Elecciones en Coahuila: ¿turismo electoral?

Una de las costumbres más arraigadas entre los sistemas político-electorales de América, y sobre todo en México, es que en las campañas de procesos electorales de estados y municipios se utiliza la presencia de personajes de los partidos con influencia yen cámaras nacionales e incluso con gobernantes que gozan, en su mayoría, de cierta popularidad por sus declaraciones –sobre todo en medios nacionales–.

La estrategia para muchos funciona y pueden levantar campañas caídas y ayudan a candidatos en recorridos de calle, sobre todo para la foto y el video, que ahora se publica en redes sociales y que puede generar incluso confianza para los electores al ver a los candidatos en compañía de esas figuras.

Sin embargo, hay algunos de esos personajes que solo acuden a las jornadas de proselitismo para apoyo de los candidatos y convierten sus visitas en vacaciones electorales con una presencia alejada de beneficios para las candidaturas, incluso puede provocar disminución a las simpatías o que los electores se alejen de las propuestas de los candidatos.

Hoy vale la pena para los partidos, sus dirigentes y candidatos, los gobernantes, y sobre todo los ciudadanos, evaluar y analizar si quienes visitan entidades en procesos electorales abonan o no a la construcción, primero de la democracia, y segundo, a una mejor gobernanza de quienes representarán a los ciudadanos, en este caso del Poder Legislativo.

Las circunstancias de este tipo de prácticas generan interrogantes sobre el uso de recursos públicos para financiar y sufragar los gastos de quienes visitan las entidades y municipios, sobre todo si se cuestiona verdaderamente su conocimiento sobre los problemas reales de las sociedades en competencia electoral.

Pareciera que para estos personajes lo más importante es la contienda política y la disputa de posiciones de poder para el crecimiento de sus organismos y representar a sus partidos y negociar posiciones e incluso beneficios que no se traducen necesariamente en el crecimiento y mejora de las sociedades.

También vale la pena preguntarse si esos visitantes generan un verdadero liderazgo con proyectos de gobernanza que ofrezcan expectativas de crecimiento social para apoyar a los partidos o solo se trata de mejorar y aumentar la presencia e influencia de marcas y franquicias políticas que benefician a unos cuantos.

Hay verdaderos liderazgos que puedan abanderar proyectos de gobierno que ofrezcan resultados en el país, que se reflejen en mejores condiciones de seguridad, empleo, servicios de salud y de educación, ahí se concentra el cuestionamiento que también deben plantearse los ciudadanos.

Es válido reconocer el ejercicio de estas prácticas, si se entiende que son estrategias políticas, pero pueden resultar negativas, si los resultados de las elecciones muestran que la presencia de estas visitas no fortalece candidaturas y terminan por convertirse en «turismo» político y electoral.

Autor invitado.

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