Las pobres cartas, las podridas cartas

Una comedia en extinción: el recuerdo de lo que un día fue un partido todopoderoso llamado PRI. Hoy reducido a una trinchera de recuerdos, donde cada mes o semana salen novedades que solo recuerdan el porqué se está extinguiendo. Pero en ese intento, hay que tratar de sobrevivir a como se pueda y es por ello que tratan de ver quién les puede dar algo de oxígeno, y quién puede levantar un poco los ánimos del pueblo para regresar, según ellos, a levantar a México.

La memoria es corta y pareciera que 78 años no les hicieron ver que tuvieron todo para despegar al país, pero no era prioridad. Su dirigente nacional, Alejandro Moreno, parece más un comediante que político. En su momento hacer ver que pudiera contender en el 2030 para buscar la presidencia de la república y, después, sale Rubén Moreira a decir lo mismo. Dentro de la desesperación por ver qué carta es la más fuerte y de ahí agarrarse, dejan a un lado el historial de corrupción que los caracteriza. Pero se ponen la capa de superhéroes y los hace cegarse de la realidad.

Es por ello que buscan a como dé lugar señalar a cualquier movimiento del Gobierno federal para hacer ruido y los volteen a ver. Ni ellos mismos se tienen fe y esperan que alguien más lo haga. Quién lo dijera, su imperio se redujo a cenizas y hoy solo son el recuerdo. Apuestan por poner de ejemplo su bastión en Coahuila y Durango, que se mantienen por una estructura muy bien aceitada, mediante dádivas baratas, pero que se hacen ver como un gesto bondadoso. Sin embargo, ese mismo bastión no es capaz de hacerlos regresar a los reflectores nacionales y eso es muy bien sabido.

Amor al territorio, mismos personajes

El 20 de abril, el PRI en Coahuila hizo oficial el registro de sus precandidatos a buscar la diputación local. Resaltan algunos nombres cuyo desempeño en política refleja el mensaje que previo a las elecciones: apostar por lo mismo que ya dio resultado en las urnas y que, nuevamente, sean ellos los que busquen el puesto que han ocupado pare relegirse.

Es el caso de Álvaro Moreira, quien parece no importarle el historial de sus hermanos y él se respalda por sí solo, como si necesitáramos mucho de su linaje, o bien regresar al puesto que ganaron. Pidieron licencia, buscaron una diputación federal; la pierde, se acomoda en el gabinete estatal, deja el cargo y vuelve a pedir el voto. En teoría, apenas debería estar terminando. Es el caso de Hugo Dávila, que de repetirse la jugada anterior, estaría haciendo el trabajo para dejar a su suplente, Karla Centeno, regidora con licencia de la actual administración en Torreón. Ella viene respaldada por parte de su familia, quien lejos del ámbito académico se estrenaron en la política lagunera, donde la lectura es interesante, pues habla del posicionamiento que buscan ya fuera de la UTT y de la misma UAdeC. Allí tienen puestos clave en Saltillo y Torreón, y habla de los nuevos juegos sucesorios en cuestión de apellidos.

Por último, está la diputada federal con licencia Verónica Martínez, que en su gestión pasada como diputada local fue testigo de aprobar la megadeuda de los hermanos Moreira. Eso, al parecer, no es impedimento para regresar al territorio y pedir nuevamente la confianza y decir que están del lado del pueblo. Sin temor a equivocarme regresan a ver las mismas carencias de las familias.

Por otra parte, tenemos a Felipe González, quien aspira con grandes ansias a ser candidato para alcalde de Torreón.

En resumidas cuentas, tenemos a personajes que no terminan su gestión, pero tienen el tiempo de volver a pedir el voto y es así cómo la estructura debe responder a los mismos personajes. Interesante la manera en que se pretende dar los relevos del poder entre familias, donde la promesa es ver por un mejor estado, dejando en claro que aquí, a nivel estatal, la alternancia no se ha dado y lo que se vive ha sido bajo un mismo partido.

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