Las candidaturas anticipadas en política pueden dejar consecuencias, desde fracturas internas hasta sanciones electorales, que arriesgan a partidos y aspirantes y dejan claro que cuando suceden en partidos con poder, todos los que integran la organización quieren y sienten que pueden ser y que el elegido no es mejor ni garantiza el triunfo electoral.
El desencanto de militantes y suspirantes tiene una estrecha relación con los métodos de selección de aspirantes, que muchos de ellos llegan más por su relación con los gobernantes locales y nacionales, que por su popularidad o probidad para gobernar un municipio, estado o ser parte de los poderes legislativos local o federal.
Si los procesos de selección de «defensores» o «coordinadores» –o como quieran llamarles a precandidaturas a gubernaturas, alcaldías y diputaciones locales y federales– dejan como saldo divisiones y aspirantes resentidos con posibilidades, el fenómeno de desbandada puede repetirse como sucedió hace poco más de ocho años en México.
Muchos de los aspirantes a gobernadores, por ejemplo, no resultaron ganadores de las encuestas de sus partidos y a pesar de sus niveles previos de popularidad, quedaron rezagados del dedo elector y al final decidieron postularse por partidos antagónicos a los que militaban y terminaron convirtiéndose en los ganadores de los procesos electorales.
El fenómeno parece repetirse, y a diferencia de hace poco más de ocho años, las primeras reacciones surgen entre partidos aliados que juegan sus piezas a través de declaraciones donde cuestionan los resultados de las encuestas e incluso invitan a los perdedores a que sean parte de sus partidos y posibles precandidatos.
Interesante será observar cuántos y quiénes deciden romper con sus partidos y los grupos de poder estatales y federales para convertirse prácticamente solos en los abanderados de proyectos políticos emanados del mismo grupo pero con serias diferencias por el manejo de las encuestas.
La situación puede afectar a todos los partidos con sus posibles y reales alianzas, pero sin duda generará mayores daños políticos y de gobernanza a quienes hoy son mayoría y entre quienes priva la división con encono ya en el ámbito público, con fuertes declaraciones y acciones.
El resultado de la elección del próximo año dejará muchos mensajes para la sucesión presidencial que iniciará seguramente desde el año 2028 y que podría generar cambios posiblemente radicales en el rumbo de quienes gobiernen el país y logren controlar ambas cámaras.
Por lo pronto, hay que esperar a ver si alguien se sale del corral y si hay reacciones de los dos liderazgos políticos del grupo de poder dominante en la política y gobernanza nacional, lo cual seguramente se puede replicar a en estados, municipios y congresos locales.
