Entre el abandono gubernamental y la búsqueda de un futuro justo

El escenario de la juventud mundial está marcado por la desigualdad, la violencia, las crisis económicas y una creciente insatisfacción democrática. En México, millones de adolescentes viven atrapados en la precariedad y bajo el asedio permanente de la delincuencia organizada

Carlo Acutis: el santo de la era digital

La situación de los jóvenes en el mundo es hoy uno de los mayores desafíos sociales, económicos y políticos del siglo XXI. La Organización de las Naciones Unida (ONU) estima que el 16% de la población mundial —unos 1,200 millones de personas— tiene entre 15 y 24 años, la mayor generación juvenil registrada. Sin embargo, su tamaño demográfico contrasta con su fragilidad estructural: padecen tasas de desempleo tres veces superiores a las de los adultos, acceso desigual a educación, precarización laboral y altos índices de violencia, especialmente en América Latina, África y partes de Asia.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) reporta que en 2024 más de 73 millones de jóvenes estaban desempleados, mientras otros 300 millones sobrevivían en empleos informales y sin seguridad social. En países desarrollados, aunque el desempleo juvenil es menor que en la década pasada, la precariedad, la crisis de vivienda y el costo de vida empujan a nuevas generaciones a posponer proyectos vitales como formar familias, estudiar o independizarse.

A esto se suma una tendencia preocupante: el aumento de adicciones, depresión y problemas de salud mental, que la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera ya una emergencia global. Los jóvenes representan el grupo con mayor prevalencia de ansiedad y suicidio en el mundo. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) advierte que los adolescentes en contextos de pobreza, violencia o discriminación tienen un acceso mínimo a servicios de salud mental, lo que agrava los riesgos.

En América Latina, donde la desigualdad estructural marca el futuro de millones, la situación es crítica. La CIDH documenta que los jóvenes —especialmente los más pobres— se ven atrapados en dinámicas de violencia criminal, reclutamiento forzado y violaciones sistemáticas de derechos humanos. México, Brasil, Colombia y Centroamérica presentan algunos de los índices más altos de homicidios de jóvenes en el mundo.

En el ámbito político, el desencanto es generalizado. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el 67% de los jóvenes en países democráticos consideran que sus Gobiernos «no los representan», y en regiones como América Latina la cifra supera el 80%. El desinterés no implica apatía: muchos han encontrado en el activismo, la protesta y las redes sociales nuevas formas de participación, incluso con más impacto que los canales tradicionales.

En contraste con este panorama crítico, una nueva generación de líderes emergentes demuestra que el poder político también está experimentando un cambio acelerado. Jóvenes como Gabriel Boric en Chile o Zohran Mamdani en Nueva York representan una renovación ideológica y cultural que está alterando las estructuras políticas tradicionales. Sin embargo, estos avances coexisten con realidades brutales, como el asesinato del alcalde de Uruapan perpetrado —según reportes oficiales— por un menor de 17 años, hecho que simboliza la fractura social mexicana.

Crisis global

A escala mundial, los jóvenes son las primeras víctimas de las crisis económicas. La ONU y la OIT coinciden en que la recuperación tras la pandemia ha sido desigual: mientras los adultos recuperaron empleos y salarios, la población joven quedó rezagada. Muchos trabajan sin contrato, en economías de plataformas o migran en busca de ingresos estables.

La falta de acceso a educación de calidad es otro factor central. Aunque hoy más jóvenes están escolarizados que en cualquier otra época, la brecha entre países ricos y pobres se ha ampliado. La UNESCO reporta que más de 260 millones de niños y jóvenes quedaron fuera del sistema educativo en 2024, especialmente en África subsahariana y zonas afectadas por conflictos.

En países desarrollados, la educación no garantiza movilidad social. Millones de jóvenes se endeudan para estudiar y luego no encuentran empleos acordes a su formación. Este fenómeno —conocido como «sobreeducación precaria»— afecta particularmente a Estados Unidos, España, Reino Unido e Italia.

El costo de vivienda ha empeorado la precariedad juvenil. Según la OCDE, los jóvenes necesitan hoy de dos a tres veces más años de ingresos para adquirir una vivienda en comparación con los años noventa. Esto está retrasando la independencia económica y el desarrollo emocional de las nuevas generaciones.

La frustración generada por este modelo de precariedad estructural está detrás del aumento del nihilismo político, la migración masiva y el crecimiento de movimientos juveniles radicales, tanto de izquierda como de derecha.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos advierte que, sin oportunidades reales, la juventud corre el riesgo de convertirse en una generación perdida, sin expectativas de futuro y con un debilitado sentido de pertenencia a las instituciones democráticas.

Plata o plomo

En numerosas regiones, ser joven implica riesgo de muerte. América Latina es la más peligrosa del mundo para adolescentes: registra más del 40% de los homicidios juveniles globales, pese a representar solo 8% de la población mundial.

