Ningún presidente de Estados Unidos se había esmerado tanto en volver odioso a su país ante los ojos del mundo, y también en destruirlo, como Donald Trump. El primer objetivo lo ha conseguido con creces. El segundo quizá no lo alcance por falta de tiempo, pero dejará la tarea avanzada. La inquina no es hacia un pueblo industrioso y multicultural, sino contra la Administración y su líder, cuyo primitivismo, maniqueísmo político e insolencia lo deshonran. Las amenazas contra sus socios históricos y el uso de la fuerza bruta contra países débiles lo aíslan del mundo. Políticamente Trump está acabado, y su movimiento «Hagamos que Estados Unidos vuelva a ser grande» se encamina hacia el naufragio.
Las elecciones de medio mandato del 3 de noviembre serán el preámbulo de las presidenciales de 2028. Trump hará cualquier cosa para impedir que los republicanos pierdan la mayoría en la Cámara de Representantes y en el Senado. Si el Capitolio se pinta de azul, los demócratas harán que la presidencia del magnate se convierta en un infierno. De acuerdo con una encuesta de CNN, a los partidos Republicano y Demócrata les pasa lo mismo que al PRI y al PAN en México: la opinión mayoritaria «es profundamente negativa, y en un año electoral que podría depender de qué partido consideren los votantes como el mal menor, los demócratas llevan una leve ventaja inicial».
En una coyuntura semejante, los mexicanos optaron en 2012 por el «malo conocido», pues el PAN, con Vicente Fox y Felipe Calderón, los había ya decepcionado. Enrique Peña, cuyo triunfo se debió a la compra masiva de votos, al padrinazgo de los poderes fácticos, enemigos a ultranza de Andrés Manuel López Obrador, y al poder de las televisoras, resultó aún peor. En Estados Unidos, sin embargo, no ha surgido un tercer partido capaz de catalizar el descontento popular hacia los partidos tradicionales, como Morena en México. En febrero de 1992 hubo un chispazo, cuando el empresario Ross Perot —antítesis de Trump, megalómano incendiario— asistió al programa de Larry King en calidad de connotado antisistema y salió convertido en candidato presidencial independiente.
«Yo no quiero presentarme, pero si la gente corriente se lo toma en serio, que se organice y se ponga en contacto conmigo en los 50 estados. Quiero ver sudor. Os quiero en el ring», dijo al célebre entrevistador cuando le preguntó si consideraba competir por la presidencia (Ahora, semanario español independiente, 03.06.16). «Unos minutos después, los productores del programa empezaron a recibir llamadas de gente que preguntaba qué podían hacer para convencer a aquel tipo de que merecía la pena ser presidente. Perot le contó a King que aquella noche el botones del hotel había deslizado por debajo de la puerta cinco dólares para su campaña tras acompañarlo a su habitación», narra Eduardo Suárez en su nota.
Cinco meses antes de las elecciones, el empresario texano, cuya fortuna valuó Forbes en 4 mil 100 millones de dólares en 2019, año de su muerte, superaba a George Bush padre y a Bill Clinton en las encuestas. Ross fue el primer candidato independiente en participar en un debate presidencial. Frank Newport, entonces editor en jefe de Gallup, declaró vencedor a Perot en el primer debate de tres bandas: «(…) ganó de manera convincente el primer debate, superando significativamente tanto al retador demócrata Clinton como al actual presidente George H. W. Bush» (Wikipedia). Sin embargo, los intereses creados, la guerra sucia de los partidos Republicano y Demócrata, entre otros factores, generaron dudas y debilitaron su candidatura. Aun así, obtuvo 19.7 millones de votos (casi el 19 % del total). Trump vino después y todo lo echó a perder.
Elecciones legislativas
Las campañas para la elección de diputados locales están en puertas. Iniciarán el 5 de mayo y finalizarán el 3 de junio; cuatro días después serán las votaciones. Coahuila es el único estado del país que este año acudirá a las urnas, situación que lo convierte en el epicentro político nacional. El impacto de lo que aquí suceda será estrictamente regional. El PRI puede conservar el control del Congreso, o perderlo, como ya ha pasado, sin que el escenario nacional se altere. Fuera de Coahuila, el PRI es casi inexistente. En otras entidades representa la tercera o cuarta fuerza. La figura central de esa organización no es su líder, Alejandro Moreno, sino Manolo Jiménez, cuyo Gobierno no ha sido por ahora piedra de escándalo. Hay orden en la Administración. Proyectos de obra pública —ausente en los últimos sexenios— se emprenden con esquemas de financiamiento que, al parecer, no comprometen las de por sí frágiles finanzas estatales, y la seguridad —núcleo del mensaje electoral— genera confianza entre la ciudadanía y los inversionistas.
La retórica áspera de la presidenta nacional de Morena, María Luisa Alcalde, trasluce pesimismo. Si en Coahuila la ola guinda no ha crecido, como en el resto del país, no se debe a la falta de oportunidades, sino de propuestas, de liderazgo y de una agenda que recoja demandas ciudadanas ignoradas gobierno tras gobierno. El servicio de la deuda pública es elevado, pero el costo social es aún mayor. Las desapariciones forzadas y las masacres en Allende y Piedras Negras derivaron en una demanda por crímenes de lesa humanidad ante la Corte Penal Internacional, presentada por la Federación Internacional de Derechos Humanos en julio de 2017. Los testimonios en cortes de Texas sobre la colusión entre narcotraficantes y autoridades, y demás atrocidades, no parecen importar a las oposiciones.
Lo único que conecta a Coahuila con la política nacional son las elecciones locales, porque preceden a las intermedias del año próximo. No porque lo que ocurra aquí se reproduzca a escala federal, sino porque el Congreso del estado es un trofeo que Alcalde quiere en su vitrina; y después, la gubernatura. ¿Qué efecto tendrá en Coahuila el conflicto de Morena con su aliado, el Partido del Trabajo, después de que sus diputados votaron contra la reforma electoral de la presidenta Claudia Sheinbaum? El voto de castigo contra el PT podría neutralizarlo el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), cuya base electoral es sólida y disciplinada. Si el malestar en el gremio por la quiebra y el saqueo del sistema de pensiones, el abandono de los servicios de salud y las irregularidades en el Fondo de Vivienda halla cauce en las urnas, Morena aumentará su votación.
El abstencionismo disminuirá en la medida que las autoridades y los partidos fomenten el voto en vez de disuadirlo. Sin más elecciones que ocupen su atención, Morena se dedicará por completo a Coahuila; y el PRI, para contenerlo, usará todos los recursos a su alcance. Mantener la mayoría en la legislatura es prioritario. Sin embargo, el reciclaje de candidatos en todos los partidos —sea por apellido o para pagar favores— desalienta la participación ciudadana, frena la renovación de cuadros y la competencia deviene farsa. A escala federal se ha demostrado que el Congreso puede ser un auténtico contrapeso del poder ejecutivo y que las alianzas duran mientras no se afecten los intereses de las cúpulas partidistas.
