Este epíteto: «Idiota Útil» (IÚ) que ha sido atribuido a Lenin, se refiere a favorecer causas económicas, políticas o ideológicas que en realidad no comprenden personas o grupos que participan en movimientos sociales de los que desconocen sus fuentes y, aún más, sus posibles consecuencias. Aun así, se entregan a ellos. Pero entonces ¿Qué es lo que mueve todas las ambiciones humanas? Veamos:
Ahora el dictador naranja gringo se apresta a destruir naciones que no le complacen, en las que no puede obtener ganancias personales, como le espetó en su cara, en su oficina oval y ante el príncipe saudí, una destacada periodista americana, al preguntarle, acusándolo, de obtener su familia riquezas desde la misma presidencia. Por ello necesita, le urge, tomar decisiones totalitarias que perjudican los derechos humanos y los de las
naciones afectadas.
Veamos estos dos ejemplos precisos y actuales: Él y Rusia acordaron 28 puntos de la paz en Ucrania legando al dictador Putin gran parte de ella, pero absorbiendo la región de las tierras raras, además, dejaron completamente fuera del acuerdo a la Unión Europea que ha entregado miles de millones de euros en armamento y a los propios ucranianos que primero se enteraron del acuerdo por los medios de comunicación.
Solicitó pena de muerte para los seis congresistas demócratas que están exigiendo al Pentágono y a los organismos de seguridad e inteligencia americanos que no cumplan las órdenes de actos ilegales o contra la constitución de EE. UU.
¿Por qué atacar a Venezuela?, ¡por el petróleo! La mayor reserva del mundo.
Porque ahora a México: por litio, petróleo, oro, plata y otras riquezas naturales; comercio con la Unión Europea en euros, con China en yuanes, con India en rupias y con Rusia en rublos, dejando abandonado al dólar.
Prepara invadirnos con el pretexto del narcotráfico y yo le pregunto a mis amigos lectores: ¿si falta el consumo, tiene caso seguir produciendo y distribuyendo? Me explico, en lugar de mandar el Ejército a invadir México, ¿por qué no lo manda a cuidar las zonas zombis en los «paraísos del fentanilo» como Filadelfia? Si mueren miles de norteamericanos al año, proteja su propio territorio, pero ese es mero pretexto que los IÚs mexicanos no lo quieren entender, moderen momentáneamente su odio hacía el actual Gobierno federal y reflexionen sobre la realidad de su vida; lean o vean La Casa de los Espíritus, obra de Isabel Allende (1982), para que conozcan lo que sucede a los IÚs que apoyan a un dictador a llegar al poder.
El pequeño dictador azteca, usurero, agiotista, evasor de impuestos que utiliza a la virgen de Guadalupe como escudo, por lo que a mí, como católico mexicano, me ofende ese uso gansteril de la Madre de México; otros, los ultraderechistas nazifascistas del narcoPRIANismo le aplauden (entre ellos obispos y sacerdotes «maiceados»).
Parafraseando a Belisario Domínguez en su discurso contra Victoriano Huerta, este individuo «Está dispuesto a bañar en sangre a todo México, antes de él perder su poder y fortuna» y financia marchas de jovenaZoZ de 50, 60 y 70 años, como a los que pude saludar de lejos en Torreón, porque son mis contemporáneos; acudí solamente como observador, sin compromiso alguno; desde 1968 no participo en marchas.
Ahí lo que sobraron fueron los insultos, porque cuando los argumentos faltan y la frustración crece enfermizamente, la calumnia y la ofensa los suplen; aunque existen injurias que dignifican a quienes se lanzan por proceder de quienes las crean y culmino con dos frases del político inglés Winston Churchill muy apropiadas al caso: «Las cometas se elevan más altas contra el viento, no a favor de él» y «Nunca llegarás a tu destino si te detienes a tirarle piedras a cualquier perro que ladre».
