La muerte del Mencho sin estragos en Coahuila

Muchos mexicanos no recuerdan la siguiente historia; corrían los tiempos del expresidente Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, particularmente el 25 de agosto del año 2012, cuando fue capturado Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, alias el Mencho, pero liberado en el estado de Jalisco; hay que recordar también, que figuraba como su brazo derecho Genaro García Luna —hoy preso y condenado en Norteamérica, con los yankees pues— por ser un narco policía. Detenido por elementos de la Marina el Mencho, cual magia estilo David Copperfield, fue puesto en libertad. De acuerdo a distintas informaciones periodísticas, quién intercedió para su liberación, fue el entonces gobernador del Partido Acción Nacional (PAN) Emilio González Márquez. Paradójicamente, a partir de esos años, el Mencho se fue fortaleciendo, e hizo al Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG) no solo uno de los más fuertes en nuestro país, sino que extendió sus tentáculos por numerosas partes del mundo. No se sí sería conveniente hoy, pero sí honesto hurgar, o mejor indagar y reabrir expedientes para proceder en consecuencia.

El cartel Jalisco Nueva Generación fue y es —veremos y diremos— por mucho, la organización criminal más poderosa de México, con presencia en al menos 17 de los 32 estados del país. Secuestro, cobro de piso, extorsión, y por supuesto, lo más importante, el trasiego de narcóticos a nivel nacional e internacional. Dentro de este último rubro, adquiere particular importancia el papel que tenía el mercado estadounidense. El CJNG es un importante exportador a Estados Unidos de fentanilo. No sorprende que la administración norteaméricana, haya declarado al CJNG como un objetivo principal.

La presión estadounidense sobre el Gobierno mexicano fue in crescendo en las últimas semanas. La cooperación mexicana en operaciones contra el crimen organizado —y todo lo que se les ocurra— con agencias estadounidenses como la CIA, la DEA, y el FBI —para enojo y pavor del que escribe— se lleva a cabo desde décadas; aunque sufrió ralentización durante la presidencia del expresidente Andrés Manuel López Obrador.

Así llegamos a la operación contra el líder del CJNG el 22 de febrero. Un operativo llevado a cabo por las fuerzas armadas mexicanas en el municipio de Tapalpa, al sur del estado de Jalisco; el Mencho presentó resistencia y fue capturado. Durante su traslado para recibir atención médica, falleció a causa de las heridas sufridas en el combate. El secretario de la Defensa Nacional, general Ricardo Trevilla Trejo declaró: «La ubicación en un primer término del área, fue con personal de inteligencia militar; había otros datos que nos fueron proporcionando las autoridades de Estados Unidos, a quienes reconocemos su trabajo».

Dejemos que los yankees discutan quien fue la primera agencia en proporcionar la información «precisa», eso no nos interesa. Lo que sí nos ocupa es que, después de ciertas operaciones que atacan al crimen organizado, es ineludible que el país sufra un golpe inmediato de violencia; causa de luchas intestinas y de la tensión que provoquen otras organizaciones criminales que olfatean la debilidad del mayor cártel del país.

En Coahuila, desde primeras horas, planeando antes de que el sol saliera, del domingo 22 tuvo a cabo una reunión instruida por el gobernador del estado en la Secretaría de Seguridad Pública con el gabinete de seguridad, donde se comenzó con un despliegue operativo en coordinación con las fuerzas federales. Evidentemente, ese momento fue circunstancial y de buen acierto también para el fiscal general del Estado por lo mencionado con anterioridad, porque se necesita seguir teniendo un Coahuila seguro, y un Coahuila con seguridad y blindado; en lo particular, me congratula que desde antes de ser gobernador y en la práctica —actualmente— Manolo Jiménez Salinas tenga como eje toral a la seguridad porque parece ser, que muchos damos por sentado a la seguridad de un entorno, tanto para bien como para mal; como algo intangible y lejano hasta que llega a nuestras familias, a nuestra sociedad.

Hoy Coahuila no adolece de eso, y se debe a que las instituciones encargadas de la seguridad y procuración de justicia no han bajado la guardia. Existen oportunidades de mejora, pero en el espectro nacional, Coahuila hace lo que corresponde, y muy bien. Hasta el día del que escribe la columna, Coahuila no es objetivo, gracias a que se refuerza la seguridad en entradas, carreteras, brechas, caminos rurales; principalmente con Durango, Nuevo León, y Zacatecas, Tamaulipas.

Esto no es nuevo para nuestra entidad, ya que es una actividad permanente que necesito redoblar esfuerzos y diversificar estrategias. En México y en Coahuila estamos seguros, nuestras instituciones pueden someter al crimen organizado…

Aguascalientes, 1982. Cursó sus estudios de Licenciatura en Derecho en la Universidad Autónoma de Coahuila, posteriormente hizo sus estudios de maestría en Gobierno y Gestión Pública en la Universidad Complutense de Madrid. Labora en la administración pública estatal desde el año 2005. Es maestro de Teoría Política en la Facultad de Economía de la UA de C desde el año 2009. Ha sido observador electoral de la Organización de los Estados Americanos en misiones para Sudamérica, en la que participa como miembro de observadores para temas electorales.

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