Cosmovisión de un narcisista

Martín Buber (1878–1965) filósofo judío austriaco, en su obra Yo y Tú (1923), desarrolló su teoría del diálogo y la relación ética entre el ser humano consigo mismo, con los demás y el mundo. Su pensamiento se convirtió en pilar de la filosofía existencial humanista con gran impacto en la educación y en una auténtica resiliencia.

Plantea que: Yo-Tú genera encuentro auténtico, diálogo vivo, apertura al otro, Defendió la dignidad única de cada persona: «Cada hombre representa algo nuevo, algo original y único». Abogó por la convivencia judeo-árabe en Palestina.

La relación del Yo con el Tú es directa, no interpone ningún sistema de ideas, esquema o imagen previa; se produce al encuentro. El hombre reconoce su Yo a través del Tú: existimos porque existen los demás; porque todo Tú es un Yo que se encuentra en presencia de sí mismo.

La apertura hacia el Tú es la puerta hacia el Yo. Es imposible aceptar el Yo sin aceptar el Tú como un Yo. El odio es una ceguera en el descubrimiento del otro: quien odia se encuentra en el reino de la limitación humana que le impide decir Tú. «Es incapaz de reconocer que el otro, Tú, es un ser humano que me corteja desde un Yo».

El mundo en que vivimos se torna invariablemente en Ello. En la naturaleza el Ello se objetiva, aparecen las cualidades, las diferencias, las referencias al tiempo y al espacio. Las cosas se «articulan», se vuelven coordinables dentro de un orden. «El hombre no puede vivir sin el Ello». Pero quien solo vive para el Ello. Toda civilización es superior a su predecesora; por eso podemos concluir que la historia de la humanidad es un aumento progresivo del Ello.

Así Buber combina perfectamente la ética de la persona en la sociedad y en la naturaleza; las cuales están intrínsecamente unidas, interconectadas y son interdependientes.

El apergaminado ególatra y malvado dictador gringo con maquillaje naranja, en su megalomanía, seguramente jamás ha comprendido que no es un ser aislado, único en el mundo; que su «América Primero» jamás podrá serlo sin el resto de la humanidad; ciertamente le urge gloria que la ve sumando territorios de cualquier manera, creando un salón versallesco en su mansión imperial, un dorado Arco del Triunfo y que, con su nombre se denominen océanos y territorios.

Al igual que Calígula sueña con poseer la Luna; con Hitler que su imperio durará un milenio y que los únicos Yo’s son sus supremacistas blancos; el resto del mundo, incluso los americanos no MAGAS son «grises», mientras insulta a líderes de otros países, incluyendo aliados y grita «estúpida» y «cerdita» a periodistas que cuestionan su gestión. El resto de los 8 mil millones de humanos, el derecho internacional y el cambio climático, para él no importan nada; carecen de valor.

Su paranoia genera continuas parafasias inventando palabras, países conquistables (Islandia o Groenlandia), hechos y circunstancias que nunca existieron: declaró en entrevista nacional que le daba pena la muerte de una madre de familia a manos de los ICE con tres tiros en la cabeza, mientras estaba sentada en su automóvil, «porque sus padres eran fans de él», o sea: Sí eres trumpista tu muerte duele, si no, apesta.

Con su plan expansionista enfermizo, propio de un ególatra, está dispuesto a crear una guerra mundial para que a él no lo juzguen por sus travesuras pedófilas, miente persistentemente y sí es consciente que miente mientras niega la realidad y cuando le presentan encuestas negativas a él, denuesta y corre vergonzosamente a la prensa que las publica.

Este megalómano gringo abusa del poder presidencial cuando con inequívoca intención criminal ordena fabricar delitos contra sus adversarios de partido y utiliza fuerzas de seguridad como arma política; una auténtica «Tiranía Ejecutiva». Es tan ambicioso que demandó al propio gobierno de EE. UU. por 10 mil millones de dólares acusándolo de no proteger su información fiscal, filtrándola a medios de comunicación. Su ambición es tan grande como su hambre de gloria y poder, solamente obedece a su propio apetito, así como su moralidad únicamente acata su propia moral.

