Si Estados Unidos y México basaran su relación en la colaboración respetuosa, y no en la desconfianza mutua, el tráfico de drogas y armas habría cobrado menos vidas. Allá por las adicciones y en ambos casos por la violencia. Igualmente, se habrían evitado tensiones, ahorrado cantidades enormes de recursos y mejorado la seguridad en la región. El presidente Donald Trump culpa a nuestro país de la devastación provocada en el suyo por el consumo masivo de sustancias estimulantes y opioides sintéticos, pero no muestra interés en perseguir con el mismo ahínco a las organizaciones criminales asentadas en su territorio.
La Administración de Trump es todavía más indolente para frenar el contrabando de armas. Mientras la industria armamentista mantenga altos niveles de crecimiento, las ganancias de los fabricantes serán extraordinarias y los políticos recibirán mayor financiamiento para sus campañas. El Gobierno de México demandó en 2021, ante una Corte Federal en Boston, Massachusetts, a ocho compañías «por prácticas comerciales negligentes». El 4 de marzo de 2025, la Corte Suprema de Estados Unidos escuchó los argumentos del Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, según los cuales «las acciones y omisiones de estas empresas permiten que sus armas de fuego sean traficadas a nuestro país, causando violencia y sufrimiento a su población» (Secretaría de Relaciones Exteriores).
El «litigio estratégico ha obtenido apoyo de diversos sectores de la población en ambos países», dice la nota. «Legisladores, autoridades estadounidenses, académicos, activistas y organizaciones civiles presentaron a la Suprema Corte de Estados Unidos nueve escritos de “amigo de la corte”, que respaldan la postura de México». El 5 de junio pasado, el Tribunal declaró improcedente la demanda, pues la Ley de Protección del Comercio Legal de Armas exime a los fabricantes de responsabilidad, cuando el uso de sus productos es indebido.
El debate, sin embargo, sigue abierto, lo mismo que futuras acciones legales. Según el Gobierno mexicano, hasta el 90 % de las armas incautadas en operativos contra carteles de la droga procede de Estados Unidos —en su mayoría de contrabando—, donde la oposición al comercio de armas también es creciente. Luego de la masacre del 24 de mayo de 2022 en una escuela primaria de Uvalde, Texas, en el cual murieron 19 niños, dos profesores y 18 personas fueron heridas, el presidente Joe Biden en un mensaje a la nación, pidió al Senado prohibir las armas de asalto y los cargadores de alta capacidad. Trump, en cambio, es un ferviente promotor y defensor de esa industria. En el último Foro de Liderazgo de la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés), cuya influencia política es indudable debido a sus donaciones, declaró ser «el mejor amigo que los propietarios de armas han tenido nunca en la Casa Blanca».
Paulina Villegas, periodista de The New York Times, plantea: «Mientras el Gobierno de Trump presiona a México para que tome más medidas contra los carteles de la droga, ha surgido un beneficiario involuntario de la campaña de presión estadounidense: los traficantes de armas que suministran armas al Cartel de Sinaloa, la potencia criminal detrás de gran parte del fentanilo que inunda las calles estadounidenses». Villegas, quien también cubre temas de inmigración para «La Dama Gris», advierte en otro texto sobre las consecuencias de golpes como la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, líder del Cartel Jalisco Nueva Generación, «lejos de debilitar la violencia (…) ha contribuido a la fragmentación de los grupos y al aumento de los conflictos internos, lo que a su vez incrementa la demanda de armas». Negocios son negocios.
Guerra de dos mundos
Los líderes de la República Islámica de Irán, erigida tras la Revolución de 1979 y el derrocamiento del Gobierno autocrático de Mohammad Reza Pahlavi, tienen lo que al presidente de Estados Unidos le falta: tiempo, memoria y experiencia. Alí Jameneí, quien sucedió al fundador de la república teocrática, Ruhollah Musavi Jomenei, fue asesinado el 28 de febrero pasado, durante un ataque con misiles contra su residencia. La Asamblea de Expertos nombró en su lugar a su hijo Mojtaba Jomenei, apenas 10 días después del magnicidio. El proceso de selección «no se detuvo ni un momento», informó un presentador de la televisión estatal, no obstante «las graves condiciones de guerra y las amenazas directas de los enemigos contra esta institución popular, y a pesar del bombardeo de las oficinas de la Secretaría de la Asamblea de Expertos» (BBC News Mundo, 08.03.26).
Amnistía Internacional retrata en su informe de 2024 la situación en Irán: «Las autoridades siguieron restringiendo el derecho a la libertad de expresión, de asociación y de reunión pacífica. Las mujeres y las niñas, las personas LGBTI y las minorías étnicas y religiosas sufrían discriminación y violencia sistémica. Las autoridades intensificaron la represión contra las mujeres que desafiaban las leyes sobre el uso obligatorio del velo (…). Miles de personas fueron detenidas arbitrariamente, interrogadas, hostigadas o procesadas injustamente por ejercer sus derechos humanos. (…) Las desapariciones forzadas, y la tortura y otros malos tratos eran generalizados y sistemáticos».
La dictadura monárquica de Reza Pahlavi se consolidó tras el golpe de Estado contra el primer ministro Mohammad Mosaddeq, quien había sido elegido democráticamente, en agosto de 1953. La nacionalización del petróleo y del servicio telefónico, decretada por Mosaddeq en su breve Gobierno, disgustó a los socios occidentales del shah. La operación para deponerlo la coordinaron el MI6 y la CIA, servicios de inteligencia del Reino Unido y Estados Unidos. Un año después, también bajo la dirección de Allen Dulles, cuyo hermano John Foster Dulles fungía como secretario de Estado, la CIA participó en el derrocamiento del presidente legítimo de Guatemala, Jacobo Árbenz. El caso lo aborda el Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa en Tiempos recios (2019).
El imperio persa precede al cristianismo. Isaías 45, 41-62 cita al instaurador de la primera monarquía, Ciro el Grande: «Así dice Yahvé a su Ungido Ciro, a quien he tomado de la diestra para someter ante él a las naciones y desceñir las cinturas de los reyes, para abrir ante él a los batientes de modo que no queden cerradas las puertas. Yo marcharé delante de ti y allanaré las pendientes. Quebraré los batientes de bronce y romperé los cerrojos de hierro». Irán es una potencia en Oriente Próximo y Asia Occidental; sus reservas de petróleo y gas natural figuran entre las más grandes del mundo.
El único que parece no entender que Irán no es Venezuela es el presidente de Estados Unidos. Si George W. Bush inventó el cuento de las armas de destrucción para invadir Irak y defenestrar a Saddam Hussein, Donald Trump crea sus propias fantasías. Pero, a diferencia de Bush, no cuenta con la fuerza de la OTAN para abrir el bloqueo en el estrecho de Ormuz. ¿Cómo apoyar a quien trata a las potencias europeas con la punta del pie? A Trump le restan menos de tres años para terminar su mandato. A los ayatolas, tiempo es lo que les sobra. El pirómano encendió la mecha en la región más antiestadounidense del planeta sin medir las consecuencias. En su país, la mayoría desaprueba la guerra y pone en tela de juicio que, antes de iniciar los bombardeos Irán representara una «amenaza militar inminente». Un farsante con sueños imperiales siempre será peor que un político.
