Comer como mexicanos

La nueva pirámide nutricional de Estados Unidos desata críticas por promover carne y lácteos. México, por su parte, defiende la dieta de la milpa, alimentos reales y sostenibilidad ambiental frente a los riesgos para la salud

La nueva pirámide nutricional en los Estados Unidos, que aconseja el consumo habitual de carne roja, mantequilla y leche entera, ha generado polémica desde su publicación en enero de 2026.

Las críticas hacia las guías alimentarias estadounidenses 2025-2030 no solo se enfocan en el alto consumo de proteínas animales como la carne roja, con el consecuente impacto en la salud cardiovascular, sino también a su representación visual confusa e ignorar el impacto ambiental.

México cuenta con sus propias guías alimentarias actualizadas que recogen la evidencia científica más reciente, pero fue inevitable que nutriólogos del país participaran del debate como si esas directrices, ataja Simón Barquera, presidente de la Federación Mundial de Obesidad, fueran aplicables a nuestra población.

El médico, sin embargo, encuentra coincidencias entre las guías alimentarias mexicanas y las estadounidenses.

Por ejemplo, ambas desaconsejan el consumo de ultraprocesados, azúcares refinados y alimentos industrializados que contienen ingredientes inexistentes en la dieta habitual como los colorantes.

Las Guías Alimentarias Saludables y Sostenibles para la Población Mexicana 2025-2030 recomiendan evitar el consumo de embutidos, enlatados, frituras, galletas, pan dulce, cereales de caja y bebidas endulzadas, ya que contienen muchas grasas saturadas, sal y azúcar.

Coinciden las guías en acercar más a la población al consumo de alimentos reales, es decir, aquellos que están mínimamente procesados (lavar, cortar, cocinar, fermentar o congelar) o no procesados.

En el caso de las guías alimentarias mexicanas están basadas en la «dieta de la milpa», un modelo de alimentación que incluye maíz, frijol, calabaza y chile como elementos centrales.

«(Son) los alimentos que tenemos en México, que son muy adecuados, saludables».

»Es una dieta muy parecida a la mediterránea: tenemos grasas saludables como el aguacate, muchos vegetales, tenemos el frijol que aporta proteínas, maíz, tenemos fibra, muchos frutos de temporada», expone Barquera.

Las nuevas directrices estadounidenses incrementan la recomendación de proteína de 1.2 a 1.6 gramos por kilogramo de peso al día para prevenir la pérdida de masa muscular, en lugar del mínimo antes establecido de 0.8 gramos por kilo diarios.

«Tenemos porciones de proteína, pero no en esas cantidades», explica el médico que dirige el Centro de Investigación en Nutrición y Salud (CINyS) del Instituto Nacional de Salud Pública.

Las guías mexicanas recomiendan comer menos carne de res y evitar las carnes procesadas como los embutidos, entre ellos, el jamón, la salchicha y la mortadela. Al haber sido curadas, ahumadas o saladas tienen un alto contenido de sal. Los nitritos y nitratos que contienen son sustancias que posiblemente pueden causar cáncer.

«Aunque la carne de res es una buena fuente de nutrientes», se explica en las guías, «la población adulta no necesita consumirla todos los días, ni en grandes cantidades, ni siquiera los varones o quienes hacen trabajo físico pesado» como se cree.

Las carnes rojas como res, cordero y cabra tienen compuestos que pueden causar cáncer, en especial cuando son cocidas directamente sobre fuego ya sea como carne asada o a la parrilla, «lo que contribuye a la formación y acumulación de dichos compuestos».

«Hay alimentos que la misma Agencia Internacional de Cáncer ha reconocido como cancerígenos en un muy alto nivel como las carnes rojas», remarca Barquera.

Disminuir el consumo de carne de res y carnes procesadas protege contra cáncer de colon y recto.

«La Agencia Internacional de Cáncer ha reconocido las carnes rojas como cancerígenas en un nivel muy alto», resalta Barquera.

Además, refieren las guías alimentarias, la carne de res tiene un «alto contenido de grasas saturadas, que no son beneficiosas para la salud y se asocian con enfermedades cardiovasculares».

