Justicia y política en Coahuila

En esta tierra de antiguos juristas destacados, la justicia y la política son sinónimos desde hace algún tiempo y no es que el presidente del Poder Judicial de Coahuila haya inaugurado esta tónica, sino que la ha llevado al grado de la sumisión y vasallaje evidente.

Nunca un magistrado presidente se había atrevido a presentarse como lacayo del Poder Ejecutivo, por más que las nominaciones a este cargo hubieran surgido de la decisión del gobernador en turno. Sin embargo, en las circunstancias en las que Miguel Mery fue impuesto por el anterior gerente de negocios de Coahuila, sugerirían una especie de sumergirse en los lodos de la mansedumbre, en una operación necesaria para subsistir ante una evidente falta de capacidad y legitimidad para ejercer el cargo (recordemos que cuando fue impuesto en 2018 no contaba con la experiencia legal para ejercer el cargo requerida por la constitución local —Art. 138 fracc.III— y llovieron los amparos).

La aparición de Mery vistiendo el chaleco verde de «Mejora Coahuila» es la prueba evidente de ese descaro y cinismo del que debe hacer gala para sostener los humos de su ilegitimidad.

Pero no terminaba esta afrenta a los coahuilenses, cuando surge la leyenda de los reporteros que aquel 26 de marzo después de la ceremonia de la Hacienda de Guadalupe y tal vez sufriendo aún la cruda espantosa del ron Botran libado a la víspera con su compadre de parrandas, el magistrado Mery escupiera la sentencia a los litigantes de todo Coahuila: «A mí me parece muy inapropiado que ventilen sus casos y que tengan ese tipo de actitudes, que piensan presionar a la autoridad en eso; nosotros no legislamos ni a través de los medios ni emitimos justicia a través de las redes sociales, entonces que quede muy claro y tengan cuidado también de sus comentarios que hacen cuando imputan falsamente a alguien porque es muy inapropiado y puede sustentar la comisión de un delito».

Y no contesto con esa acusación, eructó otra obra maestra que quedó grabada: «La actitud y las acciones de las y los abogados entorpece, incluso, que pueda haber mediación, que las partes puedan llegar a un acuerdo porque solamente establecen más hilaridad, más enojo y más violencia, en vez de encontrar la justicia. Me parece que en el tiempo gana económicamente; mientras te tengan atorado ahí en un juicio, pues te van a seguir cobrando» (sic).

Sin duda el magistrado flamante tropezó con su larga lengua a los pocos segundos de vomitar tales improperios, porque le tupieron duro y macizo primero los colegios de abogados de Torreón y posteriormente los de la Región Sureste en una protesta que denunció diversas anomalías en la administración de justicia que son evidentes para cualquier litigante, sea chico o sea grande.

Mery acusa que los litigantes (me sumo a la especie) alargamos los juicios en forma desconsiderada para sacarles más dinero a los clientes a través de las llamadas chicanas judiciales y hasta ahí llega su saliva.

Bien, para aclarar al público y paciente lector, solamente menciono que si su abogado quiere interponer una demanda ante el imponente elefante blanco de Colosio y Fundadores de Saltillo deberá esperar dos semanas para que, aun cuando esta demanda haya sido turnada casi de inmediato al juzgado civil, hipotecario, familiar o laboral correspondiente, ésta sea acordada en su admisión, aclaración o inadmisión.

Para irnos al tiempo entre la interposición de una demanda y su sentencia, considerando solamente la actuación de la autoridad judicial (es decir sin incidente alguno de los llamados de previo y especial pronunciamiento), deberán pasar entre 15 a 18 meses.

Por poner un ejemplo en un juicio laboral que me comentan que inició en marzo de 2025 a la fecha, solamente atendiendo a los tiempos que en este juzgado han señalado, el expediente está en la fase de admisión de pruebas (uf) y todavía falta que las mismas sean desahogadas (dos meses más).

Los funcionarios judiciales refieren el exceso de expedientes y juicios, pero en cada juzgado laboran entre 15 a 21 auxiliares. Antes se notaba más, pero ahora dentro del elefante se pierden.

Un evidente burocratismo y modorra prevalece en el Poder Judicial de Coahuila y Mery no puede esconderlo debido a su incapacidad manifiesta. Los litigantes y sus clientes son las víctimas, no los victimarios. La sentencia es de Jenofonte: «Es difícil obrar de manera que se vea uno libre de faltas; y aun cuando ninguna se cometiera, es difícil no topar con jueces ineptos». Válgame.

Saltillense, estudió en la Facultad de Jurisprudencia de la UAdeC y la Normal Superior de Coahuila las licenciaturas en Derecho y Educación Media. Catedrático en diversas instituciones de educación superior en Coahuila. Ganador del Premio Estatal de Periodismo de Coahuila en cinco ocasiones y de la presea Antonio Estrada Salazar por 25 años de trayectoria. Autor de los libros: Memorias del tigre espejo, Cuentos conurbados y A little bit about Mexican law and human resources.

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