No solo se trata de elecciones. Tampoco de los vericuetos de la administración pública en el nivel de Gobierno que sea. Por cierto, más allá de algunos detalles, muy similar en América Latina. Para hablar de democracia contemporánea es necesario contemplar el papel de los ciudadanos en la vida pública, como sujetos de derecho, sí, pero también como actores con una responsabilidad activa.
Tal vez esa sea la principal enseñanza del estudio «Democracia en América Latina: Hacia una democracia de ciudadanas y ciudadanos», publicado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), un libro fundamental para entender este concepto tan leído como mal entendido.
Lo más interesante de la edición es que en su mayor parte se separa de los conceptos académicos que alejan al lector de este tipo de estudios ensayo. Desacraliza las instituciones que suelen verse inalcanzables y propone que la participación ciudadana sea un valor fundamental. Dibuja una democracia más allá de las instituciones electorales establecidas, reconociendo su importancia, claro, pero sin limitarse solo a ellas. Redefine conceptos como el de ciudadanía social, ciudadanía civil y ciudadanía política, factores que incluso la sociología actual trata de revisar desde la vida pública.
Cuando nos concebimos como sociedades democráticas lo hacemos desde el entendimiento que contamos con elecciones permanentes y con árbitros que las garantizan, pero olvidamos que también son necesarias garantías de derechos, inclusión y formas distintas de participación ciudadana.
El estudio es necesario para reconocernos. Analiza puntualmente las diferencias latinoamericanas desde factores socioeconómicos, multiculturales e incluso de seguridad. Pero más allá de su mirada regional también muestra pequeñas radiografías de un complejo México y sus avances y obstáculos cuando se habla de democracia.
A dos décadas de su publicación, la columna vertebral de sus páginas sigue tan vigente como cierta. Ha sido objeto de debates públicos interesantes y discusiones que incluso se dan en la actualidad, buscando que la participación ciudadana sea precisamente la que solidifique la confianza en nuestras instituciones electorales.
Las campañas políticas son un mecanismo, ni más ni menos. En medio del fervor natural que estas conllevan, lo primero que suelen atacar quienes no resultan favorecidos en las urnas es precisamente su legitimidad. Como si el ciudadano no tuviera un papel fundamental en el ejercicio público, razón por la que acudir a este tipo de textos es una especie de vacuna contra la falsa información que es tan fácil de generar hoy en día.
Coahuila acaba de vivir una elección, México se prepara para iniciar un proceso electoral de gran dimensión en unos meses, y si bien buscamos mejores instituciones, árbitros y procesos democráticos, también es importante, como lo sugiere el texto, reconocer que gran parte de los ejercicios que nos garantizan democracia están avalados, realizados y diseñados por ciudadanos de a pie. Nuestros vecinos, amigos y familiares.
Desde el 2004, año de la publicación de este referente, muchas cosas han cambiado, incluyendo regímenes, partidos, instituciones, participación y garantías. En la actualidad, sectores y minorías que no contaban con representación hoy la tienen, al menos en México.
Pero recurrir a este tipo de lecturas, no deja de ser necesario. Por lo que se tiene garantizado y porque podemos seguir avanzando.
