran mayoría de los empresarios, pequeños, medianos, grandes, han entendido que estamos en un nuevo momento en el país y que es importante seguir contribuyendo y contribuir bien (…), lo que establece la ley, ni más ni menos», dijo recientemente la presidenta.

En ese marco, el Sistema de Administración Tributaria (SAT) requirió a Ricardo Salinas Pliego (Grupo Salinas) el pago de 51 mil millones de pesos —ordenado por la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN)— por adeudos del Impuesto Sobre la Renta (ISR) de los ejercicios comprendidos entre 2008 y 2013. Salinas se acogió al Código Fiscal de la Federación y obtuvo una reducción del 37%, lo cual redujo la deuda a 32 mil 132 mdp. El primer pago fue por 10 mil 400 mdp, y el resto se cubrirá en los próximos 18 meses.

El caso se había eternizado

El caso se eternizó en la SCJN hasta que los ministros propuestos por los expresidentes Vicente Fox, Felipe Calderón y Peña Nieto fueron sustituidos en la elección judicial del año pasado. El Tribunal Constitucional fue influido durante mucho tiempo por los poderes fácticos. La presidenta Sheinbaum mantiene separado el poder político del económico. López Obrador declaró en su toma de posesión que ese sería uno de los «distintivos» de la 4T para que el Gobierno dejara de fungir como «un comité al servicio de una minoría rapaz».

Bajo ese criterio, Alonso Ancira Elizondo, cuyo cacicazgo económico y político en el estado duró décadas, perdió el control de Altos Hornos de México (AHMSA). La privatización de la paraestatal, en el Gobierno de Salinas de Gortari, fue «sinónimo de corrupción», denunció AMLO. La deuda de AHMSA con el Gobierno del Estado por concepto de Impuesto Sobre Nóminas (ISN) permanece oculta, pero asciende a varios miles de millones de pesos. La administración necesita recursos para afrontar compromisos esenciales, pues la megadeuda limita su capacidad financiera y le impide emprender proyectos sociales y de infraestructura.

Entre el macrocosmos nacional y el microcosmos de Coahuila existen diferencias abismales. Claudia Sheinbaum profundiza los cambios de un movimiento reformista avalado en las urnas. Manolo Jiménez, cuyo Gobierno «no es de izquierda ni de derecha, sino de centro», dice en sus discursos, carga con las siglas de un partido decadente y el lastre de la deuda. Sheinbaum y el obradorismo van de la mano. El moreirismo ya no existe. Jiménez es un gobernador de transición y depende de él —sólo de él— cómo trascenderá.

Harfuch, el delfín

Las sucesiones se planean con tiempo, sean presidenciales o del gobernador. Cuando la decisión la tomaba el presidente de turno, todo el mundo se alineaba, así fuera de dientes afuera. La disciplina raras veces se rompía, y quienes se apartaban de ella para enfrentar por otras vías al sistema, por muy populares que fueran, casi siempre fracasaban. Por no tener un delfín claro y visible, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto improvisaron y perdieron. Juan Camilo Mouriño era el preferido de Calderón, pero murió en un accidente aéreo nunca aclarado. Se especuló que detrás del avionazo estuvo el narco. El favorito de Peña era Luis Videgaray, pero la invitación a Donald Trump a Los Pinos y los escándalos de corrupción lo eliminaron de la carrera. José Antonio Meade pagó los platos rotos por su alejamiento del PRI y su cercanía con Videgaray.

Andrés Manuel López Obrador apuntó hacia Claudia Sheinbaum con suficiente tiempo. «Es ella», dijo el 30 de septiembre de 2021 en una gira por Ciudad de México. Para que no quedaran dudas, el presidente levantó el brazo a la jefa del Gobierno capitalino. Sheinbaum garantizaba el legado del caudillo más que los otros aspirantes y el «segundo piso» de la 4T. A diferencia de sus predecesores, AMLO era un jefe de Estado fuerte y aprobado por la mayoría, situación que le permitió decidir la sucesión sin consultas, interferencias ni divisiones dentro de su movimiento.

Sin trabajo, propuestas, figuras de peso ni diferencias programáticas e ideológicas mayores entre sí, el PRI, PAN y PRD le hicieron el juego al presidente y se sacaron de la manga a Xóchitl Gálvez —destapada por AMLO previamente— para liderar su alianza. Los poderes fácticos y un grupo de escritores, entre ellos Enrique Krauze y Héctor Aguilar Camín, promovieron la coalición de los adversarios de antaño como la única manera para frenar la «deriva autoritaria» del régimen. El frente Va por México se formó bajo esa bandera, y la organización Sí por México, de Claudio X. González, sirvió de puente.

