El uso de la bicicleta como medio de transporte —a pesar de la falta de espacio arquitectónico en muchos países— es actualmente uno de los medios de transporte más ecológicos y sostenibles; sobre todo en las grandes ciudades, donde las personas la utilizan como opción preferida para el desplazamiento.
El uso de la bicicleta tiene la duración de viaje más predecible en el entorno urbano, mucho más que los coches y el transporte público (a excepción de los sistemas de vías reservadas y separadas por completo, como el metro). Los ciclistas pueden ser más puntuales y pierden menos tiempo.
El uso de la bicicleta en el desarrollo de una movilidad sustentable, asume un rol importante por sus propias características de eficacia y eficiencia como modo de transporte urbano.
Enunciativamente, destaco algunos argumentos para apostar por la bicicleta como modo de transporte:
1. Eficacia. Las bicicletas pueden cubrir de manera eficiente distancias de viaje de hasta 7 km, o incluso hasta 15 km con mecanismos de pedaleo asistido.
En general, la mitad de los viajes urbanos realizados en coche recorren menos de 5 kilómetros. En la actualidad, alrededor del 45% de nuestros trayectos dentro de la ciudad cubren distancias menores de 3 kilómetros, una distancia que se puede recorrer en bici en 10 minutos, si es terreno plano.
2. Autonomía. La bicicleta está disponible a cualquier hora del día, para todo tipo de motivos y para cualquier tipo de destino. En este sentido, es tan cómoda como un automóvil y menos rígida que el transporte público.
3. Flexibilidad. La bicicleta es flexible para desplazamientos puerta a puerta. Es fácil montarse y bajarse, hacer paradas, cambiar de ruta, y ocupa muy poco espacio para aparcar.
4. Fiabilidad. El uso de la bicicleta tiene la duración de viaje más predecible en un entorno urbano. Los ciclistas pueden ser más puntuales y pierden menos tiempo.
5. Relación con el transporte público. La velocidad de la bicicleta es competitiva con la del transporte público en las distancias cortas. Hasta los 5 km, la cadena de caminar-esperar-autobús-caminar, a menudo toma más tiempo que usar la bicicleta de puerta a puerta. Para distancias más largas, el uso de la bicicleta es un conveniente alimentador para el transporte público.
Por otra parte, resulta importante considerar en la creciente inseguridad vial que genera el tráfico automovilístico a peatones y ciclistas y el diseño de vías concebidas, pensando exclusivamente en los desplazamientos motorizados. Sumando además, el progresivo valor que socialmente se le adjudica al automóvil como símbolo de status económico y de progreso personal, han desalentado al ciudadano y la sociedad en común.
Usar la bicicleta es un complemento factible para el transporte público, mucho más que poseer un coche privado ya que su adquisición y mantenimiento supone un costo 30-40 veces inferior.
