Crónica de una renuncia forzada en la nueva Corte

El valor del periodismo no compite por likes, sino por precisión. El trabajo metódico tiene la capacidad de corregir yerros institucionales

La renuncia de Lizeth Karina Villeda García como directora general del Centro de Documentación y Análisis, Archivos y Compilación de Leyes de la Suprema Cortede Justicia de la Nación (SCJN) es uno de los episodios emblemáticos del año. No porque una funcionaria sea sustituida; eso ocurre con frecuencia. Lo extraordinario es que esta salida no nació de una filtración anónima, ni de un escándalo amplificado por rumores, ni del fuego cruzado de la polarización política. La renuncia se detonó por un texto periodístico sólido, preciso y documentado: «Influencer en la Corte», publicado por Peniley Ramírez (Reforma, 08.11.25). Hoy, cuando abunda el ruido, la opinología inconexa y notas artificialmente escandalosas, el caso demuestra cómo el periodismo serio —el que investiga, contrasta y argumenta— todavía puede ejercer un efecto real sobre las instituciones.

«Valdría la pena saber quién contrató a Villeda por qué lo hizo. Sobre todo, quisiera saber si en la Corte están enterados de que, mientras se paga su sueldo con nuestros impuestos, ella está ocupada diciéndonos que necesitamos “respirar, agradecer y conectarnos con nosotros mismos».

Peniley Ramírez, periodista

Desde la primera línea, Peniley planteó un contraste contundente: «Sin experiencia en archivos, la titular del Centro de Documentación de la Corte usa su oficina para impulsar su carrera como “coach consciente”». Con una frase, no solo contextualizó el problema, lo encuadró como una muestra de desorden institucional, falta de controles internos y una peligrosa mezcla entre funciones públicas y aspiraciones personales.

A través del artículo, la periodista describe con precisión la manera en que Villeda utilizaba la oficina pagada por el erario para grabar videos de corte motivacional y contenido de bienestar. No son interpretaciones, son descripciones basadas en el propio material que la funcionaria subió a redes sociales. Uno de ellos, enfatiza Peniley, fue publicado cuando la servidora pública apenas acumulaba tres semanas en su cargo. Allí, Villeda se presentaba frente a la cámara en su espacio laboral, «el video está grabado en una oficina de la Suprema Corte. Su oficina».

En ese mismo video, Villeda lanza frases de autoayuda como: «¿Has sentido que eres injusta contigo misma?… crecimos creyendo que debíamos callar, complacer y aguantar más de lo justo». No hay problema alguno en difundir mensajes de crecimiento personal. El conflicto radica en hacerlo desde un espacio institucional cuya responsabilidad central es administrar el archivo histórico-jurídico de la Corte y atender a usuarios especializados. Es allí donde el artículo cuestiona: ¿qué hacía esa oficina convirtiéndose en set de grabación de un «coach de liderazgo consciente»?

Ramírez no recurre a adjetivos, sino a hechos. Menciona que el 22 de septiembre —días antes de la publicación del primer video desde la oficina— Villeda ya se había lanzado públicamente en el rol de coach: «se lanzó como “coaching en liderazgo consciente”».

Después, la periodista describe otros videos grabados en el mismo espacio institucional. En uno, Villeda pregunta a cámara: «¿Comes por hambre o por costumbre?» mientras, de fondo, la música instrumental acompaña sus reflexiones sobre «alimentación consciente». En otro, con un pequeño micrófono en mano, afirma: «El cuerpo fue creado con la sabiduría de empezar de nuevo».

El tono del artículo no es moralista, sino meticuloso. No hay insulto, no hay exageración. Solo hechos. La base del periodismo serio. Hacia la mitad del texto, Ramírez introduce un giro importante, el cuestionamiento sobre la legitimidad administrativa de Villeda. Señala que, en su currículum, la funcionaria afirmó haber cursado un doctorado en un solo año, entre 2019 y 2020, en el Centro de Estudios de Posgrado en Derecho. Sin embargo, la periodista asegura que se trata de «una institución de la que no hallé certificación ante la SEP». Luego añade que en los registros oficiales solo aparecen una licenciatura y una maestría, «pero no hay rastro de que se haya graduado de ningún doctorado reconocido por la SEP».

La pieza también subraya la importancia del puesto que Villeda ocupaba. El Centro de Documentación y Análisis no es un área menor de la Corte; administra su archivo, produce investigaciones histórico-jurídicas y atiende solicitudes de usuarios. Y, sin embargo, «Villeda no tiene experiencia en archivos, según su currículum».

El artículo concluye con una constatación que, en sí misma, explica por qué la pieza tuvo impacto. Peniley no se limitó al contenido público, sino que buscó a la protagonista para contrastar información. «Llamé, escribí y envié correos a Villeda para preguntarle… No tuve respuesta». Lo mismo ocurrió con la oficina de prensa de la Corte, cuya ausencia de argumentos terminó convirtiéndose en parte de la historia.

La fuerza del reportaje radica en su austeridad. No hace escándalo. Expone hechos y retrata decisiones impropias. No insinúa. Revela. Esa es precisamente la esencia del periodismo que suele cambiar algo. Cuando se publicó el artículo, el tema comenzó a circular en medios, redes y espacios institucionales. Horas después, la renuncia de Villeda se confirmó. Ninguna campaña de denuncias virales había provocado ese efecto. Lo ocasionó un texto sobrio y sustentado.

La renuncia sirve como espejo para una discusión mayor. El valor del periodismo que no compite por likes, sino por precisión. Un texto cuidadosamente armado puede generar más impacto que una tormenta de opiniones esbozadas entre notas rápidas y estridencia digital. Lo que se demostró esta vez es que el trabajo metódico —el que revisa currículums, verifica títulos, observa detalles del escenario, contrasta versiones y pide explicaciones— todavía tiene la capacidad de corregir rumbos institucionales. E4

La Habana, 1975. Escritor, editor y periodista. Es autor de los libros El nieto del lobo, (Pen)últimas palabras, A escondidas de la memoria e Historias de la corte sana. Textos suyos han aparecido en diferentes medios de comunicación nacionales e internacionales. Actualmente es columnista de Espacio 4 y de la revista hispanoamericana de cultura Otrolunes.

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