Guerra farmacológica

«Por razones obvias, las personas mayores necesitan más medicamentos que los jóvenes, en especial debido a enfermedades crónicas como la artritis, la diabetes, la presión alta y el colesterol alto. En el año 2001 cerca de una de cada cuatro personas de edad avanzada informó que omitía algunas dosis y que no hacía efectivas algunas prescripciones a causa de los costos (es casi seguro que esta proporción es mucho más alta en la actualidad). Por desgracia, los más débiles son los que menos acceso tienen a un seguro adicional. A un costo promedio de mil 500 dólares anuales por fármaco, alguien que no cuenta con un seguro adicional y que necesita seis diferentes medicamentos bajo receta (lo cual no es raro) tendría que gastar nueve mil dólares de su propio bolsillo. Y no muchos ancianos tienen bolsillos tan grandes».

El texto previo, corresponde al libro de la doctora internista Marcia Angell, que ya he comentado en entregas previas. En el contexto de los mil 500 dólares anuales por un solo fármaco corresponden a unos 30 mil pesos mexicanos.

En nuestro medio estoy observando pacientes diabéticos a quienes se les prescribe un «nuevo medicamento», dapagliflozina, para el control del azúcar, con un precio de 60 pesos por tableta diaria, mil 800 pesos por mes, en un año esa persona gasta 21 mil pesos, más el costo de tres o cuatro medicamentos más, si la diabetes tiene complicaciones crónicas. Es un mundo de dinero para un diabético con salario mínimo de 300 pesos diarios. ¡Y lo injusto! Esta tableta de dapagliflozina de 60 pesos es menos efectiva que una combinación de la vieja, efectiva y muy conocida combinación de glibenclamida más metformina (5/500) con un costo de 10 pesos por tableta.

He visto muchos pacientes con cifras alrededor de 250 mg de azúcar que tomando una tableta de dapagliflozina no se logra descenderla a una cifra segura, menos de 180 mg, lo que si se logra con la citada tableta de 10 pesos. ¡Y el colmo! La dosis y única y máxima al día de dapagliflozina es de una tableta de 10 mg al día (60 pesos), esto significa que dos o tres tabletas (120, 180 pesos) al día no lograrán controlar el azúcar. En cambio, la combinación mencionada de glibenclamida metformina de 10 pesos por tableta, tiene la ventaja de ir aumentando progresivamente la dosis según respuesta, hasta la dosis máxima hasta seis tabletas al día que equivalen a los 60 pesos de la dosis única de dapagliflozina. Y todavía más, esta nueva, costosa y poco efectiva tableta tiene efectos nocivos en vías urinarias facilitando infecciones y aumentando el daño renal.

https://medlineplus.gov/spanish/druginfo/meds/a614015-es.html#:~:text=disminución%20en%20la%20cantidad%20de,dolor%20pélvico%20o%20rectal

Lo digo para que lo sepan, no para que me crean, porque me consta. No comento esto en contra de ningún médico, respeto el criterio de cada colega, el objetivo de esta columna ha sido el de informar objetiva, veraz e imparcialmente, reglas éticas del periodismo profesional.

Por cierto, en Europa la dapagliflozina esta retirada del mercado, precisamente por su relación costo beneficio negativa (nociva) para los enfermos, pero muy lucrativa para el gremio médico farmacéutico.

Continuando con el texto de la doctora Angell. Por ejemplo, en la actualidad tenemos en el mercado seis estatinas para bajar el colesterol (Mevacor, Lipitor, Zocor, Pravachol, Lescol y el más nuevo, Crestor), y todos son variantes del primero, con los mismos efectos benéficos y nocivos y cuya diferencia principal es el costo cada vez mayor para los de reciente aparición.

Como dice la doctora Sharon Levine, directora ejecutiva asociada del Grupo Médico Permanente Kaiser: «Si soy un fabricante y puedo cambiar una molécula, obtener otros 20 años de derechos de patente y convencer a los médicos de que prescriban y a los consumidores de que exijan la nueva presentación de Prilosec, o del Prozac semanal en lugar del Prozac diario, justo cuando vence mi patente, ¿entonces por qué voy a gastar dinero en investigaciones menos seguras, como la búsqueda de nuevas drogas?».

Pongamos las cosas en claro

El presente trabajo pondrá al descubierto a la verdadera industria farmacéutica, una industria que en las últimas dos décadas se ha alejado bastante de su loable propósito inicial de descubrir y producir fármacos nuevos y útiles. Ahora es, ante todo, una máquina comercial de venta de drogas de dudosos beneficios, y utiliza su riqueza y poder para cooptar todas las instituciones que se le crucen en el camino, lo que incluye el Congreso de los Estados Unidos, la Administración de Alimentos y Drogas, centros médicos académicos y la misma profesión médica (la mayor parte de sus campañas de comercialización está dirigida a los médicos, puesto que son ellos los que hacen las prescripciones).

También debo explicar qué quiero decir cuando afirmo que esta es una industria de 200 mil millones de dólares. Según fuentes gubernamentales, esa cifra representa más o menos lo que los estadounidenses gastaron en medicamentos recetados en 2002. La cifra se refiere a compras directas del consumidor en farmacias, personalmente o por correo (pagadas o no del propio bolsillo), e incluye casi 25% del margen de ganancia bruta para mayoristas y farmacéuticos, y otros intermediarios y minoristas. Sin embargo, noincluye las enormes sumas gastadas en medicamentos administrados en hospitales, clínicas o consultorios médicos (como ocurre con muchas medicinas contra el cáncer).

Por cierto, ya he comentado, enfermos de leucemia mielocítica crónica (cáncer de la sangre) a quienes les inician tratamiento con un viejo, barato y efectivo medicamento, la hidroxiurea, cuyo costo es de 26 pesos por tableta logrando un buen control del cáncer, y sin justificación médica lo cambian por un anticanceroso llamado dasatinib cuyo costo por tableta es de mil 350 pesos. Lo creo porque lo veo, le sucedió a un familiar allá en la regia ciudad, donde murió no por la leucemia, sino por el efecto tóxico de ese costoso medicamento que le bloqueó la médula ósea provocando baja mortal de plaquetas, glóbulos rojos y glóbulos blancos.

Dolorosa experiencia.

Lea Yatrogenia

Egresado de la Escuela de Medicina de la Universidad Veracruzana (1964-1968). En 1971, hizo un año de residencia en medicina interna en la clínica del IMSS de Torreón, Coahuila. Residencia en medicina interna en el Centro Médico Nacional del IMSS (1972-1974). Por diez años trabajó como médico internista en la clínica del IMSS en Poza Rica Veracruz (1975-1985). Lleva treinta y siete años de consulta privada en medicina interna (1975 a la fecha). Es colaborador del periódico La Opinión de Poza Rica con la columna Yatrogenia (daños provocados por el médico), de opinión médica y de orientación al público, publicada tres veces por semana desde 1986.

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