El presidente de Estados Unidos trata de tomar distancia del financista acusado de explotación sexual infantil. Sin embargo, imágenes, testimonios y registros judiciales apuntan hacia una relación estrecha. Crece la presión para abrir los archivos
Pedofilia y trata de menores, una epidemia global
La relación entre Donald Trump y Jeffrey Epstein, marcada por la cercanía, el lujo y las controversias, se ha convertido en un tema que incomoda al presidente de Estados Unidos. Durante más de una década, ambos compartieron espacios sociales, intereses y círculos de poder, sin que hasta ahora se haya esclarecido del todo el alcance de su vínculo. Desde cenas en Manhattan hasta fiestas privadas en Mar-A-Lago —la residencia privada de Trump— la figura de Epstein aparece de manera recurrente en el entorno del magnate republicano. Si bien Trump ha insistido públicamente en que no tenía «ni idea» de las actividades criminales de su examigo, testimonios, imágenes, documentos judiciales y declaraciones de víctimas lo mantienen bajo escrutinio.
En 1992, NBC News captó a Trump y Epstein en una fiesta con porristas de los Buffalo Bills. Ese mismo año, durante un concurso de chicas de calendario organizado en Mar-A-Lago, Epstein fue el único hombre invitado, además de Trump. En 1997, ambos asistieron a una fiesta de Victoria’s Secret organizada por Leslie Wexner, empresario vinculado financieramente con Epstein. Fotografías y videos de la época los muestran riendo juntos, acompañados por modelos, socialités y figuras del jet set. Trump ha intentado distanciarse del caso desde que en 2019 Epstein fue arrestado y posteriormente hallado muerto en su celda. Durante su presidencia, afirmó que la relación había terminado mucho antes por una disputa inmobiliaria y porque decidió expulsar a Epstein de Mar-A-Lago por «conducta inapropiada» con la hija de un miembro del club. Sin embargo, diversas declaraciones contradicen esa versión.
La investigación sobre el tráfico sexual encabezado por Epstein incluye también a Ghislaine Maxwell, su expareja y socia cercana, condenada en 2022 por captar y reclutar menores para la red. Virginia Giuffre, una de las víctimas más visibles del caso, trabajaba en el club de Trump cuando Maxwell la contactó, según ella misma ha afirmado. María Farmer, otra denunciante clave, sostiene que Trump estuvo presente en al menos un encuentro con Epstein en su oficina de Manhattan, en un contexto que le resultó amenazante. Stacey Williams, exmodelo de Sports Illustrated, acusó al presidente de haberla manoseado en 1993, en lo que describió como un «reto» con Epstein.
Pese a estos señalamientos, Trump nunca ha sido acusado formalmente en relación con los escándalos. No obstante, la mención de su nombre en archivos judiciales —según ha confirmado la fiscal Pam Bondi— mantiene vivo el debate sobre su verdadera cercanía con Epstein. Bondi le informó en una reunión privada en la Casa Blanca, en la que también participó el fiscal Todd Blanche, que su nombre aparecía en documentos previamente no revelados. Aunque se aclaró que no justificaban una investigación adicional, la información generó alarma dentro y fuera del Ala Oeste.
Fuego en casa
La molestia no proviene solo de los adversarios políticos de Trump. Algunos de sus más fervientes seguidores, especialmente aquellos alineados con el movimiento MAGA, han expresado su decepción por la falta de transparencia. Durante la campaña presidencial, el republicano prometió abrir todos los archivos del caso Epstein. En cambio, su administración anunció este año que no existiría una «lista de clientes» y que no se publicarían más documentos.
La publicación de algunos archivos del Departamento de Justicia en meses recientes fue recibida con escepticismo. No arrojaron revelaciones significativas ni incluyeron a figuras de alto perfil. La carta que Trump habría enviado a Epstein en 2003, con un dibujo obsceno de una mujer desnuda, fue revelada por The Wall Street Journal. El presidente desmintió la autenticidad de la misiva, calificándola de falsa y demandó al periódico y a su propietario Rupert Murdoch.
Trump ha recurrido a una de sus tácticas habituales: culpar a sus adversarios. Declaró que, si algo turbio hubo en torno a Epstein, la responsabilidad recaía en los expresidentes Barack Obama y Joe Biden, así como en Hillary Clinton. Su base política ha reaccionado con división. Mientras figuras como Stephen Bannon salieron en su defensa, otros legisladores republicanos se unieron a demócratas para exigir la publicación completa de los archivos. La congresista republicana Marjorie Taylor Greene respaldó una iniciativa legislativa junto con Thomas Massie para obligar al Departamento de Justicia a liberar toda la documentación. En paralelo, una comisión del Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes votó a favor de emitir una orden para entregar los archivos, con apoyo bipartidista.
En medio de la presión, el Departamento de Justicia pidió a un juez federal la publicación del testimonio del gran jurado tanto en el caso de Epstein como en el de Ghislaine Maxwell. La solicitud, promovida por la propia administración Trump, fue para muchos un intento de diluir las críticas más que de arrojar luz sobre los hechos. La decisión final dependerá del juez y podría tardar años.
