El legado de Daniel Cosío Villegas

La figura del intelectual se recupera como símbolo de pensamiento crítico y defensa republicana, frente a un presente marcado por desequilibrios, abusos de autoridad y deterioro Institucional

Recordar la vida y obra de los grandes hombres que aportaron su esfuerzo y sobre todo sus ideales para construir las instituciones que hasta antes del obradorato eran orgullo para México es indispensable en los tiempos de crisis de valores que vivimos, para valorar la importancia de su legado.

Así, evocar la trascendencia de la obra cultural, política y periodística de don Daniel Cosío Villegas, quien el pasado 10 de marzo del año en curso cumplió 50 años de fallecido, es de los compromisos que en el contexto del atropello de los ideales consagrados en nuestra Constitución de 1917, con una división de poderes que ya no existe, y sobre todo un Poder Judicial de la Federación sometido a los caprichos de un Ejecutivo autoritario, es de los compromisos que en honor a su memoria, resulta necesario realizar.

Oriundo de la ciudad de México donde vio la luz primera el 23 de julio de 1898, su niñez y parte de su juventud transcurrió tanto en Colima como en Toluca, al calmarse los fragores de una revolución mexicana que vivió de cerca, regreso a la capital de la república para iniciar sus clases de filosofía con Antonio Caso y en el espíritu humanista de Pedro Enríquez Ureña y Alfonso Reyes.

Pero fue en 1920, cuando al incorporarse al proyecto cultural y educativo de José Vasconcelos, que don Daniel Cosío Villegas encuentra el ideal al que consagraría su vida: el de ser constructor de instituciones que terminada la etapa violenta de la revolución, le darían sentido y justificación a esta, al crear primero en 1934, el Fondo de Cultura Económica, que como editorial del estado mexicano fue todo un referente no solo a nivel nacional sino también internacional.

Enrique Krauze, su biógrafo más acucioso, en la introducción de los ensayos que bajo el título de Daniel Cosío Villegas, el historiador liberal, publicados por el Fondo de Cultura Económica en 1984, sintetizó su trayectoria así:

«Son muchos los que recuerdan a Daniel Cosío Villegas (23 de julio de 1898 – 6 de marzo de 1976) exclusivamente como el periodista que desde las páginas editoriales de Excelsior alzo enérgicamente la voz en momentos y extremos difíciles para el país. Otros lo sitúan como uno de los fundadores y el primer director del Fondo de Cultura Económica, al frente del Colegio de México dedicado a la tarea de historiador-escritor, o bien como economista. Sus facetas son múltiples, aunque a Cosío le complacía, sobre todo, ser conocido como el autor y director de los 10 tomos de la Historia Moderna de México, cinco de los cuales «los de color rojo pálido» fueron escritos por él. Don Daniel tuvo el aliento para emprender esta obra porque se sintió responsable de su país, porque para su generación, heredera de Vasconcelos, «ser revolucionario era ser creador».

Visionario de las consecuencias que el final de la guerra civil española traería por desgracia para la madre patria, no dudó en incorporar al Fondo de Cultura Económica a lo más selecto de los escritores e intelectuales que buscaron asilo en nuestro país, y así con dicho material humano, en 1938 fundó la Casa de España que en 1940 convirtió en el Colegio de México que hasta hoy sigue siendo la cantera de reconocidos académicos, historiadores, economistas, lingüistas y hombres de ciencia de renombre nacional e internacional.

Pero si su obra como constructor y fundador de las dos instituciones ya nombradas es uno de sus legados culturales fundamentales, el de crítico al poder omnímodo del presidente de la república, fue otro de sus sellos personales que lo marcarían como uno de los intelectuales más valiosos de mediados del siglo XX; pues esa «llaga política» que constituye la concentración del poder en manos solo del presidente de la república, como se lo dijo a Enrique Krauze «principia por pedir orden, trabajo, disciplina y acaba por exigir acatamiento ciego y servil, la sumisión abyecta de todo el país». (Palabra. Domingo 12 de marzo del 2006, Sección Opinión. Pág. 4)

De esta manera, desde la tribuna libre e independiente del poder en que Julio Scherer García convirtió a Excelsior, desde julio de 1968 hasta su muerte el 10 de marzo de 1976, publicó un artículo semanal, donde siempre criticó los vicios y abusos del presidencialismo en nuestro sistema político, al grado que Luis Echeverría por su aguerrida posición crítica, trato de copiarlo con todo el poder del estado (insultos, difamaciones, libelos de sus esbirros, etc.) sin lograr callarlo.

Refiere Enrique Krauze que, ante tal tsunami de acoso proveniente de Palacio Nacional, don Daniel le dijo «yo nací con una ene de ‘no’ en la frente». (Reforma. 8 de marzo del 2006), y así con esa vocación intelectual por la crítica al sistema murió.

¿Qué diría Don Daniel, si viera el estado lamentable en que el Gobierno de la 4T tiene postrado al país? Donde un presidencialismo avasallante, omnímodo y rapaz ha acabado con el estado de derecho y terminado mediante el voto «del pueblo bueno y sabio», por ejemplo, con la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que paso de ser un recinto de respetables juristas, a un refugio de chamanes y titiriteros.

Y la lista es larga e interminable de desmanes, abusos y atropellos a la Constitución que el tanto defendió, desde el arribo del obradorato al poder hasta el día de hoy, le podríamos decir a don Daniel. Pero también le decimos que al igual que él, los que dignidad tenemos seguiremos protestando ante los desvíos y atropellos a los ideales republicanos que enarboló, aunque nuestra honda sea la de David, como él lo hizo, con la ene de «no» en la frente.

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