Comparación del pensamiento de Tomás de Aquino y Adam Smith

Virtudes cristianas, justicia social, relación entre moral y economía, interés propio y aportes de Aquino y Smith revelan cómo ética y mercado moldean comportamiento humano y organización social moderna actual

Parangón de la visión del ser humano

II/III

Ética en la filosofía de Aquino

En la tradición filosófica cristiana, fue Santo Tomas de Aquino quien sentó las bases para la ética al formular un conjunto de virtudes de tradición griega, acomodándolas al mensaje evangélico y a la visión cristiana del hombre. En su filosofía teológica, y partiendo de la idea aristotélica del hombre como un ser social, descubrió las virtudes teologales y morales: la fe, la esperanza, la caridad, la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza. Especialmente, para su filosofía económica, la virtud más importante era la justicia, cuya finalidad era ayudar a la mutua convivencia de los hombres. En la sociedad no cabe la injusticia, pues aquella destruiría el tejido social e impediría la realización de los hombres en comunidad. El primer y más elemental acto de justicia es respetar la propiedad privada de los demás. En efecto, la función del Estado era dar al pueblo la posibilidad de realizarse y conseguir su propio bien en comunidad.

A pesar de eso, el interés económico era la causa última del comportamiento humano y hacía que el hombre se lanzase al mercado para actuar con otros hombres, y así obtener riqueza y bienes para poder vivir. La moral iba reñida con el miedo, y el estado de temor brotaba de la pobreza y la carencia de bienes suficientes para vivir. De esta manera, para la filosofía griega y tomista, la moral y la economía están relacionadas.

Virtudes teologales

Las virtudes teologales son aquellas otorgadas al hombre por parte de Dios, con el único objetivo de permitir al hombre acercarse a su Creador de la mejor forma posible, de ahí su nombre. De hecho, la característica fundamental de estas virtudes es que orientan inmediatamente al hombre hacia Dios, son cualidades que viven en el hombre y permiten que este se relacione de forma adecuada con Dios. Las tres virtudes teologales son la fe, la esperanza y la caridad —o amor—. La fe es el fundamento para las demás, ya que verifican lo que no vemos y sostienen la esperanza fundada en la razón, así como la irracionalidad con respecto a la dignidad del hombre, origen y fin. La esperanza es un medio para caminar hacia Dios. Sin embargo, no se puede ir hacia Dios sin la caridad, que es el amor hacia él y hacia todos los hombres. De ahí que San Pablo sostenga que «la caridad es el mayor en la existencia humana, porque sin amor nada es posible».

El amor, en consecuencia, es la razón fundamental de la integración social, y sin ella el hombre individual no puede llegar a ser el ser social por excelencia. Por ejemplo, una sociedad no distinguiría a un ciudadano que lucha por la igualdad y la democracia, de un criminal que solo quiere acaparar para sí la fuerza y el poder para ser el tirano de una nación. En consecuencia, el hombre sería indiferente ante la vida humana. San Pablo afirma, entonces: «si no tengo amor, no soy nada».

Virtudes morales

Entre las virtudes morales se encuentran el hábito, la elección deliberada y la disposición racional en cuanto a la elección y la conducta para vivir y obrar bien. Estas permiten al hombre moderar sus inclinaciones naturales y fomentar los hábitos buenos. Las virtudes permiten obtener la felicidad. El placer de vivir que se obtiene al adquirir una virtud es un criterio para distinguir las virtudes de los vicios.

La formación del hombre no excluye su dimensión física, aspecto que pone de relieve la importancia del desarrollo de la fuerza y de los sentidos, sin dejar de considerar también los elementos espirituales que ayudan a crecer. El crecimiento de la fuerza contribuye a desarrollar la virtud de la fortaleza. Esta se define como un hábito que permite resistir en la búsqueda del bien. El desarrollo de los sentidos se asocia con la virtud de la templanza, que permite moderar sus apetitos. Las virtudes forman el carácter moral de la persona. El carácter es el conjunto de hábitos que distingue a cada ser humano.

Ética en la filosofía de Smith

Adam Smith no ha sido considerado un simple economista, pues sus trabajos suelen estar algo alejados de la consideración económica. Escribió en los tiempos en que las ciencias se separaban del ámbito filosófico; la economía tenía sus propias leyes independientes de los principios filosófico-morales. Actualmente, la economía comienza a entender que el hombre es un ente humano, no un ente aislado de las demás dimensiones y funciones. Así se puede encontrar que Smith recogió en su obra la idea del hombre social bondadoso y sensible hacia los demás, pero a la vez satisface sus propios intereses. Esto genera un campo muy interesante para un diálogo filosófico-económico. Smith fue uno de los primeros en escribir sobre la economía desde una perspectiva moral y cristiana. Destacaba que cuando todos los individuos actúan procurando lo mejor para sí mismos, solo sin pretenderlo, se obtienen bienes sociales. Smith no renuncia a la idea de egoísmo, sino que establece que al buscarlo para sí mismo, solo por este camino puede conseguir el bien para todos.

