Es así como se encuentra sumergido en una dirección sin sentido, cuestionando, exigiendo lo que se ha vivido en estos años gobernados por la alternancia, donde la desesperación personal y la ambición de unos cuantos sobrevivientes de un sistema podrido y corroído en el que emergió un México carente de muchas cosas.
Hoy esos dinosaurios de ideales quieren ver la forma de cómo resurgir de las cenizas. Ven que se está acabando lo que ellos construyeran para su beneficio y por eso la necesidad de poner el nombre del pueblo por delante, para tratar de inducir a las personas a recapacitar y regresar a lo que ellos asegura que funcionó, dio estabilidad y progreso a nuestro país —que siendo realistas, estamos muy lejos de lo que se pudo haber logrado— cuando el poder era cuestión de un solo partido. Mismo que no escatimó en fortalecerse y que veía como un imperio de su propiedad, una nación que era lastimada y sometida a las falsas promesas de cada campaña. Pensaron que el pueblo aguantaría por generaciones lo que ellos decidían, desde Los Pinos, hasta cada municipio. La alternancia fue creciendo en esa esperanza de que un día las cosas pudieran ser diferentes, algo que no era creíble pues el centralismo y oficialismo no lo permitían. Las cosas han cambiado y las viejas prácticas del nepotismo es algo que se lleva en la sangre de ese partido que lleva los colores de nuestra bandera, pero sin escuchar las voces de su pueblo, solo los intereses particulares.
El miedo los está consumiendo y aunque tienen dos gubernaturas en sus manos, saben que no es garantía de poder regresar a ser una alternativa de poder real para tener el mando de un país. La falta de memoria les hace creer que pueden resolver todo por medio del recuerdo pero solo lo bonito si es que se le puede decir así, ya que lo malo para eso no hay espacio, aunque esto sea lo que ocupa la mayor parte de su historia. El PRI no acepta su realidad su tiempo ya paso, pero la falta de memoria y el hambre del poder por el privilegio y seguir fomentando la corrupción es algo les hace creer en su mundo de ilusión que alguien los espera. Por eso en ellos es importante que la pobreza no se erradique, para tener algo que prometer o que dar de los mismos impuestos que se pagan de los ciudadanos.
Sin autonomía universitaria
Atrás quedaron los años en los que las voces de los estudiantes eran escuchadas y sus demandas atendidas. Hoy se apuesta por ser institucional y renunciar a tus sueños y convicciones para favorecer a los círculos de poder que se perpetúan por años en las universidades públicas y facultades del estado, donde el premio mayor es hacer sin temor y decir que todo es en beneficio de una sociedad. Misma que ya no es capaz de decidir y pensar de forma crítica porque ello implica ser un contrario o rebelde que al final será callado por el sistema que es controlado por ese pequeño circulo, donde la voluntad de unos es callada y se hace pensar que se les beneficia. Así el circulo se vuelve un sistema, mientras sigamos normalizando y diciendo que no pasa nada cuando es todo lo contrario.
Como sociedad tendremos a profesionistas pasivos que aceptarán poder llevar en silencio la carga de no ser escuchados. Dato alarmante ya que para poder pedir y tener mejores oportunidades es necesario que se respeten ideales, se hagan discusiones e intercambien puntos de vista sin el temor de ser silenciados o excluidos. Los universitarios tienen en sus manos la decisión de poder hacer cambiar las cosas o seguir agachando la cabeza. Lo que en su momento se luchó por autonomía, se ha convertido en una simulación perfecta, donde hay un solo mando que no viene desde las aulas o los catedráticos que se decide en cuestiones partidistas y en manos de quienes no reconocen lo que aqueja en la realidad vivida.
Esto se traduce a sociedades dormidas que no son capaces de cuestionar o razonar y así la esperanza de poder avanzar es un sueño que cada vez se pierde más de la realidad.
