La presidenta Sheinbaum afirmó que Omar García Harfuch no enfrenta amenazas y que su ausencia en los actos oficiales responde únicamente a la carga de trabajo que mantiene al frente de la dependencia. «A veces viene, a veces tiene mucho trabajo y decide no asistir» a manera de explicar la ausencia del funcionario en el evento al que asistió todos los funcionarios, legisladores, gobernadores y la cúpula de Morena.
Se entiende que la presidenta Sheinbaum no genere alerta ni active lo que es obvio, el funcionario es el objetivo de los grupos criminales. Se le debe proteger y que no sean razones políticas como la asistencia a eventos masivos las que lo lleven a exponerse. Desde el Gobierno se ha emprendido la lucha contra el crimen organizado, además de dejar expuesta la corrupción generalizada en las altas esferas del Gobierno que acompaña al robo y a la importación ilegal de combustibles.
Ya en otra ocasión García Harfuch, como responsable de seguridad pública de la Ciudad de México, por menos, salvó la vida milagrosamente de un atentado organizado por el CJNG y en el que perecieron dos de sus escoltas y él resultó herido por tres balas. Durante tres minutos 20 sicarios dispararon 414 veces al vehículo que le transportaba utilizando fusiles tipo Barret, lanza granadas y bombas de fragmentación.
La acción contra el crimen organizado es la decisión más relevante de la presidenta Sheinbaum y todavía más que se haya puesto al descubierto la acción criminal desde la Marina asociada a la importación ilegal de combustibles, lo que incrimina, por acción u omisión, a las altas esferas del Gobierno, sin duda, al secretario de Marina y al responsable del organismo de inteligencia, general Audomaro Martínez, funcionario de la mayor confianza del entonces presidente. Por la magnitud y tiempo en el que se llevó a cabo el mal llamado huachicol fiscal, la extensa red de complicidades es considerablemente mayor a lo hasta hoy conocido e incluye a una parte sustantiva de las empresas a cargo de la distribución de gasolinas.
Para los norteamericanos García Harfuch es garantía y es el vínculo más confiable en un momento en el que buena parte del Gobierno morenista está bajo sospecha. Además, en la disputa política al interior de Morena García Harfuch es visto con recelo, exacerbado por lo que pudiera ocurrir resultado de las investigaciones relacionadas con la importación de combustibles. García Harfuch arrolló en la encuesta para seleccionar candidato en la Ciudad de México, no le dejaron llegar bajo el pretexto ridículo de la equidad de género. En la disputa futura los bonos del favorito en la sucesión, Andrés Beltrán han disminuido mucho, al tiempo que el secretario de protección ciudadana se revela como la mejor carta en el equipo morenista.
Por todas las consideraciones, hace bien la presidenta en cuidarlo y su ausencia en el evento del primer aniversario del Gobierno es muestra de lo que representa, el mayor activo y con mayor proximidad con la presidenta Sheinbaum.
Mala, muy mala señal que la presidenta Sheinbaum haya excluido de su mensaje la referencia a las investigaciones de su Gobierno en el robo de combustibles. Lo es porque a pesar de ser el caso de mayor corrupción en la historia del país no sea objeto de mención alguna. La ocultación da base a la tesis de que el Gobierno no está dispuesto a llegar hasta sus últimas consecuencias y, en particular, blindar a los altos funcionarios, incluyendo al almirante Rafael Ojeda de las acciones que habría en su contra. La cuestión es que el tema es parte de la acción criminal concertada con las autoridades norteamericanas, lo que complica que las indagatorias se conduzcan con criterios políticos, especialmente si se revela que el control de la Marina en las aduanas no se limitaba a la permisividad en la importación masiva de combustibles, sino también en la de precursores químicos asociadas a la producción de fentanilo y drogas con destino al mercado al norteamericano.
La presidenta Sheinbaum enfrenta el mayor reto de su Gobierno en el asunto de la corrupción. Sus palabras que la condenan y su llamado a la probidad quedan entredicho por la impunidad. La sospecha de que los recursos financieros de las acciones criminales sirvieron el fondeo de campañas electorales plantea un problema de mayores proporciones por sus implicaciones en todos los funcionarios electos y especialmente los gobernadores señalados en el caso de Sergio Carmona. También planta el caso de que en lo sucesivo Morena tendrá que competir sin el dinero desviado del erario o el proveniente de actividades criminales.
