El futuro ya anda por aquí.
Pero llegó y se atoró en el tráfico de
Presidente Cárdenas. Con lluvia.
Hay ESPACIO y
energía con CUATRO velocidades
para reorbitar y volver a apostar
por algo romántico.
Mi profunda admiración
ante estos primeros 30 años.
Recordar 1995 siempre trae un olorcillo a fotocopias. Debe ser porque fui voluntario en unos experimentos de mi hermano. Resultó que —además de las manos— las copiadoras tambiénpueden sacar imágenes del rostro humano. Comprobado. La sinestesia —hoy— provoca un rictus involuntario con entrecejo encandilado.
Más allá de aquellos hallazgos empíricos y determinantes, del 95 salta a la vista un inventario más intrincado que el Windows de ese año. Porque descosió la malla cerebral que contenía las certezas que caben entre un par de monedas gruesas y la tiendita del recreo. Si ya era algo tortuoso gracias al cálculo mental —desgraciado deporte nacional de los hermanos lasallistas—, ahora todo era un tapiz binario que titiló como tragamonedas. Se expandió y contrajo con ceros-menos. Premonitoria, la astronomía maya delineó el despegue de la tumba de Pakal. Salió de órbita e hizo patitos en tres anillos de Saturno. Eran los nuevos pesos. Para jóvenes versátiles-poco-bursátiles: el subterfugio aritmético iba, por ejemplo, de 30 mil a 30. Treinta: como los apuntes que propone este Espacio [4].Aquídonde —usted y yo— afortunadamente habitamos con los ojos. Veinticinco. Quince. Cinco. Cero.Arrancan.
- En 2005 todavía MTV transmitía música. También un muchacho medio cachirul le puso cuernos a Fox en una foto. Y… una tarjeta de prepago bien podía encapsular a la esperanza.
- Cuarón venía de dirigir —quizá— la más fina entrega de la saga Harry Potter. El prisionero de Azkaban compartía la A con Almoloya. Ahí también se materializaban reclusos ambiguos, místicos y solitarios.
- Cuando en 2005 —con ayuda de Lecumberri— se develaron los archivos del Halconazo, letritas arriba encabezaba la lista expía: Luis Echeverría Álvarez. Con poco más de 80 eneros, su edad justificaba ausencias en la corte. La bronca fue que el señor Luis iba a vivir cerca de 189 años (más)*. [*Se trata de datos aproximados].
- 1995 vio —unos tres meses después de concluir su sexenio— a Carlos Salinas de Gortari ayunar en huelga por casi 45 horas. Fue cerca de Monterrey. Y con su agua Evian de origen Ródano-Los Alpes. El Cerro del Topo Chico vigilaba todo.
- En descalabro rumbo a la contienda por el Gobierno de Tabasco, un candidato conoció el ambiente de marchas y caravanas. Al parecer le gustó.
- Por ese mismo año, al Club América lo dirigía un neerlandés con experiencia en el Ajax, la selección de Holanda y el Real Madrid. Atacaba con dos delanteros en punta, apodados las Abejas Africanas. Vestían un llamativo uniforme de ingeniería alemana. Su Estadio Azteca era pletórico cada 15 días. Y no se ganó algo.
- En TV, la novela de la noche era Lazos de amor. Ahí Lucerito encarnaba a tres hermanas gemelas llamadas María(s) y algo. La protagonista… buena, amiguera, alegre: M. Guadalupe, claro. La vulnerable, pura y noble: M. Fernanda. Y la frívola, ambiciosa y confabuladora: M. Paula. Gran telenovela cuyo finale dejó a millones de familias en vilo. A mí también. [#CulposoPlacer]. Cuentan que, quienes la vieron hasta el último, cada cierto tiempo se despiertan en medio de la madrugada —agitados—, con temor. Y en la oscuridad se preguntan: ¿y si sí?
- Se conoció la identidad del Sub Marcos. Con nombres, apellidos, fecha de nacimiento. Había sido educado por los jesuitas. Igualito que Voltaire.
- A cargo de Santiago Creel, la secretaría de Gobernación de Fox se arrojó —casi con antorchas— hacia la grey de la Santa Muerte. Se buscó derruir su registro como asociación religiosa. Faltó muy poco para que les hicieran apostatar.