El fenómeno Xóchitl Gálvez duró lo que un suspiro. Rehén de las cúpulas partidistas y contaminada por algunos de sus cuadros, la candidata opositora generó más dudas que certezas. Sheinbaum obtuvo 35.9 millones de votos, más del doble de los emitidos por Gálvez, y seis millones por encima de los que Morena, PT y Verde recibieron en 2018. El proyecto sucesorio de AMLO funcionó cual máquina de relojería. La 4T no solo ganó la presidencia y redujo a las oposiciones a su mínima expresión, también alcanzó la mayoría calificada en el Congreso y el Senado.

La clave de la victoria fueron los programas sociales, la cercanía del Gobierno con el pueblo y la confianza mayoritaria en el proyecto. También contribuyeron el manejo de la sucesión, por parte de AMLO, y el liderazgo de Sheinbaum. El futuro favorito debe brindar resultados en la posición que ocupe, no ser piedra de escándalo y probar su lealtad y compromiso con la 4T. Nada que no ocurra en otros países. Sheinbaum calcula cada paso y los efectos de cada movimiento. En el escenario sucesorio y en la circunstancia actual, Omar Harfuch, secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, colaborador de las máximas confianzas de la presidenta, parece ser la opción. Sheinbaum jamás le alzará el brazo y dirá: «¡Es él!». Su estilo es otro y la forma de expresarlo, sutil.

La ruta del poder

La clase política tiene olfato y el 19 de enero, guiada por esa intuición o por conocimiento previo, acudió en masa al primer informe del diputado Jericó Abramo Masso. El acto se desarrolló en el Biblioparque Norte, construido cuando fue alcalde de Saltillo en los terrenos de la antigua Zincamex, símbolo, en su tiempo, de progreso por sus altas chimeneas y la contaminación que generaba. La asistencia del «primer priista de Coahuila», Manolo Jiménez Salinas, explica la elevada concurrencia y el toque futurista de la ceremonia.

Aunque en estricto rigor no se trataba de un acto partidista, pareció el ensayo del banderazo de salida de la sucesión en cierne. Asistieron dos de los cuatro exgobernadores: Enrique Martínez y Rubén Moreira. El primero recibió una mejor acogida. Rogelio Montemayor renunció al PRI por la mascarada para imponer a un porro (Alejandro Moreno) y a su pandilla en una organización que, en mejores manos, aún estaría viva. Humberto Moreira fue expulsado del partido que presidió por 11 meses, después de haber dejado la gubernatura. El ambiente era de fiesta… de predestape, por las circunstancias y porque en el tercer año de Gobierno es cuando el primer priista empieza a acomodar el tablero sucesorio.

Los gobernadores empezaron a nombrar sucesor cuando la alternancia política hizo perder a los presidentes esa prerrogativa. La oposición del priismo local al centralismo y la migración de cuadros al PRD, como Ricardo Monreal, quien, bajo las siglas del partido encabezado entonces por Andrés Manuel López Obrador, ganó la gubernatura de Zacatecas, ayudaron a cambiar el escenario en los estados. Humberto Moreira formaba parte de la baraja de Enrique Martínez, pero no era el único; había otros con mayor trayectoria y mejor calificados. Sin embargo, en una comida multitudinaria en Parras por su cumpleaños, a la que asistió Martínez, se destapó y los demás aspirantes quedaron en el limbo.

El destape de Rubén Moreira ocurrió también en una comida que el alcalde interino de Saltillo, Jorge Torres López, le ofreció para celebrar su cumpleaños. Seis años más tarde, un banquete en el Parque España de Torreón, por el aniversario del presidente municipal, Miguel Riquelme, fue el marco para anunciar su unción como sucesor de Moreira II. A Manolo Jiménez no fue en una comida desde donde se le abrieron las puerta del Palacio de Gobierno, sino en su toma de posesión como alcalde de la capital por un año; después sería reelecto. Riquelme estaba en deuda con él por los votos que le aportó para revertir un resultado adverso frente al panista Guillermo Anaya. Jiménez arropó al lagunero y lo integró a su círculo de amigos y empresarios.