Barquera advierte también sobre el impacto ambiental negativo de la producción de carne de res que es la que más emite gases de efecto invernadero y provoca la pérdida de bosques, selvas y pastizales para convertirlos en campos agrícolas y ganaderos.

«Mantener una producción de lácteos tan alta y de carne requiere una cantidad gigantesca de recursos, de agua, de tierra y de granos. Se debe tener a mucho ganado produciendo esta leche y esto no es sostenible».

«Si a nivel de un país se hace una recomendación de que este consumo aumente, pues es preocupante. Estamos en un momento de la historia en donde no podemos pensar en los humanos como entes aislados de lo que está pasando con el ambiente, tenemos que cooperar», alerta.

Consultado acerca del consumo del salmón, preferido por quienes intentan seguir una dieta mediterránea, plantea que tampoco es sostenible porque implica la pesca y traslado desde otros puntos del planeta.

Sugiere como opciones los pescados grasos como sardina, atún, pargo, y macarela (caballa), entre otros.

La recomendación es consumir frijoles, lentejas y cantidades moderadas de huevo, pollo, pescado y lácteos.

La dieta de la milpa sí contempla el impacto ambiental de los patrones alimentarios y propone el consumo de alimentos que se pueden producir de manera local, lo que ayuda a ahorrar recursos y a no gastar en transporte o energía.

«Se realizaron análisis en el Instituto Nacional de Salud Pública para evaluar el impacto ambiental de cada recomendación», enfatiza Barquera.

La controversia en EE. UU.

El 7 de enero de este año, el Gobierno de Trump actualizó sus recomendaciones alimentarias. Reemplazó la visualización de My Plate con una pirámide alimentaria rediseñada. Algunas de las críticas:

  • Muchas de las recomendaciones revierten enfoques previos, dando más peso a carnes y lácteos enteros, mientras mantienen límites tradicionales para grasas saturadas, lo que genera contradicciones en el mensaje nutricional.
  • Algunos críticos señalan que las nuevas directrices favorecen a sectores como la industria cárnica y láctea, lo cual ha generado debate entre nutricionistas y profesionales de salud pública.
  • Aunque la guía nombra explícitamente alimentos altamente procesados como menos saludables, no ofrece definiciones completamente claras de categorías procesadas contra ultraprocesadas, lo que complica su aplicación práctica.
  • Dietistas y científicos han expresado que el enfoque visual de la nueva pirámide puede enviar mensajes ambiguos, por ejemplo, combinando alimentos ricos en grasas saturadas con frutas y verduras en la parte más recomendada, lo que contradice la evidencia convencional de salud cardiovascular.

A tomar en cuenta

Las Guías Alimentarias, desarrolladas bajo coordinación del INSP, incluyen estas recomendaciones:

  1. Durante los primeros seis meses de vida, los bebés necesitan solo leche materna, después, complementarla con alimentos nutritivos y variados, hasta por lo menos los dos años.
  2. Más verduras y frutas frescas, sobre todos las de temporada, que son más económicas y, cuando sea posible, las de producción local.
  3. Consumir diariamente más leguminosas: frijoles, lentejas, habas o garbanzos. Contienen proteínas y fibra, son prácticos y económicos.
  4. Elegir cereales integrales o de granos enteros como tortillas de maíz, avena, arroz; o tubérculos como la papa.
  5. Comer menos carne de res y evitar las carnes procesadas. En su lugar, consumir más frijoles, lentejas y cantidades moderadas de huevo, pollo, pescado y productos lácteos.
  6. Evitar el consumo de alimentos ultraprocesados como embutidos, enlatados, frituras, galletas, pan dulce, cereales de caja y bebidas endulzadas, ya que en su mayoría contienen muchas grasas saturadas, sal y azúcar.
  7. Tomar agua natural a lo largo del día y con todas las comidas, en lugar de bebidas azucaradas como refrescos, jugos, aguas preparadas con sobres en polvo y bebidas deportivas.
  8. Evitar el consumo de alcohol, por el bienestar físico, mental y familiar.

Hacer más actividad física como caminar, correr o bailar, en lugar de pasar tiempo sentados o frente a la pantalla.

Disfrutar de los alimentos en familia o con amigos.

Reforma. (01 febrero 2026)

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