Ganamos, perdimos, igual nos divertimos.
Niños futbolistas uruguayos
Publico, en el contexto del Mundial 2026, algunas reflexiones que surgieron de la relectura de la obra de referencia ineludible para entender el futbol, El fútbol a sol y sombra, de Eduardo Galeano. Me identifico con el autor uruguayo por un par de razones a ojos vistas. Comulgo con su sensibilidad hacia la suerte de los pobres y fue amigo entrañable de mi hermano Gilberto. Comparto con ustedes una primera mirada.
La primera parte del texto de marras va analizando cada uno de los elementos que conforman este deporte: el jugador, el arquero, el ídolo, el hincha, el fanático, el gol, etcétera. El fanático será «el hincha en el manicomio» (p. 8), el gol «el orgasmo del fútbol» (p. 9), el árbitro, el sujeto que goza con tornarse odioso, etcétera.
Luego discurre sobre los creadores de este deporte. Asegura que fueron, como en casi todo, los chinos los primeros. Pero también les concede crédito a los egipcios, a los japoneses, a los italianos y, por supuesto, a los ingleses. Recuerdo que Juan Esteban Constaín, en su novela ¡Calcio!, defiende la invención del futbol por parte de los italianos sobre los ingleses. En fin, el debate sigue abierto.
Antonio Gramsci, el destacado marxista italiano, elogió el futbol cuando lo describió como «este reino de la lealtad humana ejercida al aire libre». Galeano se pregunta: «¿en qué se parece el fútbol a Dios?» Y responde: «En la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales» (p. 36), Borges entre ellos. Pero hay excepciones como el citado Gramsci y el existencialista Camus que celebran el arte de acariciar la pelota.
El pesimista de Schopenhauer sugiere como máxima ética el neminem laede, el «nunca ofendas a nadie», junto a la otra, imo omnes, quantum potes, juva, «ayuda a todos en la medida de tus posibilidades». Máxima casi imposible de observar. Sin embargo, Galeano menciona a un jugador uruguayo, un tanto desconocido, José Piendibene, que acostumbraba no celebrar ni festejar sus goles por no ofender. Un auténtico discípulo del autor de El mundo como voluntad y representación.
El autor de Las venas abiertas de América Latina rinde un homenaje a quien considera el mejor jugador de todos los tiempos: Garrincha. La palabra garrincha remite a un pajarito inútil y feo. Garrincha, con sus dos piernas torcidas para el mismo lado, se convertirá en el mejor en su puesto en el Mundial del 58 y en el mejor jugador del campeonato en la gran justa del 62. «Pero a lo largo de sus años en las canchas, Garrincha fue más: él fue el hombre que dio más alegría en toda la historia del fútbol» (p. 118). Cierra apachurrado este apartado el gran Galeano: «Garrincha murió de su muerte: pobre, borracho y solo … Bien dicen en Brasil que si la mierda tuviera valor, los pobres nacerían sin culo» (p. 119).
«Para el hincha fanático, el placer no está en la victoria del propio club, sino en la derrota del otro» (p. 125). Esta detestable modalidad de envidia forma parte del entramado del futbol y de todo deporte. Aunque no gane mi equipo, pero que pierda el que odio. Es el tristemente célebre regodeo. La alegría ante el mal ajeno. Lamentable, pero sucede tan a menudo, que no hay forma de extirpar esta mala hierba.
A diferencia de lo que expresa el epígrafe de este artículo —«ganamos, perdimos, igual nos divertimos»— en el futbol actual se puede sostener cartesianamente aquello de «ganamos, luego somos». «En el fútbol, como en todo lo demás, está prohibido perder. En este fin de siglo, el fracaso es el único pecado que no tiene redención» (p. 230). Es la ideología yanqui del ganador a toda costa. El loser no tiene cabida en este mundo. Pero aquellos niños uruguayos llevaban razón, lo importante no es ganar, sino divertirse, y ¡que viva el homo ludens!
