Entre sumas y restas

Tan efectivo es el método de las sumas y las restas que es necesario recordarlas para no salir con cuentas mochas, y es así como lo deben entender los partidos políticos, principalmente Morena y PT, ya que aparentemente la unión a nivel Coahuila no es algo que se les da muy seguido, y de continuar con la misma fórmula de dividir para restar lo único que están haciendo es que la oposición esté tranquila y vea a su rival de manera más débil y cada vez más lejano de consolidarse. Mientras siguen la misma catedra, pero de perspectiva diferente, PRI y PAN. Este último busca alimentarse de donde y como sea, aunque esto implique ser el títere del tricolor.

Defender y aplaudir todo lo que emane del partido que se resiste a morir y ser sepultado en la historia de un país que trata de despertar del letargo en el que estuvo sumido, y un Coahuila que ya ha demostrado en algunas ocasiones su descontento con la hegemonía del PRI, pero que no ha sido lo suficiente para que en las urnas se refleje lo que una estructura partidista bien trabajada a hecho y salir bien librado al tricolor. Es verdad que el año próximo las elecciones locales de diputados serán una prueba de fuego, aunque no definitiva , ya que por ahí andan personajes de Morena y PT que se sienten con la legitimidad de representar la Cuarta Transformación a nivel local y eso mismo es lo que costó la derrota en el año 2023.

Si a eso le sumamos las pequeñas, pero grandes fricciones internas que se hacen públicas entre mismos militantes o legisladores, el panorama es muy desalentador y no hay que ser videntes para saberlo, ya que los números y resultado son palpables y están a la vista de todos. Por otro lado, para mantener un aliado incómodo, pero necesario, sabemos que el PRI se puede ver generoso con el PAN y, para que este no pierda su registro a nivel estatal, hacer un préstamo en estructura donde la militancia pueda votar por el blanquiazul y así tener un poco más de oxígeno a favor. No para buscar competir, solo para sobrevivir y, en algún momento, que sea de señalar al partido Morena. Decir que ambos partidos opositores están en contra. La tarea es sencilla: o se demuestra lo aprendido o se arriesgan a perder por no recordar estas operaciones básicas de primaria.

Así que ya veremos cómo funcionan las cosas. Si gana la institucionalidad interna o, dentro del merecimiento y el yo quiero ser, se ve un panorama distinto. Por lo pronto la clase ya empezó y el primer examen es el año próximo. Para quien haya hecho apuntes es momento de repasarlos, para que no digan yo no sabía, yo creía o yo esperaba.

No volver a sentirse relegados

Un estandarte de los Gobiernos morenistas es el siguiente: «Hay que devolver al pueblo lo robado» y eso quedó claro. Y no solo se refiere a la situación monetaria, es también a la libertad de poder participar de manera más abierta en situaciones que el Gobierno mantenía como si fueran los secretos de la existencia humana. Dentro de los mismos partidos hay quienes hacen todo lo necesario por distorsionar la información y hacer ver que lo que hoy se maneja distinto es algo en lo que el mismo pueblo no debería de estar tan participativo o receptivo ya que eso pareciera ser una manipulación.

En este entorno es verdad que el pueblo se sometió a una situación institucional donde el PRI, dentro y fuera de sus filas, impuso el mensaje de ser leal sin cuestionar, reprochar o incluso poner en duda lo que era oficial y así debía mantenerse por generaciones. Hasta que, en el año 2000, en un pequeño respiro, ganó el PAN la presidencia de la república y, aun así, el dinosaurio sin cabeza, pero con tentáculos en cada estado, tardó 12 años en regresar al poder para tratar de reordenarse y decir no pasa nada.

Tras un nuevo fracaso en 2018 perdió lo que parecía sería un procedimiento más de rutina. Es ahí donde el pueblo está despertando. No será un proceso fácil, pero sí lleva tiempo ya que de momento se empieza por reeducarlo y haciendo parte de lo que él siempre fue, pero no se le tomaba en cuenta, mas que en tiempos electorales. Y una vez consumado el triunfo, el Gobierno era de oídos sordos, algo ciego y, en ocasiones, manco, para lo que la mayoría pedía, pero no para las minorías. Mismas que se imponían de una manera equivocada. La tarea no es fácil, pero si entendemos con madurez y sensatez, estaremos aprendiendo a ser un poco democráticos, con conciencia y poder de decisión, y donde se pudiera ver que en algún momento el abstencionismo no sea el rival más grande.

El pueblo debe sentirse importante en todo momento y en las decisiones que sus Gobiernos ejecutan y es ahí donde no se deben dejar de lado las necesidades y prioridades que aquejan a una nación. Devolver al pueblo lo robado también es hablar de sueños, de participación, de decisiones y de aspiraciones. Solo hay que darnos la oportunidad de sentirnos participes de ello.

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