La igualdad: un diálogo de altura

¡Cuántos crímenes, guerras, asesinatos, miserias y horrores se habrían ahorrado si alguien hubiera arrancado las estacas de la cerca y hubiera gritado a sus semejantes: «¡Guárdense de escuchar a este impostor; están perdidos si olvidan que los frutos son de todos y que la tierra no es de nadie!»

La presidenta Sheinbaum afirmó, en su primer informe de Gobierno, que México es el segundo país menos desigual del continente. Más allá de que esto sea preciso, celebro los avances en el terreno de la igualdad en nuestro país en los últimos años. La desigualdad, diría el comunitarista Sandel, de quien hablaré más adelante, sólo genera odios y vulnera el tercer principio de la Revolución Francesa: el de la fraternidad.

Estamos indudablemente contra la redistribución escatológica del ingreso. Esta consiste en garantizar primero el crecimiento económico y postergar escatológicamente, para el final —que eso significa esjaton, «último»— la redistribución del ingreso.

Debate ha publicado la versión editada de una conversación sobre la igualdad sostenida en París entre Thomas Piketty y Michael J. Sandel el 20 de mayo de 2024. Vale la pena comentar esto, pues puede arrojar luz al tema que hoy nos preocupa y ocupa: la igualdad.

Thomas Piketty (Clichy, Francia, 1971) es un economista experto en desigualdad económica. Ha publicado varios libros en torno al tema. Destaca Una breve historia de la desigualdad, de 2021. Se adscribe al socialismo democrático. Michael J. Sandel (Minneapolis, Estados Unidos, 1953) es un famoso autor de referencia ineludible en el ámbito de la filosofía política. El curso sobre la justicia que imparte en la Universidad de Harvard goza de una popularidad asombrosa. Recomiendo ampliamente su libro Justicia. ¿Hacemos lo que debemos?, de 2011. Pertenece a la corriente filosófica comunitarista.

Piketty hace gala de optimismo en el umbral del diálogo. Considera que se viene observando a largo plazo una tendencia hacia una mayor igualdad y esto se debe a la movilización social y a la enorme demanda social de igualdad de derechos de acceso a los bienes fundamentales: «La tendencia a largo plazo hacia una mayor igualdad se ha mantenido» (p. 13). Ha habido un progreso a largo plazo. Se ha reducido la desigualdad en lo que respecta al acceso a los bienes básicos, a la participación política e, incluso, a lo monetario en términos de renta y de riqueza.

En el capítulo segundo del libro, Sandel interpela a Piketty en torno a qué proyecto elegiría: una redistribución radical sin afectar la mercantilización o una desmercantilización de la vida social sin afectar la distribución actual. La desmercantilización exige abstraer sectores económicos enteros al poder del afán de lucro. Piketty considera que hoy «en día los sectores económicos abstraídos son muy grandes. La educación y la sanidad constituyen casi el 25 por ciento de la economía…» (p. 25). Seguramente está hablado de Francia y Europa. El historiador galo concluye: «No tenemos que elegir entre desmercantilización y distribución, porque ambas cosas han ido de la mano en la historia y han tenido un éxito increíble juntas» (p. 32). Ambos pensadores coinciden en que la mercantilización corroe el tejido social. «El hecho de que todo esté en venta —señala Sandel— desvaloriza, corrompe o degrada el significado de los bienes, con independencia de que obstruya o no el acceso a estos por parte de quienes no se los pueden permitir» (p. 34). En conclusión, el dinero, siempre tentador, debería importar menos.

Sin embargo, a pesar del optimismo mostrado al inicio de la conversación, Piketty se muestra crítico con la socialdemocracia actual. La llama «socialdemocracia congelada» porque se ha detenido el proceso de ampliación de la educación y de la sanidad en el llamado Estado social. A él, hay que decirlo, no le gusta la expresión «Estado de bienestar» porque la noción «Estado social» es más completa, ya que incluye la educación y otros servicios e infraestructuras públicos. No solo la seguridad social propiamente dicha.

Piketty asegura que la progresividad fiscal ha sido clave en la lucha contra la desigualdad. Este es un punto donde considero que hemos avanzado solo escasas yardas en nuestra patria. No hay un cobro significativo de impuestos a los de mayores ingresos respecto de los de menores ingresos. Incluso tenemos el caso de empresarios que se resisten a pagar los impuestos de ley. La plutocracia es un cáncer difícil de remitir.

Sandel, comunitarista al fin, considera que la igualdad en dignidad, estatus, respeto, reconocimiento, honor y estima, «es la más potente desde el punto de visto político y tal vez también moral» (p. 146). Lo que no quiere decir que la igualdad económica, la relacionada con la distribución de la renta y la riqueza, y la política, la que tiene que ver con la voz, el poder y la participación, no tengan importancia.

Hemos comentado al principio de esta reseña que repudiamos la llamada «redistribución escatológica» del ingreso. Pero, en honor a la verdad, también hemos de cuestionar el crecimiento económico deprimido. Nuestro país lleva ya demasiado tiempo, 30 años, sin mostrar un Producto Interno Bruto (PIB) respetable. La igualdad también pasa por este cauce. El crecimiento y la distribución forman parte del reino de lo imprescindible.

Referencia:

Piketty, T. y Sandel, M.J. (2025) Igualdad. Qué es y por qué importa. Debate.

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