En consecuencia, la moralidad no solo es un freno del egoísmo, sino la única forma real en que éste puede actuar para la sociedad. Una moneda con ambas caras distintas, ética y economía, pero que juntas forman una unidad indivisible: las bases económicas de la ética. Una nota característica de escuela clásica es la incorporación de las leyes del mercado libre a la definición de las leyes de la economía. Adam Smith es uno de los mejores exponentes de esta manera de pensar. El fortalecimiento del pensamiento económico de la mano invisible fue uno de los factores que contribuyeron a la independencia y al desenvolvimiento del fenómeno económico.

La moralidad en la economía

Uno de los aspectos más criticados del economista escocés ha sido la equiparación que hace entre la moralidad y la economía. Smith señala que la moral se ve unida al desarrollo del sentido económico. Toda acción en una sociedad está impregnada por una materia moral aunque el hombre no termine entendiendo necesariamente que eso es moral. De otro lado, las necesidades de la economía pueden ser satisfechas si las acciones que se llevan a cabo se ven atravesadas por la concatenación del interés propio, que en realidad se ve vinculado con los sentimientos que se nacen en el ser humano. Por otra parte, Adam Smith indica que las relaciones humanas se imbrican con la economía. Prueba de ello es el sistema económico y es precisamente una aceptación pública que es más favorable para la naturaleza humana.

El interés propio

El interés propio es uno d e los conceptos que deben ser analizados, desde una perspectiva ética, dentro de la filosofía de la economía de Adam Smith. El interés ha sido la clave para la explicación económica del funcionamiento de los mercados. Es el incentivo que induce a los agentes económicos a desarrollar su actividad; a producir los bienes y servicios, para satisfacer las necesidades materiales de la sociedad. El propio individuo es el que se beneficia con esta actividad. Es, entonces, el motor que promueve la división del trabajo y la producción a gran escala. Como lo describe Smith, analizando el caso del fabricante de alfileres: Cuando observa las consecuencias de su operación y las consecuencias de los deseos que lo determinan o la propensión que lo incita a dedicarse a esta tarea, no es el amor al país ni el amor a la humanidad, lo que contribuye más a su felicidad en la realización de esta tarea, sino su propio interés.

Pensamiento Moderno

A la filosofía de Tomas de Aquino se le atribuye un poder renovador dentro del pensamiento moderno. La razón es que los principios que la fundamentan están basados en el bien, en la verdad y en el amor a Dios, que, en última instancia, representan la fuerza de los siglos. La historia ha demostrado que nada hecho por el hombre es mejor que esas fuerzas, que mantienen un equilibrio. Como evolución natural han aparecido simples transformaciones en diversos terrenos y circunstancias miles de veces repetidas que siempre aseguran el progreso hacia el bien. El conjunto de transformación y evolución del mundo puede ser concebido como un gigantesco proceso de crecimiento hacia Dios. Por lo tanto, el hombre es, también en ausencia o minusvalía de relaciones con Dios, imagen de Dios. Precisamente por haberse mantenido asimismo en pie el mundo, una parte no pequeña del pensamiento moderno ha encontrado en Santo Tomás ciertas líneas ideales que le han permitido seguir desarrollándose. Por otra parte, la velocidad con la que las fuerzas del mal transforman las condiciones exteriores que en cierto modo rodean al hombre (ambición), suponen la descendencia del hombre hacia figuras cada vez menores, medios y miserables, contrarias a la imagen de Dios del hombre.

Las enseñanzas de la filosofía tomista se recogen principalmente dentro del campo de la ética. El ambiente precristiano no parecía muy apto para que los hombres dirigieran la vida hacia un fin sobrenatural; a duras penas advierten la propia dignidad y son capaces de amar y respetar al hermano. Precisamente por estos motivos corría frecuentes riesgos y en numerosas circunstancias se desviaba de la norma del bien. La vida solo parece tener algún sentido, si no es propiamente a través de la muerte, al menos mirando hacia ella y buscando el más allá. Las virtudes que debe practicar el hombre para alcanzar el fin natural: la justicia, la prudencia, la fortaleza y la templanza, no permiten subsistir en este ambiente ni siquiera a la sociedad creada con el deseo de vivir con paz y tranquilo. Solo el hombre superior tiene esperanza real de salvarse, mientras que la gran mayoría está condenada a la infelicidad. Gracias a la proclama del Evangelio y a la instauración del orden espiritual excepción de este estado de masa y a la preparación del hombre, para que pueda llegar también él a la felicidad verdadera a través de la gracia que Dios prometió.

