El terrorista prostático

«No hay, en verdad, especialidades en la medicina, ya que para saber completamente muchas de las enfermedades más importantes, un hombre debe familiarizarse con sus manifestaciones en muchos órganos». Esta reflexión es del padre de la medicina moderna, William Osler, médico internista canadiense (1849-1919).

Indudablemente, la sociedad actual está siendo víctima de las especialidades médicas, definidas en relación a los órganos y sistemas en que teóricamente se ha dividido al cuerpo humano con fines académicos y de enseñanza. En realidad, los diversos órganos que han dado origen a las múltiples especialidades médicas, conforman un sistema: nuestro cuerpo humano individual, formado por diversos órganos como el corazón o el tubo digestivo. Pero el corazón también es un sistema formado por músculo cardiaco, válvulas, etcétera. El sistema del cuerpo humano individual forma parte de otro sistema biológico, la sociedad humana, que sucesivamente forma parte de otro gran sistema, la tierra y el universo total. De lo anterior se deduce que el estudio de un enfermo debe ser sistémico y no de un solo órgano, con una sola especialidad. Además, fisiológicamente, todos los órganos individuales dependen unos de otros lo que sugiere que si se enferma uno de los órganos puede manifestarse con alteraciones en otros órganos.

El concepto sistémico de la enfermedad abarca dos vertientes principales: la médica (fisiopatología) y la psicosocial (teoría de sistemas). En medicina, una afección sistémica es aquella que no se limita a un órgano aislado, sino que impacta tejidos, sistemas orgánicos o a todo el cuerpo. Desde la psicología y la salud familiar, analiza cómo la dolencia de un individuo altera y es afectada por su entorno social y emociona.

No tomar en cuenta lo anterior, conduce a evaluar a los enfermos como si fuesen un corazón que bombea, un tubo digestivo que ingiere y defeca excremento, o un pulmón que expulsa bióxido de carbono y aspira oxigeno o una próstata que impide orinar satisfactoriamente, sin tomar en cuenta que la afección de un órgano puede alterar el sistema corporal inserto en el sistema social y emocional.

El profesor de la Universidad de Arizona (EE. UU.) Richard Ablin, descubridor del análisis de antígeno prostático específico (PSA), asegura que este test, el más usado en el mundo para la detección del cáncer de próstata, es «demasiado caro y poco efectivo» para mantener su uso rutinario para toda la población masculina mayor de 50 años.

«Nunca soñé que este descubrimiento, que realicé hace cuatro décadas, iba a desatar un desastre para la salud pública impulsado por el ansia de ganancias», ha reconocido el profesor Ablin en un artículo publicado en The New York Times, en relación con el debate que se desarrolla en EE. UU. sobre el uso de estos test para la detección precoz de la enfermedad.

Para este experto, el análisis de PSA se ha convertido en un «desastre extremadamente costoso para la salud pública» en EE. UU., donde cambiar las indicaciones para su uso podría ahorrar muchos gastos, pues el coste anual de este examen es de al menos 2 mil 177 millones de euros, unos 3 mil millones de dólares.

«Como he intentado aclarar todos estos años, la prueba de PSA no puede detectar si una persona tiene cáncer de próstata y lo que es más importante, no puede distinguir entre dos tipos de cáncer de próstata, el que puede provocar la muerte y el que no», explicó, añadiendo que este test «simplemente revela cuánto antígeno prostático hay en sangre».

Según diversos estudios recientes citados por Ablin, la comunidad médica le está dando la espalda al análisis de PSA. Sin embargo, se sigue utilizando porque las farmacéuticas siguen vendiéndolos y los grupos de pacientes presionan para «tomar conciencia sobre el cáncer de próstata, alentando a los hombres a que se hagan los análisis».

El especialista ha precisado que este examen sólo es pertinente en hombres que ya hayan sido sometidos a tratamiento por un cáncer de próstata y para aquellos con antecedentes familiares de este tipo de tumor. «El análisis no debería abarcar a toda la población masculina mayor de 50 años», sentenció.

El antígeno prostático es una proteína formada solo por células prostáticas y sus niveles pueden dispararse cuando un tumor prolifera, pero también cuando la próstata se agranda naturalmente con la edad.

Si el test de PSA sale alto, generalmente se realiza una biopsia, una muestra del tejido prostático que se extrae y se examina para detectar si existe un tumor.

Existen datos estadísticos dramáticos: de cada mil pruebas de antígeno prostático que se realizan disque para detecta el cáncer, se beneficia a un solo paciente y se perjudica a unos 200 al realizar biopsias o cirugías imprudentes provocando hemorragias, infecciones, lesiones de vejiga, colon, condenando a muchos pacientes a utilizar pañales desechables, con disfunción eréctil permanente o a utilizar sondas vesicales permanentes. Me consta los anterior. Lo comento para que lo sepan no para que lo crean.

Lea Yatrogenia

Egresado de la Escuela de Medicina de la Universidad Veracruzana (1964-1968). En 1971, hizo un año de residencia en medicina interna en la clínica del IMSS de Torreón, Coahuila. Residencia en medicina interna en el Centro Médico Nacional del IMSS (1972-1974). Por diez años trabajó como médico internista en la clínica del IMSS en Poza Rica Veracruz (1975-1985). Lleva treinta y siete años de consulta privada en medicina interna (1975 a la fecha). Es colaborador del periódico La Opinión de Poza Rica con la columna Yatrogenia (daños provocados por el médico), de opinión médica y de orientación al público, publicada tres veces por semana desde 1986.

Deja un comentario