Las métricas del éxito de la presidenta
Complicado es responder sobre el buen estado de las personas, más de un país o un Gobierno. Los números suelen ser referente, pero no lo dicen todo. Por ejemplo, algunos pueden asociar el buen estado personal a los ingresos, pero siempre habrá otros temas de mayor importancia, como la salud. López Obrador presidente, ante el fracaso del crecimiento que se mide con el PIB, habló de otra métrica que incorporara la felicidad. Buena idea en un país donde la gente dice estar feliz a pesar de sus dificultades sustantivas y, si se indaga, las afirmaciones positivas son esencialmente defensivas o proyectan un anhelo no una realidad.
En los medios, evaluando el primer año de Gobierno de la presidenta Sheinbaum se recurre a las encuestas de calificación presidencial y al tipo de cambio como dos criterios infalibles del desempeño. Sin duda importantes, como también es el ingreso de las personas, pero igualmente insuficiente. La salud de un país no la mide el tipo de cambio ni la satisfacción con quien gobierna.
Las encuestas convencionales y su superficial lectura pueden ser un engaño. En el caso de estos años la calificación es cierta, la mayoría de la gente estaba contenta con López Obrador y todavía más ahora Claudia Sheinbaum presidenta. Sin embargo, en ambos casos la evaluación de lo que hace el Gobierno es distinta, y tratándose de corrupción o seguridad, dramática. Resulta sorprendente como los encuestados disocian al presidente o presidenta de los resultados del Gobierno. El bajo crecimiento, la violencia rampante y la escandalosa corrupción son incontrovertibles.
Ahora queda claro que la calificación presidencial es buena para el calificado, no tanto para el que califica, que se explica por la propaganda oficial y la facilidad con que permea a las percepciones públicas, porque la comparecencia mañanera del mandatario o mandataria se reproduce acríticamente en los medios de información. Las noticias pueden revelar corrupción, violencia, abuso y demás, pero la arenga de la mañanera cruzará el espectro de la información social sin cuestionamiento mayor, a pesar de la posible violación a reglas básicas de convivencia, como ha sido la agresión a la libertad de expresión y la presunción de inocencia o el grosero despliegue de francas mentiras. Así, la presidenta afirma que México es el país más democrático del mundo, sin ningún estudio o valoración razonable que la avale; o como dijera el presidente López Obrador respecto al sistema de salud como el de Dinamarca o al fin de la corrupción. La gente cree no por razón o por convicción, sino por necesidad, actitud defensiva que se asocia al anhelo de estar mejor o, lo que es lo mismo, el derecho a la esperanza.
La elevada calificación del gobernante y los resultados electorales favorables al partido en el poder, no obstante, los malos resultados, son indicativos de una sociedad en estado de indefensión por el deficiente escrutinio público y la ausencia de una deliberación de los asuntos relevantes del país, que remite a una crisis de la oposición y de los medios de comunicación en su tarea imprescindible de observar y evaluar al poder.
Respecto al tipo de cambio, su estabilidad o fortaleza descalifica no sólo al fatalismo, sino a quienes se instalan en la idea de que se vive en una crisis profunda. No es para descalificar la métrica y no deja de ser factor de confianza en el país, no necesariamente en el Gobierno. Se ha dicho mucho sobre las condicionantes del tipo de cambio, muchas con poca relación a lo que hace el Gobierno, ejemplo, la transferencia significativa de divisas, no todas de origen lícito.
Las estadísticas son un caleidoscopio en el que cada cual ve lo que quiere o le conviene. Tienen múltiples interpretaciones y enfoques, pero no dejan de describir una realidad compleja como son las del crecimiento y las del empleo. Más complicadas son las del bienestar de las personas porque se pretende asociarlo a los ingresos de las personas. Más dinero y deterioro de la red de protección y equidad social pueden resultar fatales o desastrosas.
Otra práctica de discutible validez del pronóstico económico, recurrente y materia de otra colaboración es afirmar que la política conspira contra la inversión, como el caso de un poder judicial parcial y ayuno de profesionalismo. El problema no es que no haya inversión, sino qué tipo de inversión se promueve bajo tales condiciones.
