Esófago nervioso

La disfagia, dificultad para deglutir, se refiere a anomalías en el tránsito de alimento o líquido de la boca a la laringofaringe o por el esófago. La disfagia grave puede afectar la nutrición, causar aspiración y reducir la calidad de vida. Es un síntoma muy frecuente, la mayoría de las veces es benigno pero muy alarmante, lo que propicia suponer diagnósticos graves, con solicitudes de estudios y prescripción exagerada y costosa de medicamentos.

La mayoría de las veces, la disfagia se relaciona con estados de ansiedad que provocan espasmo exagerados de los movimientos anormales de faringe y del esófago.

A continuación, se definen términos adicionales referentes a la disfunción de la deglución.

Afagia indica obstrucción esofágica completa, casi siempre en la situación aguda de impactación de bolo alimentario o de un cuerpo extraño. La obstrucción completa es poco frecuente. El cáncer de esófago o la estenosis benigna por esofagitis crónica son causa muy raras de obstrucción completa.

La odinofagia se refiere a la deglución dolorosa, casi siempre derivada de la ulceración mucosa en la bucofaringe o el esófago. Muchas veces se acompaña de disfagia, pero lo contrario no es verdad. Las infecciones agudas de faringe son la causa más frecuente de deglución dolorosa.

El globo faríngeo es la sensación de cuerpo extraño circunscrita en el cuello, aunque no interfiere con la deglución y en algunas ocasiones se alivia con esta. También se le llama «globo histérico» porque se observa con mucha frecuencia en personas ansiosas en las cuales las descargas de adrenalina provocan espasmos del músculo liso esofágico: «como si se me atorara un globo, doctor». Así relatan los enfermos.

La disfagia de transferencia a menudo causa regurgitación nasal y aspiración pulmonar durante la deglución, es característica de la disfagia bucofaríngea. Este signo se puede presentar cuando en el momento de la deglución, se nos ocurre hablar o cuando en forma precipitada intentamos deglutir los alimentos en forma rápida.

La regurgitación esofágica típica se caracteriza por la presencia de residuos de alimentos en la garganta y hasta la nariz, regurgitados varias horas después de la deglución, residuos que en ocasiones hay que escupirlos o «sonarse la nariz» para expulsar pedazos de tortilla, chorizo con huevo, pedazos de carne sin digerir. La regurgitación se debe a una disfunción del esfínter esofágico inferior en la unión con el estómago por mal funcionamiento de ese esfínter, con o sin hernia hiatal.

¡Y atención!, muchos de estos casos de supuesta hernia hiatal con regurgitación se confunden con gastritis y esofagitis para lo que reciben el popular omeprazol y sus semejantes por semanas, meses y hasta años, sin resultado alguno. La mayoría de estos casos en realidad padecen de estreñimiento crónico que dificulta el vaciamiento del estómago y las «regurgitaciones» desaparecen rápidamente tan pronto se corrige el vaciamiento del colon.

La fagofobia (temor a deglutir) y la renuencia a deglutir pueden ser de origen psicógeno o derivadas de la ansiedad anticipatoria por obstrucción con el bolo alimentario, odinofagia o aspiración.

He observado pacientes gravemente anémicos y desnutridos por temor a deglutir. Uno de ellos tuvo un espasmo esofágico con atoramiento del alimento durante la deglución con disnea que hasta le hizo cambiar la piel al tono morado por el espasmo esofágico que cerró la entrada de aire a la faringe y tráquea. Quedó tan traumado emocionalmente que tuvo la necesidad de consultar con gastroenterología donde le hicieron hasta dos endoscopias esófago gástricas, reportadas como normales, es decir, sin lesión anatómica en esófago o estómago que le impidiera deglutir. Durante unos seis meses estuvo recibiendo medicamentos para esofagitis gastritis: gel de aluminio, omeprazol, esomeprazol, lansoprazol, prescritos por varios médicos, ranitidina, vitaminas y otros fármacos sin resultado alguno. Sus estudios mostraron anemia crónica con 7 gramos de hemoglobina (normal 12 gramos mínimo).

Le indicaron un tratamiento con eritropoyetina para estimular la formación de glóbulos rojos en la médula ósea. Esta hormona, normalmente generada en nuestros riñones, mejora la anemia en pacientes con insuficiencia renal de los diabéticos ya que la lesión renal disminuye la formación, obviamente en este caso no mejoró la anemia cuya causa era la disminución de nutrientes en la dieta.

Ningún colega relacionó la desnutrición y anemia con el trauma emocional provocado por el espasmo esofágico, el globo histérico que desencadenó el miedo a comer, la fagofagia. Solicitaron mi apoyo y opinión porque le proponían una tercera endoscopía y ya no tenían solvencia económica. Expliqué a la enferma y unos cinco miembros de su familia el mecanismo psicológico por el cual tenía miedo a comer, les aclaré que no había ninguna lesión anatómica grave, les propuse que fuesen a comprar algunas galletas y leche y durante la consulta convencí a la enferma de que comiera galletas e ingiriera leche, le expliqué que no correría peligro alguno estando yo presente. Había una neurosis familiar, todos los familiares compartían el miedo y terror de la enferma, quien no entendía ni asimilaba mi explicación. Por fortuna, los familiares sí se convencieron de mi diagnóstico y me ayudaron a convencer a la enferma logrando que tomara leche y engullera unas cinco galletas y al comprobar que no hubo peligro, finalmente se convenció parcialmente. Expliqué a los familiares que paulatinamente la apoyaran para que, en pequeñas raciones, comiera todos los alimentos recomendados.

Un hecho esencial para convencer a la familia y a la enferma fue que, si en los meses previos recibió e ingirió varios múltiples medicamentos en tabletas y jarabes y agua sin dificultad, ni siquiera manifestar náuseas o vómitos, su foco de alarma emocional era en contra de los alimentos sólidos que le habían provocado el trauma emocional y ahí enfocamos el tratamiento, borrar ese trauma.

Al mes, la enferma había recuperado cinco de los 10 kilos deficientes y la hemoglobina había subido a 9 gramos, sin ningún medicamento.

Lea Yatrogenia

Egresado de la Escuela de Medicina de la Universidad Veracruzana (1964-1968). En 1971, hizo un año de residencia en medicina interna en la clínica del IMSS de Torreón, Coahuila. Residencia en medicina interna en el Centro Médico Nacional del IMSS (1972-1974). Por diez años trabajó como médico internista en la clínica del IMSS en Poza Rica Veracruz (1975-1985). Lleva treinta y siete años de consulta privada en medicina interna (1975 a la fecha). Es colaborador del periódico La Opinión de Poza Rica con la columna Yatrogenia (daños provocados por el médico), de opinión médica y de orientación al público, publicada tres veces por semana desde 1986.

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