Infraestructura al límite: crecimiento sin planeación

La reciente reactivación del proyecto Parque Norte por parte de Grupo Davisa ha vuelto a poner sobre la mesa una problemática estructural en Saltillo: la aparente desconexión entre el desarrollo inmobiliario de alto impacto y la capacidad real de la infraestructura urbana para soportarlo.

Mientras la empresa propiedad de la familia Mohamar asegura mantener diálogos con los vecinos del fraccionamiento Hábita II para mitigar inconformidades que datan desde 2024, el fondo del asunto trasciende las bardas de un sector residencial. Se trata de una crisis de gestión de suelo y movilidad que afecta a miles de ciudadanos.

El bulevar Luis Donaldo Colosio es el epicentro de este conflicto. Construido originalmente durante la administración de Oscar Pimentel González, este eje vial fue concebido bajo una realidad urbana que hoy ha sido rebasada.

En los últimos 26 años, las administraciones municipales subsecuentes han fallado en adecuar la vía al crecimiento exponencial de la ciudad. Por el contrario, la arteria ha sido sometida a un estrés constante: hacia el poniente, con el desarrollo que conecta desde Venustiano Carranza hasta la zona de Zincamex, y hacia el oriente, extendiéndose desde Eulalio Gutiérrez hasta desembocar en la carretera 57 o Fundadores.

La autorización de permisos de construcción y cambios de uso de suelo parece responder más a una dinámica de «urgencia» dictada por el poder económico que a una visión de Estado que priorice el bienestar colectivo. Los vecinos han señalado con claridad que el proyecto se gestó sin tomarlos en cuenta, ignorando que calles como Los Álamos son insuficientes para el flujo vehicular previsto. La promesa de plusvalía y «orden» que ofrece Davisa —emulando el modelo de Parque Centro— choca de frente con la realidad de una vialidad ya saturada.

Este escenario obliga a plantear interrogantes críticas sobre el futuro de la capital coahuilense: ¿Está Saltillo realmente preparado para estos niveles de crecimiento? La respuesta, a juzgar por los embotellamientos diarios y el déficit en vías alternas, tiende hacia el no. La infraestructura de la ciudad no solo debe recibir edificios modernos, sino garantizar que la movilidad no se convierta en una trampa para quienes transitan por el sector norte.

Además, surge el debate sobre la sostenibilidad del desarrollo. ¿Estamos ante un proyecto «verde» o «gris»? El reemplazo de áreas que actualmente funcionan como espacios deportivos (canchas de béisbol) por 19 hectáreas de concreto destinadas a mil 500 viviendas, hoteles y hospitales, sugiere una densificación agresiva. Si no existe una compensación hídrica, ambiental y, sobre todo, vial, el beneficio económico para unos pocos se traducirá en una pérdida de calidad de vida para la mayoría.

El Ayuntamiento de Saltillo tiene la responsabilidad de dejar de trabajar «en caliente» y aplicar criterios técnicos rigurosos. No basta con que la empresa cree comités de vecinos para «escuchar» posturas; se requiere que la autoridad municipal ejerza su papel de regulador y no de facilitador de crisis futuras. Si el desarrollo no va acompañado de una reingeniería profunda del bulevar Colosio y sus accesos, Parque Norte no será un símbolo de progreso, sino el monumento al colapso de una planeación urbana agotada.

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