Economía moderna

Finalmente, Adam Smith sigue siendo la piedra angular del pensamiento económico tal como lo entendemos hoy. En cualquiera de sus dos vertientes, su influencia se siente en casi todas las discusiones sobre economía. La vertiente estilo La riqueza de las naciones, presenta al mercado como un mecanismo de asignación de recursos, en el que el interés propio de cada consumidor y empresario, a través del funcionamiento del mercado, conduce hacia el beneficio común. Esta es la esencia de la mano invisible. En La división del trabajo, además, se señala que el desarrollo de un país depende de que exista una mayor especialización entre los trabajadores; con otras palabras, de que exista un mercado para los bienes y servicios que estos ofrecen.

Por otro lado, también está la vertiente que explora la vida y obra del filósofo desde la economía moral. En esta, el interés propio ya no es la esencia última de la economía; sin embargo, los seres humanos siguen siendo vistos como entes sociales que requieren la aprobación de los demás para actuar, y que comprenden que la invisibilidad de los pecados apesta y que, al fin y al cabo, no se puede engañar completamente ni a uno mismo ni a los demás. E4

* Mtro en Economía y doctor en Análisis Fiscal


Parangón de la visión del ser humano

Libertad, naturaleza, trabajo, interés propio, orden económico, comunidad y condición humana se entrelazan. Ética, economía y política delinean la vida social y los límites de la naturaleza moral del hombre

Tomas de Aquino, el pensador y teólogo más relevante del siglo XIII, encuadró su vía filosófico-moral en el auge económico del momento. En plena Edad Media, discernió en el encarnizamiento social ejercido sobre los pobres la pérdida de libertad proveniente de la negación del derecho al trabajo, identificación natural del hombre con el ejercicio creativo del esfuerzo material y espiritual. Así, plasmó en la filosofía un concepto de civilización que todavía encuentra eco en autores modernos, como René Girard. Más modernamente, Adam Smith acogió la idea de naturaleza, tendencia o inclinación natural, siguiendo la tradición aristotélica.

La novedad radicó en concebir un orden económico capitalista basado en un fenómeno de espontaneidad u «orden invisible». Pese a no ser el primero en encontrar un fundamento a la economía capitalista en el interés propio bastaría revisar a Aristóteles, «ética a Nicómaco», Smith sentó las bases de la economía capitalista moderna. Como moralista, advirtió que no debemos fiarnos exclusivamente de que la naturaleza nos hará avanzar hasta la perfección en el ámbito de la moralidad económica.

Desde la naturaleza, Adam Smith definió cómo funciona el orden económico capitalista: la ley del interés propio, el mecanismo de la «mano invisible» y la división del trabajo. Frente al encuadre teológico-naturalista de Tomas de Aquino, hay que buscar la transparencia del mal dentro de la solución del bien, porque el bien sin su aceité es incomprensible, el encuadre económico-naturalista de Adam Smith cautiva con un planteamiento que tampoco escamotea la existencia del mal, que advierte y que trata de encauzar. De ambos estudios se concluye que la naturaleza, ese ámbito no puede ser receptáculo ni fuente del mal, ni siquiera el ámbito de la economía. Cada uno ha fijado un ámbito distinto para la ética y una naturaleza distinta sobre la que reposa. Siguen, pues, linealmente el método establecido, responden a distintas preguntas y desean ofrecer distintos mensajes, que constituyen, a la vez, el carácter diferenciador y el punto de contacto: ética teológica-moral y derecho natural, por un lado, y economía moral, por otro.

El hombre como ser social

La vida de los hombres es muy al contrario sujeta a necesidades corporales, de tal modo que quieren bienes de comer y beber a mansalva, de la misma forma que desean vivir sin dar un peso; pero están atados a la tierra, y por tanto no pueden hacer mucho en cuanto a estos bienes. Y entonces se comienzan a poner en marcha, «piensan planes», para procurarse que las necesidades del alma no sean tales; uno de esos planes, y no el peor, es crear una comunidad, formar una ciudad, un Estado, que se oponga al poder del hombre y traiga una existencia por lo menos tolerable. Es más, además de estos otros bienes los hombres consideran también la muerte, y en virtud de esa consideración que es la más elevada de todas desean los mejores bienes para ellos mismos. Y de la naturaleza de esos bienes superiores se deduce de manera clara la naturaleza del hombre.

La necesidad corporal no satisfecha conlleva la inclinación a vivir sin dar un peso que se observa inmediatamente, y las disposiciones del alma humana ponen en marcha la dirección hacia una sociedad. El hombre busca tener cabeza y manos capaces que le ayuden a satisfacer las necesidades y defectos más básicos de su condición natural. No se puede ni se debe perder de vista la severidad de la condición humana. De lo contrario no se entenderá lo que verdaderamente justifica nuestro interés en la política. E4

Maestro en Economía y doctor en Análisis Fiscal

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