En México, esta crisis se expresa con crudeza. El asesinato del alcalde electo de Uruapan, Carlos Manzo, ocurrido el 1 de noviembre pasado, involucra a un presunto agresor de apenas 17 años, Víctor Manuel Ubaldo Vidales, detenido días después. El caso, que conmocionó al país, exhibe cómo el crimen organizado opera mediante el reclutamiento de menores, cuya responsabilidad penal es limitada y su vulnerabilidad absoluta.

Este fenómeno no es aislado: la Secretaría de Gobernación ha documentado que entre 30 mil y 45 mil menores podrían estar vinculados a actividades criminales en México, desde halconeo hasta sicariato. La falta de oportunidades educativas, la violencia familiar y la ausencia del Estado son los principales factores de riesgo.

Las adicciones completan este círculo vicioso. La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD), una organización de la ONU encargada de luchar contra las drogas ilícitas, la delincuencia organizada, la corrupción y el terrorismo, reporta que el consumo temprano de drogas crece con rapidez, especialmente el fentanilo, cuyo impacto en América del Norte ha alcanzado niveles epidémicos. La OMS señala que la falta de servicios de atención en salud mental profundiza las consecuencias, generando crisis de ansiedad, depresiones severas y suicidios.

La juventud está experimentando además un fenómeno global: la hiperconectividad y la vida digital, que exacerban trastornos como aislamiento, adicción a pantallas, ciberacoso y patrones de comportamiento compulsivo. Sin políticas integrales de apoyo psicosocial, prevención y oportunidades económicas, los jóvenes seguirán siendo quienes más sufran estas dinámicas de violencia y abandono.

Nueva generación al poder

Pese al panorama adverso, nunca en la historia reciente tantos jóvenes habían alcanzado cargos de relevancia política. En países donde la participación juvenil parecía en declive, han surgido liderazgos que desafían estructuras tradicionales y renuevan agendas públicas.

El 4 de noviembre de 2025, Zohran Mamdani, de 32 años, hijo de inmigrantes ugandeses e indios, fue electo alcalde de Nueva York, convirtiéndose en uno de los mandatarios urbanos más jóvenes en Estados Unidos. Asumirá el cargo el 1 de enero de 2026 con una agenda que prioriza vivienda accesible, reforma policial y justicia climática.

Otro caso emblemático es el de Alexandria Ocasio-Cortez, congresista que fue electa a los 29 años como la mujer más joven en llegar al Congreso de Estados Unidos. Su ascenso marcó un parteaguas al evidenciar que los jóvenes pueden irrumpir en estructuras bipartidistas rígidas.

En América Latina, Gabriel Boric, electo a los 35 años como presidente de Chile en 2021, encarnó el liderazgo juvenil surgido de movimientos estudiantiles y de protesta social. Su victoria mostró que la nueva generación no solo protesta: también gobierna.

Otros ejemplos incluyen a Sanna Marin (Finlandia), quien asumió como primera ministra a los 34 años; Ibrahim Traoré en Burkina Faso, líder golpista que asumió el poder con 34 años; y decenas de parlamentarios jóvenes en Europa, África y Asia que están redefiniendo la agenda pública.

En África occidental y el sudeste asiático también se observa una renovación acelerada. En países como Gambia, Senegal o Timor Oriental, legisladores menores de 40 años han impulsado reformas anticorrupción, agendas climáticas y transformaciones en derechos reproductivos. Su presencia en cuerpos legislativos históricamente dominados por élites mayores está modificando los equilibrios internos y presionando a los partidos tradicionales a modernizarse.

La Unión Europea, por su parte, registra un incremento sostenido de eurodiputados jóvenes. En las elecciones de 2024, casi el 20% de los escaños fue ocupado por representantes menores de 40 años, muchos de ellos provenientes de movimientos ambientalistas y plataformas digitales. Su llegada ha acelerado discusiones sobre inteligencia artificial, vivienda, transición verde y derechos digitales, temas que antes ocupaban un lugar marginal en Bruselas pero que hoy marcan el pulso de la agenda continental.

Este resurgimiento no es casual. El PNUD ha documentado que, pese al desencanto con sistemas democráticos, los jóvenes están más politizados que nunca, pero desde lógicas alternativas: activismo climático, justicia racial, feminismo, vivienda y derechos digitales.

La próxima década podría marcar un viraje histórico: o los jóvenes transforman la política desde dentro, o su exclusión seguirá alimentando estallidos sociales. E4

México, generación en la encrucijada

DatoCifra clave
Población joven (12–29 años)30.4 millones — 23.3% de la población total
Jóvenes económicamente activos (15–29)15.9 millones (≈ 52.3% del total de jóvenes)
Tasa de desocupación juvenil (15–24 años)5.9% (o 4.8% según medición), la más baja entre los países de Latinoamérica
Porcentaje de desocupados que tienen entre 15-24 años32.6% de los desocupados (septiembre 2025)
Tasa de informalidad laboral general (población ocupada)54.8% (segundo trimestre 2025)
Subocupación (población ocupada que busca más horas)7.2% (segundo trimestre 2025)
Homicidios de jóvenes (15–29 años)34% de todos los homicidios del país
Menores reclutados por el crimen organizado30,000–45,000
Jóvenes víctimas de desaparición1 de cada 4 desaparecidos es joven
Tasa de suicidio en jóvenes (15–29 años)9.3 por cada 100 mil
Adolescentes consumidores de drogas ilícitas3.3%, con aumento en fentanilo
Jóvenes sin acceso a educación superiorMás del 60%
Jóvenes que desconfían del Gobierno72%
Jóvenes en pobreza14.7 millones

