El año 2026 será un año complicado, difícil y de alto riesgo para los bosques y serranías en México por los pronósticos de altas temperaturas y sequía extrema, debido a la ausencia de precipitaciones pluviales. Por ello, la voluntad e interés de autoridades y sociedad en conjunto se deben observar en presupuestos y apoyos para las brigadas de combate al fuego forestal.
En Coahuila, como no había sucedido en los últimos 30 años, se observa un verdadero interés de las autoridades estatales, que convocaron a las municipales y que se fortalece con el respaldo de la sociedad integrada en patronatos y con dueños de predios, a quienes verdaderamente les preocupa la situación que se va a vivir.
El mejor ejemplo es la participación del organismo ciudadano «Amigos de la Sierra» y la tribu kikapú, quienes hicieron donaciones importantes para fortalecer el trabajo de las brigadas que acudirán a atender los siniestros.
Tres helicópteros disponibles para combate y transportación de combatientes, más de 50 vehículos especializados para las labores en la sierra y el bosque y un mejor equipamiento son la esperanza para hacer frente a fenómenos que por momentos pueden salirse del control del ser humano.
La participación y apoyo de la Secretaría de la Defensa Nacional será fundamental en este esfuerzo para evitar afectaciones severas al ecosistema forestal de zonas privilegiadas en la entidad.
Es cierto, ya cuando hay soldados en combate contra el fuego forestal la situación es delicada y se requiere del aumento en número de personas para tratar de sofocar la lumbre.
Para las autoridades y combatientes hoy la estrategia es clara y ya probada por lo menos en los últimos dos años: atención inmediata, oportuna y lo más rápido posible de los reportes que inician como conatos y que, precisamente, al atacarlos con rapidez puede evitar que se conviertan en grandes incendios que incluso se pueden salir de control.
Otro de los riesgos latentes es la presencia de personas con problemas de salud mental, consumo de sustancias o bien indigentes que ya provocaron igniciones que dejaron como consecuencia grandes superficies siniestradas.
A los ciudadanos nos corresponde ahora unirnos a este esfuerzo y evitar a toda costa que otras personas prendan fuego en zonas forestales donde el riesgo es alto y las consecuencias serían irreparables.
Está prohibido encender fuego para cualquier actividad en zonas serranas y boscosas y la autoridad tiene que aplicar las multas y sanciones ya establecidas en la ley para quienes pierden la conciencia sobre los riesgos de encender cualquier tipo de fuego en el monte.
El panorama apunta a un año muy difícil, pero ojalá la situación pueda cambiar y el pronóstico meteorológico cambie con la presencia de lluvias y que las temperaturas no sean tan altas como se espera y, como dicen mis buenos amigos los amarillos, los verdaderos héroes de este tema: «agüita de mar para no trabajar».