- Aproximadamente a las nueve y media de la noche —hora de Roma— del 2 de abril de 2005, murió el papa Juan Pablo II. Aunque el cónclave eligió un sucesor de la misma línea escolástico-tradicionalista (quien, eventualmente, abdicará), esa noche de tiempo pascual presagiaba profundas revelaciones que ya se cernían sobre México. Karol Wojtyla era el último remanente neoconservador para [tratar de] entender un encubrimiento sistemático que funcionó más de 30 años. El ejemplo paradigmático: Marcial Maciel y los L.C. Así como un arzobispo a modo, robustecido por el Opus Dei.
- Y en adyacente anécdota noventera: cuando estaba entre los 12 o 13 años encontré —en un diario de domingo— una imagen de, precisamente, Norberto Rivera. El pie de foto me sorprendió. Fui a enseñarle la sección a mi papá. Negó con la cabeza mientras esbozaba una silenciosa risa. Eso confirmó mi sospecha ante el posible yerro editorial. Porque resultó que, según lo escrito debajo de su foto, el cardenal Norberto Rivera ese día era un simio de gran tamaño, y no el Arzobispo Primado de México. Sino el Primate.
- El 2005 también trajo sendas visitas del mismo origen. Pero distinta naturaleza. Condoleezza Rice echó un vistazo a oficinas consulares y seguridad en la frontera norte de México. En el contexto de la guerra contra el terrorismo —detonada en 2001—, diferentes focos de Inteligencia en EE. UU. ubicaron a México como posible ruta terrestre para que miembros de Al Qaeda pudieran ingresar vía el meridión gringo. Y, por otro lado, Paris Hilton vino a revisar el negocio familiar… y a tomarse fotos con unos mariachis. Listo.
- Y el otro día descubrí —en una zambullida atmosférica, para ubicar el génesis nostálgico de Espacio 4— que un guiño de cultura pop noventera y mexicana pudo ser: ver Siempre en domingo… pero llevar a la secundaria una camiseta de Nirvana.
Antes de morirse, el pionero MySpace nos enseñó —entonces— que la identidad puede hasta editarse. Por eso ya no creo en tantas cosas. Justo por esa época, me acerqué con muchísimo miedo y silencioso palpitar a la dirección de Espacio 4… que estaba por cumplir sus primeros 10 años. Me asomé. No sé cómo ni por qué, pero la presencia contraluz y bien templada de Gerardo Hernández —la primera persona que confió en mi bloc vacío— decidió que era buena idea que publicara aquí unos reportajes, artículos y hasta versos pequeñitos. Recuerdo que cuando empecé a escribir un par de noches después, creía que la inmortalidad del papel impreso se acercaba. Que, sutil, aterrizaría en forma del polvo de un reloj de arena. Afortunadamente, tras mi primera fecha límite —sobrevivida a puro café— me curé de eso. Tenía 19 años. Con el verano me iría de Saltillo a estudiar. Regresé 20 años después para enfilar —ahora— al 30 aniversario. Fue como regresar a la casa de un viejo amigo, ahí donde pudiste —por primera vez— tocar un requinto bien eléctrico, con amplificador y sin equivocarte.
A esta vuelta, ya me había tocado transformar resacas en ensayos de teología. Y sigo marcando la primera palabra con la misma adrenalina. Cuando aquel incipiente internet de finales de los noventa le quiso robar el sándwich de recreo a Espacio 4, sus esquinas pusieron más café. Varios teclazos después, el internet ya le había dado el postre y con disculpas.
Saber capturar los relatos cotidianos en un medio de papel es un lujo y una acción de culto. Además, ante ciertas incertidumbres de la agenda actual, el olor a tinta hace alguna sinestesia de dibujante en la niñez, para no quebrarse, y sí reírnos.
Gracias a tanta cosa que —porque me dieron la oportunidad— pude verter aquí, he comprendido que la columna es un artefacto cultural capaz de leer los signos de los tiempos. Y también corroborado que la reflexión y el buen humor son dos bonitas formas de resistir. Dos tanques de oxígeno. Finalmente, que la Historia es una forma de navegar la crónica mundial de cada quince días… que sirve para no perder la capacidad de asombro.
Gracias por todo.