Trump resiste así un doble frente: por un lado, el pasado incómodo con Epstein; por el otro, la disidencia dentro de su propia base. Su narrativa, que intenta mostrarse como ajeno a cualquier irregularidad y víctima de una campaña en su contra, se enfrenta a un historial documentado de interacciones frecuentes, proximidad geográfica y una red de conocidos compartidos. En el año 2002, en una entrevista para la revista New York, Trump habló abiertamente de su amistad con Epstein: «He conocido a Jeff por 15 años. Es un tipo estupendo. Muy divertido estar con él. Incluso se dice que le gustan las mujeres hermosas tanto como a mí, y muchas de ellas son más jóvenes».
Ofensiva contra TWSJ
Donald Trump presentó, el 18 de julio, una demanda por difamación contra The Wall Street Journal y su empresa matriz News Corp, acusándolos de haber publicado información «falsa y perjudicial» sobre una supuesta carta de cumpleaños que él habría enviado a Epstein. La querella se interpuso en el Tribunal de Distrito de EE. UU. para el Distrito Sur de Florida y exige una indemnización de al menos 10 mil millones de dólares.
La demanda arremete contra figuras prominentes del conglomerado mediático, entre ellos Rupert Murdoch, fundador y expresidente de News Corp; Robert Thomson, su actual director ejecutivo; la editorial Dow Jones y dos reporteros de The Wall Street Journal, cuya cobertura provocó la molestia del presidente. Según el documento legal, el artículo en cuestión «afirmaba falsamente que [Trump] escribió, dibujó y firmó» una tarjeta o carta de cumpleaños dirigida a Epstein «con un tono lascivo», insinuando una relación más cercana de la que Trump ha reconocido públicamente.
«El artículo fue publicado con la intención de dañar la reputación del presidente Trump justo en el momento en que se intensifica la carrera presidencial de 2024», señala la demanda, que insiste en que los editores y periodistas del Journal «actuaron con desprecio temerario por la verdad». Aunque el diario no ha emitido una declaración oficial, en la nota original se menciona que la carta a Jeffrey Epstein fue obtenida como parte de una revisión de documentos relacionados con el patrimonio del empresario tras su muerte. El artículo también señalaba que Trump, al igual que otras figuras públicas, había sostenido algún tipo de vínculo social con Epstein en los años 90 y 2000.
El equipo legal del mandatario sostiene que la publicación forma parte de una campaña más amplia para perjudicar su imagen entre los votantes, y subraya que la supuesta misiva no ha sido verificada de forma independiente ni se ha publicado íntegramente. También considera que la cercanía entre The Wall Street Journal y sus competidores mediáticos más liberales convierte al medio en un actor político «con intereses ajenos al periodismo». La demanda llega justo cuando crece la presión pública para que el Gobierno federal desclasifique los documentos relacionados con las investigaciones sobre Epstein, en especial aquellos que podrían implicar a funcionarios, empresarios o figuras políticas. Algunos de los simpatizantes de Trump han exigido abiertamente que su administración promueva una política de «transparencia total» respecto al caso.
A lo largo de los años, Donald Trump ha intentado distanciarse del escándalo. Si bien admitió haber conocido a Epstein en círculos sociales de Florida y Nueva York, ha negado cualquier relación cercana y dijo en 2019: «No era un tipo que me cayera bien». Sin embargo, registros judiciales y testimonios han confirmado que ambos compartieron al menos una decena de eventos y que Epstein fue invitado en más de una ocasión a Mar-a-Lago.
Los analistas consideran que esta demanda, más allá de su posible viabilidad legal, podría tener el propósito político de enfrentar a los medios tradicionales y presentarse como víctima de una «persecución mediática», una estrategia que ha funcionado con parte de su base electoral en elecciones anteriores. Habrá que esperar si la Corte admite el caso y si los acusados responden en tribunales o deciden negociar fuera de ellos. Mientras tanto, el nombre de Epstein continúa orbitando peligrosamente cerca del entorno del presidente, en una trama que mezcla política, medios y uno de los escándalos más oscuros en la historia reciente de Estados Unidos.
Un muerto muy vivo
A pesar de que Epstein murió hace seis años en una prisión federal de Nueva York, bajo circunstancias que aún generan debate, las ramificaciones de su caso siguen comprometiendo a figuras del poder económico y político. El presidente Trump, que enfrenta varios procesos judiciales por su conducta pasada, se encuentra ahora en el centro de una controversia renovada tras la carta que supuestamente le envió a Epstein, con un tono lascivo y amistoso, y que fue publicada por The Wall Street Journal.
Jeffrey Epstein fue arrestado en julio de 2019 por cargos de tráfico sexual de menores. Su red de contactos incluía a poderosos hombres de negocios, académicos, miembros de la realeza y políticos, lo que convirtió su caso en un símbolo de la impunidad de las élites. Su repentina muerte en prisión, oficialmente declarada como suicidio, desató una ola de teorías y dudas sobre lo que realmente ocurrió.