En su intervención en el informe de Abramo, el gobernador habló de una alianza con el diputado —de quien fue regidor en el ayuntamiento—, reconoció su trabajo en la Cámara Baja y de los recursos que ha gestionado para Coahuila. En primera fila observaba un invitado especial: José Antonio Meade, quien, de haber ganado la presidencia en 2018, el gobernador del estado quizá sería Jericó. Frente al estrado, donde el legislador caminaba de un lado a otro, dueño de la situación y con la experiencia de bregar en la política durante décadas, otros aspirantes a la gubernatura cavilaban sobre el momento actual y su futuro. Nada, por supuesto, está todavía escrito, pero las señales se repiten. Un día después del informe, el gobernador Jiménez puso en marcha el Programa Alimentario, acompañado de Abramo. E4


Disciplina y resiliencia, claves para navegar en la política

Cuando la estrella política de Jericó Abramo parecía apagada, el tres veces legislador resurge con fuerza. El PRI, que lo sacrificó, lo valora. ¿Tarde?

Ninguna candidatura ganadora se construye solo con voluntarismo. Para ello se necesita tiempo, disciplina y trabajo. Jericó Abramo reúne tales requisitos. Es el aspirante que más suela, sudor y saliva ha gastado para ser candidato al Gobierno. También se le han regateado ascensos y ha sido utilizado como moneda de cambio. En 2018 y 2024 la nominación del saltillense para el Senado se daba por segura, pero al final fue relegado. En el primer caso se le retiró como cabeza de fórmula para imponer en su lugar a Verónica Martínez; y en el segundo, para nombrar al exgobernador Miguel Riquelme. Martínez y Riquelme perdieron frente a Armando Guadiana y Luis Fernando Salazar, pero recibieron el escaño de primera minoría.

Abramo compitió con Miguel Riquelme y Manolo Jiménez por la candidatura al Gobierno. Recorrió el estado, se reunió con líderes sociales y políticos y denunció el uso faccioso del poder para cerrarle el paso. Rubén Moreira —uno de los asistentes a su informe legislativo— lo habría amenazado para que abandonara la carrera. Entonces sopesó postularse por otras siglas, pero no dio ese paso. Renunciar implicaba riesgos. Morena y el PAN no le ofrecían garantías suficientes ni sus liderazgos cederían sus puestos a un recién llegado. Le buscaron porque representaba votos. El PRI le abrió espacios, que aceptó, para evitar una fractura, pero no la alcaldía (por segunda vez) ni la presidencia del Congreso local que pretendía.

Abramo ha sido diputado federal en tres ocasiones. Todas por voto directo. Las de representación proporcional no ofrecen riesgos. Tres campañas más las realizó como candidato a regidor, presidente municipal y senador. La estrella de Abramo parecía haberse apagado a consecuencia del desgaste, las indecisiones y el abandono de luchas que ofreció librar hasta sus últimas consecuencias. Sin embargo, algo sucedió en los últimos meses. De pronto empezó a ocupar presidiums en ceremonias encabezadas por el gobernador Jiménez y a acompañarlo en giras.

Pero nada comparado con el informe de Abramo, el 19 de enero. La presencia del gobernador encendió las luces de la sucesión. Jiménez pudo haber ido y punto. Empero, el escenario y la audiencia le dieron otro significado. No solo acudieron la clase política y las élites locales, sino también empresarios de La Laguna y otras regiones del estado, diputados y alcaldes. Imposible ignorar el mensaje. Después de la ceremonia en el Biblioparque Norte, Abramo concedió entrevistas en radio y televisión. Los espacios que antes denunció cerrados, se abrieron, y las columnas que en otro tiempo se usaron para atacarlo, esta vez le dieron la bienvenida con elogios.

La sucesión del gobernador está lejos de haber sido resuelta, pero ya se han dado los primeros pasos. Abramo forma parte del rompecabezas. Hay otros aspirantes; ninguno, ciertamente, con su trayectoria, pero sí cerca del gobernador Jiménez. La prueba máxima del ejecutivo será la sucesión. Él toma el pulso de la entidad. Como «primer priista» le corresponde atemperar los ímpetus de su equipo, mantener la unidad y prever deslealtades. Sabe que la elección del 29 será la más compleja, pues Coahuila ha estado en la mira de Morena desde 2017. Las divisiones y la falta de líderes en el partido de la 4T han favorecido al PRI, pero no siempre será así. La presidenta del partido guinda, María Luisa Alcalde, viene por Coahuila. E4


El SNTE se pinta de guinda y Cepeda gana puntos con CS

El líder del sindicato magisterial se pone a la cabeza de los aspirantes de Morena a la gubernatura. Hace gira por Coahuila con María Luisa Alcalde