Fuente: Con datos de Inegi, OIT, SESNSP, Segob, RNPDNO, Encodat, SEP, ANUIES, ENADE y Coneval

La situación de los jóvenes en el mundo

DatoCifra clave
Población mundial joven (15–24 años)1,210 millones (16% de la población mundial)
Jóvenes desempleados~73 millones (último dato consolidado)
Tasa global de desempleo juvenil13.6% (promedio mundial)
Jóvenes en empleos informales> 300 millones
Jóvenes que no estudian ni trabajan (NEET)282 millones (estimación global)
Jóvenes fuera de la escuela~260 millones
Homicidios juveniles (comparativo regional)América Latina concentra 40% de los homicidios juveniles del mundo
Suicidio en jóvenes (15–29 años)Segunda causa de muerte global en ese grupo de edad
Adolescentes con depresión o ansiedad1 de cada 7
Jóvenes migrantes internacionales31 millones
Desconfianza juvenil hacia Gobiernos67% en democracias desarrolladas
Jóvenes en América Latina que creen que su voto no cambia nada>50%
Participación juvenil en activismo climático>14 millones participan en redes y campañas globales

Fuente: Con datos de ONU, OIT, UNESCO, ONUDD, OMS, PNUD y Latinobarómetro


Carlo Acutis: el santo de la era digital

Carlo Acutis (1991–2006) se ha convertido en una de las figuras jóvenes más influyentes dentro del catolicismo contemporáneo. Nacido en Londres y criado en Italia, destacó desde temprana edad por su habilidad en la programación informática, talento que utilizó para un propósito singular: documentar y clasificar milagros eucarísticos y apariciones marianas aprobadas por la Iglesia. Su página web, creada cuando aún era un adolescente, es hoy una de las recopilaciones digitales más consultadas en el mundo católico.

Fiel devoto de la eucaristía, Acutis asumió desde niño un compromiso espiritual poco común entre sus contemporáneos. Su vida estuvo marcada por un fuerte liderazgo juvenil en la fe, aun cuando enfrentaba dificultades personales. En 2006, a los 15 años, murió a causa de una leucemia fulminante, dejando tras de sí un ejemplo de santidad moderna y accesible para las nuevas generaciones.

La Iglesia católica reconoció oficialmente un primer milagro atribuido a su intercesión, lo que llevó a su beatificación el 10 de octubre de 2020 en Asís. El 23 de mayo de 2024 se anunció la aprobación de un segundo milagro, lo que abrió el camino a su canonización. Aunque la ceremonia prevista para abril de 2025 fue pospuesta debido a la muerte del papa Francisco, finalmente el 7 de septiembre de 2025, el papa León XIV lo canonizó junto a Pier Giorgio Frassati, convirtiéndolo en uno de los santos más jóvenes de la historia reciente.

Acutis también se convirtió en un símbolo del diálogo entre fe y tecnología, un terreno donde la Iglesia enfrenta desafíos profundos. Su manera de comunicar, cercana y accesible, demostró que los medios digitales pueden ser herramientas de evangelización, no solo espacios de distracción o conflicto. Para muchos jóvenes católicos, Carlo representa la idea de que la espiritualidad puede convivir con la era de las redes sociales sin perder autenticidad.

El impacto de su figura ha trascendido Europa y se ha extendido a América Latina, donde su devoción crece con rapidez. Iglesias, colegios y grupos juveniles han adoptado su testimonio como una referencia de vida sencilla, solidaria y profundamente vinculada a la comunidad. En países marcados por violencia y crisis social, su historia ofrece un modelo de esperanza y propósito para adolescentes que buscan sentido en un entorno fragmentado.

La canonización de Acutis también reabrió la discusión sobre el papel de los santos jóvenes en el imaginario religioso contemporáneo. Su vida, marcada por la brevedad y la intensidad, contrasta con la figura tradicional de santidad asociada al claustro, al martirio antiguo o a trayectorias largas dentro de órdenes religiosas. Carlo encarna una espiritualidad del presente: un santo que navegaba internet, jugaba videojuegos y vivía los mismos dilemas que millones de jóvenes, pero con un anclaje profundo en la fe. E4

Argentina, 1977. Periodista, editor y corrector de periódicos mexicanos y argentinos. Estudió Comunicación Social y Corrección Periodística y Editorial en Santa Fe, Argentina. Actualmente es jefe de Redacción de Espacio 4, donde trabaja desde hace más de diez años.

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