El pobre de derecha ante usura y aporofobia
La declaración del usurero y evasor fiscal más conocido en México: «si una persona gana 8 mil pesos al mes, se debe a que no ha adquirido el conocimiento necesario, ni se ha dado valor a si para producir la riqueza que podría producir». Resumiendo, esta imprecación con la frase: «Por eso digo es que estamos como estamos porque somos como somos».
Dicha por este cicatero que ha hecho su fortuna robando al erario, pidiendo préstamo que jamás ha pagado y defraudando a los clientes de sus tiendas y banco, suenan a agravio superlativo.
Idéntico vituperio escuchamos en año pasado de la candidata narcoprianista a la presidencia de la república cuando injurió al pueblo aseverando: «si a los 60 años no tienes un patrimonio, eres bien güey».
Ambos execrables improperios responsabilizan a los mexicanos por su situación económica, minimizando factores socioeconómicos como la obligatoriedad de los empleadores de remunerar con justicia a sus trabajadores o que el gobierno establezca salarios mínimos decorosos, algo que por décadas no sucedió hasta hace siete años.
La filósofa Adela Cortina creo el término «Aporofobia» fenómeno social que se manifiesta como hostilidad, desprecio o indiferencia hacia personas sin recursos económicos, sin hogar, migrantes pobres o marginados. Ésta es producto de prejuicios sociales y al estilo del dictador naranja de EE. UU. quien asocia pobreza y migración con delincuencia, vagancia o falta de esfuerzo. Este acto inhumano invisibiliza el sufrimiento de los más vulnerables, a ellos se les impide recibir servicios médicos, educativos o laborales por apariencia o condición económica.
Recientemente (2024) se publicó el libro El pobre de derecha, con el subtítulo «La venganza de los bastardos», escrito por el sociólogo brasileño Jessé Souza. La pregunta central de esta obra es ¿Por qué una parte significativa de los pobres vota masivamente en todo el mundo por candidatos de la derecha radicalizada? ¿Cómo fue que sucedió esto?
En México diríamos, ¿por qué aún les creen a los delincuentes prianistas y emcistas si viven de robar las arcas públicas, saquear estados, municipios y algunos organismos descentralizados?
Souza desestima que se trate solamente de razones de índole económica el que haya pobres apostando por los nazifascistas de la extrema derecha, que habitualmente perjudican a los más desprotegidos y privilegian a los más poderosos. Entonces: ¿cuáles son esas razones? Responde el sociólogo brasileño: «razones morales/religiosas» y elabora una interesante teoría llamada «Síndrome del Joker».
Utiliza al personaje de la película El Joker. Analiza que este antihéroe es pobre, cuida de una madre enferma y es constantemente humillado en casa, en el trabajo y en la calle. Humillado por su propia madre, por sus colegas, por el gobierno, por todos los otros, sufre precisamente por esa humillación una herida moral que el sistema genera en los pobres y es a partir de ella que se produce esa reacción que los termina arrojando a los brazos de la derecha radicalizada que les ofrece un lugar sagrado en la tierra y un paraíso post mortem, en el cual sentirse más poderoso y hasta derivar su resentimiento mediante la agresión a los más débiles aún que ellos; con mentiras destroza, niega y hasta se burla de los derechos sociales generados por la izquierda, como programas sociales de desarrollo de adultos mayores, jóvenes y madres solteras y bajo un «Falso Moralismo», las elites construyen para legitimar un nuevo racismo, no étnico, sino cultural, llevando a los pobres a votar contra sus propios intereses, incluso, se alían con la clase media aspiracionista, esa que sueña ser lo que no es; apenas rebasa entre cinco y diez veces el salario mínimo, vive en una casa más amplia que las de «interés social» y se cree de la «Alta» o que ya se va aproximando, sin ver que es tan explotado o más que el simple obrero. No tiene capacidad de ver la realidad clasista en que se mueve.
Según Napoleón Bonaparte, «la manera más segura de permanecer pobre es siendo un hombre honesto», por lo tanto, ninguno de los personajes individuales o partidos políticos antes nombrados lo es y ninguno se avergüenza de su carácter.
