Estados Unidos y su literatura

Primera de dos partes

Como mexicanos, en ocasiones nos molesta que se nos represente como personas con sombrero y botas en todos lados. Más aún cuando en una serie o caricatura hacen referencia a nuestro país. Si bien el estereotipo puede ser una herramienta rápida para ponernos en contexto, también puede resultar bastante injusto.

A nuestros vecinos del otro lado también les sucede. Con frecuencia son representados como personas frías, obsesionadas con el consumo y con graves problemas de sobrepeso. Lo lamentable es que muchos de estos productos mediáticos no se dan el espacio para profundizar más allá del estereotipo y hablar, por ejemplo, de la enorme importancia que Estados Unidos ha tenido en la literatura.

Volteemos a nuestro librero o hagamos memoria de lo que hemos leído: ¿cuántos libros de autoras y autores estadounidenses han pasado por nuestras manos? ¿Qué tan presente está su influencia literaria en nuestra vida?

Tal vez pensemos que son pocos. Pero la cifra seguramente aumenta si agregamos todas esas series y películas que están en nuestro top y que están basadas en libros.

Se considera que el primer libro impreso en lo que hoy es Estados Unidos fue The Bay Psalm Book (El Libro de Salmos de la Bahía), publicado en 1640 en Cambridge, Massachusetts. Era una traducción al inglés de los Salmos realizada por colonos puritanos y es reconocido como el primer libro impreso en las colonias británicas de Norteamérica.

Por otro lado, The Power of Sympathy (El poder de la simpatía), publicada en 1789, suele ser considerada la primera novela escrita por un estadounidense y publicada en Estados Unidos. Fue escrita por William Hill Brown (1765–1793) y publicada originalmente de forma anónima en Boston. Es una novela epistolar —es decir, la historia se desarrolla mediante cartas— centrada en el amor, la seducción y las consecuencias sociales y morales de las relaciones sentimentales.

Imaginen que, como Thanos en una película de Avengers, un día pudiéramos tronar los dedos y hacer desaparecer toda una cultura o un país. Y no solamente borrarlo en ese momento, sino eliminarlo de toda la historia. Claro que sería un caos. Pero también sería un ejercicio interesante para comprender la globalización y descubrir hasta qué punto las naciones y sus culturas estamos entrelazadas.

Con un tronido de dedos desaparecería el legado literario de autores como Danielle Steel, Dr. Seuss, Dean Koontz, Nora Roberts, Gilbert Patten, James Patterson, Stephen King, R. L. Stine y Sidney Sheldon, entre muchos otros.

También desaparecerían de nuestros libreros algunas de las obras de autores estadounidenses con mayores ventas y difusión internacional: El código Da Vinci, de Dan Brown; El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger; Matar a un ruiseñor, de Harper Lee; Lo que el viento se llevó, de Margaret Mitchell; El valle de las muñecas, de Jacqueline Susann; Los juegos del hambre, de Suzanne Collins; El gran Gatsby, de F. Scott Fitzgerald; y Crepúsculo, de Stephenie Meyer.

Y entonces quizá comenzaríamos a dimensionar cuánto de Estados Unidos existe también en nuestros propios referentes culturales.

Promotor cultural.

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