Entre los nombres más sonados vinculados con Epstein destacan el príncipe Andrés, Bill Clinton, y Donald Trump. El riesgo para este último no es solo reputacional. Aunque no ha sido acusado formalmente en relación con los crímenes de su examigo, cualquier vínculo documentado con la red de tráfico sexual podría tener consecuencias legales si emergen nuevas pruebas o testimonios. E4
Demanda a The Wall Street Journal
| Elemento | Detalles |
|---|---|
| Fecha de presentación | 18 de julio de 2025 en el tribunal federal del sur de Florida |
| Montos reclamados | Al menos 10 mil millones de dólares, con el argumento de perjuicios reputacionales y económicos |
| Demandados | The Wall Street Journal, Dow Jones, News Corp, Rupert Murdoch, Robert Thomson y dos reporteros |
| Base de la demanda | Un artículo que leyó Trump como falso y dañino sobre una supuesta carta a Epstein |
| Acción adicional | Solicitud de acelerar la declaración de Murdoch antes del 4 de agosto debido a su edad y salud |
¿Aprueba o desaprueba el desempeño de Trump?
| Aprueba | Desaprueba | |
|---|---|---|
| Como presidente | 40% | 58% |
| Migración | 43% | 55% |
| Ayuda tras desastres naturales | 42% | 55% |
| Negociaciones comerciales | 37% | 61% |
| Economía | 38% | 60% |
| Fuente: AP |
Considera que las políticas de Trump…
| Lo han beneficiado | No hacen diferencia | Lo han perjudicado | |
|---|---|---|---|
| Población general | 27% | 22% | 49% |
| Adultos blancos | 35% | 23% | 41% |
| Adultos hispanos | 19% | 17% | 62% |
| Adultos negros | 9% | 20% | 70% |
| Fuente: AP |
Pedofilia y trata de menores, una epidemia global
Anualmente, más de 1.2 millones de niños y niñas son víctimas de tráfico y abuso sexual. La impunidad, la desigualdad y la indiferencia institucional son el caldo de cultivo
A pesar de tratados internacionales y campañas de protección, la violencia sexual contra la infancia constituye una crisis profunda y extendida. Según Unicef, actualmente más de 370 millones de niñas y mujeres han sido víctimas de violación o agresión sexual antes de los 18 años, mientras que cerca de 650 millones han padecido violencia sexual con o sin contacto físico. En cuanto a los varones, entre 240 y 310 millones fueron agredidos directamente y hasta 530 millones si incluimos agresiones no físicas.
Este fenómeno no se confina a una región. En África subsahariana, más de 79 millones de niñas y mujeres sufrieron agresiones sexuales durante la infancia. En Asia meridional, por ejemplo en Pakistán, se documentan miles de casos de abuso sexual a menores, incluyendo matrimonios infantiles. Asimismo, a nivel global, 1.2 millones de niños son traficados cada año, y casi 60% de estos casos están vinculados a explotación sexual.
El confinamiento por COVID aceleró esta tragedia debido a que la escasez de denuncias y la presencia en línea incrementaron la demanda. Estimaciones recientes muestran que la distribución de material de abuso sexual infantil (CSAM) en redes ocultas como Tor representa un 11% de las búsquedas totales, con cerca del 40% enfocadas en menores de 11 años. Además, plataformas de streaming ubicadas en países europeos albergan gran parte del contenido ilegal.
Las consecuencias sociales y económicas son estremecedoras. El mercado ilícito de explotación sexual de menores genera ingresos que superan los 150 mil millones de dólares anuales, y los costos sociales y sanitarios ascienden a billones. La región Sudeste Asiático destaca además por redes de trata incluso operadas por mujeres, que reclutan menores en contextos de pobreza o conflicto. En Pakistán, se reportan miles de casos diariamente, mientras que en Nigeria, una de cada cuatro niñas sufrió abuso sexual antes de los 18.
En zonas de conflicto la violencia se exacerba. En Sudán, más de 200 niños fueron violados en 2024, algunos de apenas un año de edad; similares abusos han sido documentados en Haití, República Democrática del Congo y Somalia. La impunidad es una constante. Se calcula que solo uno de cada 10 casos se denuncia oficialmente y las tasas de enjuiciamiento rara vez alcanzan el 10%. La mayoría de las veces, el agresor es una persona cercana al menor.
Frente a esta pandemia de abuso infantil, las respuestas son fragmentadas. Aunque organismos como UNICEF, Save the Children y WePROTECT promueven cooperación internacional y herramientas tecnológicas avanzadas para detección y rescate, siguen faltando recursos y voluntad política. Basta citar el caso de Ecuador, donde se están desarrollando iniciativas con Inteligencia Artificial (IA) para identificar casos ocultos, pero la aplicación queda incompleta ante retos éticos y legales. E4