En Morena hay fila para la candidatura al Gobierno del estado, la del PRI es menos numerosa y la del PAN aún no empieza a formarse. Alfonso Cepeda Salas, senador y secretario general del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), tiene una ventaja sobre el resto de los aspirantes: su aparente cercanía con la presidenta Claudia Sheinbaum. El gremio ha nutrido las filas del partido gobernante con 1 millón 250 profesores (medio SNTE), y «aún hay muchos más». Así lo informó Cepeda a María Luisa Alcalde, dirigente de Morena, en Piedras Negras, al término de una gira por Coahuila, el mes pasado, que incluyó La Laguna, Saltillo, Monclova, Sabinas y Acuña.

Luis Fernando Salazar y Cecilia Guadiana, también senadores, forman parte de la nómina de pretendientes de Morena a la gubernatura. El diputado federal Ricardo Mejía, quien obtuvo la tercera votación más alta en las elecciones de 2023 por el Partido del Trabajo (PT), volverá a intentarlo. Sin embargo, una alianza entre Morena, PT y PVEM en Coahuila lo dejaría fuera de la competencia. A menos que las circunstancias —la sucesión del gobernador será en 2029 y ese mismo año se decidirá la candidatura presidencial— y las encuestas determinen otra cosa. El PT no ha ocupado por ahora una sola gubernatura; y el Verde, en alianza con Morena, tiene la de San Luis Potosí.

Morena cuenta con perfiles experimentados en reserva como Javier Guerrero, candidato independiente a la gubernatura en 2017. El director de Operación y Evaluación del IMSS ha sido alcalde de San Pedro, cuatro veces diputado federal de mayoría relativa, secretario de Finanzas y subsecretario de Desarrollo Social. La controvertida exalcaldesa de Múzquiz, Tania Flores (una especie de Layda Sansores), no aparece en la lista, pero podría convertirse en una piedra en el zapato para el PRI. Para Manolo Jiménez, ya lo es. Flores y un grupo de simpatizantes protestaron en la Plaza de Armas el 6 de enero, mientras el gobernador presidía la ceremonia del Día de Reyes. La exalcaldesa publicó en sus redes el video de una mujer que la empuja entre gritos de «¡fuera!, ¡fuera!».

En las sucesiones de 2017 y 2023, la candidatura de Armando Guadiana la decidió Andrés Manuel López Obrador por razones afectivas. El empresario acompañó al tabasqueño en las campañas presidenciales de 2012 y 2018. La derrota de Guadiana en las elecciones para la alcaldía de Saltillo, en 2021, anticipó el resultado de 2023. En ese contexto apareció Ricardo Mejía, el subsecretario de Seguridad y Protección Ciudadana a quien AMLO ponderaba en sus conferencias mañaneras. Llegado el momento de elegir, el presidente optó por su compañero de batallas. Mejía renunció y se postuló por el PT. Claudia Sheinbaum declaró que esa decisión afectó a Morena. En parte fue así, pero no de manera determinante, pues Jiménez ganó por un margen de 35 puntos porcentuales.

Para acercarse al objetivo de ganar Coahuila en 2029, Morena necesita evitar los errores cometidos en la sucesión previa. El primero consistió en presentar un candidato débil a quien los aspirantes que no alcanzaron la nominación abandonaron. Guadiana, además, estaba enfermo. Murió el 26 de diciembre de 2023, seis meses después de las elecciones. Morena tampoco contaba, como ahora, con liderazgos sólidos ni con una estructura eficaz. La fractura de la alianza con el PT y la postulación de Mejía dividieron el voto. Si AMLO, en algunos casos, era movido por las emociones, la presidenta Sheinbaum decide bajo otros criterios y no da paso en falso. E4

Torreón, 1955. Se inició en los talleres de La Opinión y después recorrió el escalafón en la redacción del mismo diario. Corresponsal de Televisa y del periódico Uno más Uno (1974-81). Dirigió el programa “Última hora” en el Canal 2 de Torreón. Director del diario Noticias (1983-1988). De 1988 a 1993 fue director de Comunicación Social del gobierno del estado. Cofundador del catorcenario Espacio 4, en 1995. Ha publicado en Vanguardia y El Sol del Norte de Saltillo, La Opinión Milenio y Zócalo; y participa en el Canal 9 y en el Grupo Radio Estéreo Mayrán de Torreón. Es director de Espacio 4 desde 1998.

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