Se puede afirmar todavía, pese al reflujo por el que pasa la educación actual, que estudiar en alguna universidad funciona como fórmula para ascender económicamente. Pues Galeano sostiene que también el futbol cataliza el ascenso social. Cita una encuesta realizada en Brasil que muestra que dos de cada tres jugadores profesionales no han terminado la escuela primaria. Algunos de ellos llegan a ser millonarios. La mayor parte de los futbolistas, una vez que triunfan, se olvidan «del fogón, de su madre, el camisón, para ser uno más», como reza aquella pegajosa canción de Miguel Matos, y se pierden en la molicie, y a veces en los excesos.
El libro del uruguayo cierra con un tono de queja cuando señala que «cada vez más, como todo lo demás, el fútbol profesional parece regido por la UENBE (Unión de Enemigos de la Belleza), poderosa organización que no existe, pero manda» (p. 255). Y cita, desencantado, al historiador Arnold Toynbee cuando asegura que «la más consistente característica de las civilizaciones en decadencia es la tendencia a la estandarización y la uniformidad.» Hoy estaríamos en decadencia, pues el aburrimiento es el progreso, se sacraliza la uniformidad en nombre de la eficiencia y se sacrifica la libertad en los altares del éxito.
Una última palabra sobre el título de este artículo. Este Mundial se nos viene encima entre manifestaciones y protestas, entre tormentas y huracanes. Bien pude titular el artículo «Un Mundial entre marchas y lluvias» o algo por el estilo. Pero me decanté por un encabezado que hiciera alusión al libro de Galeano, fue inevitable.
Referencia:
Galeano, E. (2008). El fútbol a sol y sombra. Siglo XXI.

Me decanto por la filosofía de los infantes. Diversión. Es dar tu versión de ti en el conjunto en la diversidad. Esto lo forma un equipo de fútbol.
La maquinaria como industria de producción alrededor del fútbol es deleznable. Intereses mezquinos en sueldos, publicidad y un juego que no tiene nada de parcialidad ni el copa mundial de fútbol. Ni en los torneos que se disputan en México. El arbitraje puede definir a un campeonato y al campeón mismo.
No estoy amargado. La fiesta futbolera de sol y sombra es casi como el espectáculo taurino. Alguien va a perder y va haber derroche de sangre. Si también participo en la vorágine de las pasiones. Tanto en una corrida de toros como en el fútbol. Es fácil sucumbir al entusiasmo de las masas y sentirse parte de algo que puede destruir o divertirse.
Por eso el fútbol de niños y adolescentes es idílico e inocente. Con ese me quedo. También me quedo con el deseo de justicia de las madres buscadoras. Y con su reclamo. Un país dónde el crimen organizado hace mancuerna y binomio con el gobierno. La amalgama de políticos y narcos. Así que la FIFA también es una especie de mafia.
Otro detalle porque el equipo de Irán no puede pernoctar en territorio gringo. Y dos porqué les quieren arrebatar sus banderas a los aficionados iraníes.
Bueno sabemos que el mundo es podrido o corrompido que es la palabra común para describir lo echado a perder. Lo putefacto.
No hay mayor belleza que anotar un gol y también defenderse para no ser anotado. El para mí Ronaldinho Gaucho (Ronaldo de Assis Moreira) es él quién es el referente para mí «joga bonito» su sonrisa la diversión al máximo un genio.
El para mí es el referente máximo del fútbol. No es Messi, no Es Cristiano Ronaldo, lo es Peleé, no lo es Garrincha, ni Distefano, no lo es Maradona.
Es este jugador que nunca perdió la esencia de niño a adulto. Este jugador pobre pero rico en humanidad hoy ayuda a mucha gente de bajos recursos o pobres. Ahí está su grandeza y su «siempre risa».
El futbol soccer es hermoso cuándo es el de niñez, sonreír y divertirse. Abrazarse con el otro rival.
Lo que vemos en el mundial es una manipulación del toroide magnético frecuencial que mueve las energías de las masas. Está parte científica debe ser estudiada porque los estudios de fútbol, las arenas de los circos, los anfiteatros tienen esa forma obviamente porque el espectador puede ver todos los ángulos en el ovoide. La energía del toroide es exponencial y se necesita dos polos para moverla. Los ingenieros entenderán mejor está parte del toroide.
A dónde se encausa dicha energía tema de los gobernantes o arcontes.
Pero por eso mejor me quedo con el juego de los niños y la sonrisa del jugador de lo imposible.
Autor. V.M.G.R.
Hermes y hermenéutica.