Pueblos originarios: salvadores de la naturaleza

Durante casi tres siglos, «el progreso» abusó de la naturaleza utilizando combustibles fósiles que han dañado seriamente la atmósfera, el mar y desertificado masivamente los continentes. En un acto desesperado varios Gobiernos decidieron buscar medidas para evitar el cambio climático y la contaminación ambiental que está destruyendo la naturaleza completa.

Parecía que últimamente, diversas políticas ambientalistas mundiales podrían salvar la capa de ozono, ese escudo natural de la estratosfera que filtra gran parte de la radiación ultravioleta del sol y que gracias a esta absorción se protege la salud humana (previniendo cáncer de piel, cataratas y daños al sistema inmunológico); evita alteraciones en ecosistemas que matan especies animales y gran parte del reino vegetal. Además, se prohibió el uso de materiales que degradan mares y tierras como plásticos, pinturas y otros compuestos con minerales dañinos.

Todo parecía ir por buen camino para salvar la vida sobre la tierra que la naturaleza ha engendrado por más de tres mil quinientos millones de años; pero…

Llegó un dictador apergaminado cubierto con maquillaje naranja, amo y señor de la nación más poderosa del mundo, enemigo del ambientalismo. Aseveró con crueldad inhumana: «Hemos terminado la guerra contra el carbón limpio y hermoso»; «Es energía más fiable» y decretó priorizar su uso sobre otras fuentes de energía, instruyendo contratos a largo plazo con productores de electricidad generada por hulla e inversiones gubernamentales de millones de dólares destinadas a esas plantas, dejando de lado las energías verdes: total, si él está ya muriéndose… que toda la humanidad le acompañe en ese trance.

Los pueblos originarios de todo el planeta, viviendo en contacto directo con la naturaleza, comprendieron su valor y la cuidaban y protegían, ejemplos de ello hay infinidad: ¿cómo olvidar la devastación de los grandes pastizales norteamericanos por la matanza indiscriminada de bisontes que eran quienes araban la tierra, la fertilizaban y finalmente la cultivaban con las semillas que llevaban en sus pezuñas?

Ahora son desiertos inmensos, una caza indiscriminada de los blancos europeos acabó con manadas enteras; los nativos, propietarios originales solamente cazaban aquellos indispensables para su sobrevivencia.

En México, nuestra patria, tenemos ejemplos insuperables de conservación de las riquezas naturales: en los santuarios de las mariposas monarcas en Michoacán y Estado de México, los Purépechas los cuidan con esmero y atención impidiendo que sean saqueados o destrozados, gracias a ellos cada año millones de preciosos lepidópteros realizan un viaje de más de cuatro mil kilómetros para visitarnos y otros tantos para regresar a su lugar de reproducción.

En Chiapas, los Chujes cuidan las 59 multicolores Lagunas de Montebello y su fabuloso ecosistema que comprende fauna y flora silvestres, prohibiendo que ellas sean surcadas por embarcaciones que utilicen carburantes, solamente pueden navegar sus aguas embarcaciones biodegradables.

Y qué decir de la recuperación del mítico Lago de Texcoco, que los malvados y avariciosos PRIANistas intentaron destruir para hacer negocios sucios sobre él. Hoy ha recuperado un 78 % de su capacidad hídrica y ha vuelto a ser hábitat de millones de aves y plantas. Aquel que los pueblos originarios convirtieron en maravilla admirada por los conquistadores, ahora nuevamente se presenta con agua clara y de muy buena calidad; ésta viene exclusiva y directamente de sus cinco ríos que se han reencauzado.

El amor mexica ha retornado a su Cem-Anáhuac y hoy nosotros podemos sentirnos orgullosos de preservar ese tesoro del que la naturaleza nos dotó para contemplarlo como reflejo de lo divino, una obra que invita al respeto y la admiración.

Una prueba de preservación cultural es la iglesia de Santa María Tonantzintla, en Puebla; santuario fundamental del barroco mexicano que es custodiada por los nahuas quienes la protegen de saqueos, preservando esa grandeza de arquitectura mestiza, religión europea y trabajo artístico náhuatl.

Creo sería magnífica idea regresar los ríos de nuestra región a sus cauces originales, ello modificaría nuestro clima, duplicaría precipitaciones pluviales y tendríamos menos calor desértico. Como scout de toda la vida, creo con Baden-Powell: «El scout ve en la naturaleza la obra de Dios; protege a los animales y a las plantas». Además: «Dejar este mundo mejor de como lo encontramos».

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