«La ley es tela de araña»… dictaba un antiguo canto de Zitarroza aquel cantante uruguayo que paso a mejor vida.
En México, el tratamiento de la ley es lo que demuestra la tela de araña, sin embargo, la manera en que se ha legislado en los últimos años en nuestro país, refiere por un lado la ignorancia y por el otro lado la venganza. Además del elemento de la ventaja política que varias de ellas han demostrado a lo largo de la historia reciente, iniciando en 2012 cuando Calderón decretó la eliminación del impuesto de la tenencia de automóviles.
En el régimen de la 2T (PRI-PRD/PRD-MORENA) varias leyes han sido modificadas para el acomodo político, principalmente una muestra de ellas es la Ley Federal del Trabajo.
Después del manejo político de las reformas a las vacaciones que irían dirigidas a los empleados, pasando por la regulación acomodaticia del outsourcing (contratistas) y su manejo fiscal a fin de allegarse millones de pesos y terminando con la aprobada reducción a la jornada laboral, la constante es que en los supuestos acuerdos con los empresarios no participan las grandes empresas enclavadas en el país siendo la mayoría de capital extranjero y estos se llegan con los empresarios nacionales que invariablemente le venden al Gobierno. Válgame.
La última reforma a la Ley Federal del Trabajo citada resulta entonces en un soborno precisamente a ese grupo de empresarios ahora llamado Consejo Presidencial para Fomentar la Inversión en México, formado precisamente por proveedores de servicios al Gobierno como Carlos Slim (el que construyó la línea 12 del metro y ahora el ferrocarril a Nuevo Laredo) y, entre otras, a Altagracia Gomez, quien le vende al Gobierno camiones eléctricos y ahora vehículos blindados al Ejército, y por otra parte ,el grupo de quienes están en la paila con las revisiones de hacienda como el dueño de FEMSA. Al fin, unos sobornados, otros amenazados, quienes firmaron la iniciativa de reforma de la jornada laboral. Haya cosa.
De esa manera sin consultar a las empresas de manufactura las cámaras legislativas decretaron una reforma a la jornada laboral a fin de reducirla gradualmente desde 2027 a 2030 para llegar de 48, 45 y 42 horas semanales a solo 40 horas.
Estratégicamente la primera modificación tendrá lugar en 2027 fecha en la que se tendrán elecciones legislativas intermedias y varias gubernaturas, lo que acomoda al régimen perfectamente y más en el 2030 y ese es el factor político.
Trasladándonos al factor legal, encontramos varias lagunas que desafortunadamente tendrán un clima de intranquilidad en las compañías. Vamos por partes. Hoy día, hay tres jornadas: la diurna, la mixta y la nocturna, de 48, 45 y 42 horas semanales; de acuerdo con la nueva reforma la jornada diaria será de hasta ocho horas en la diurna; de siete en la nocturna y de 7.5 en la mixta, lo que significa que lejos de considerar la reducción de jornada a fin de que los tres horarios laboraran ocho horas diarias por cinco días para la continuidad de la productividad habrá ventanas o interrupciones en las jornadas que en nada aportan a la productividad, tema aparte de este artículo.
Hoy algunos trabajadores laboran hasta 57 horas semanales, esto es 48 ordinarias y nueve extras dentro de una jornada legal, pero de acuerdo con la nueva ley, el trabajador podrá laborar 52 horas porque establece una ampliación de jornada de hasta 12 horas semanales. Solamente que con esta fórmula se duplica el costo a las compañías, porque las primeras nueve extras serán dobles y las restantes serán pagadas al 200% de acuerdo al nuevo artículo 68.
Además, los legisladores cometen dos pifias fundamentales. Por un lado, modifican la palabra patrón por la de empleador y ese cambio generaría la modificación de cerca de 400 artículos de la Ley Federal del Trabajo, que no está contemplada en la reforma y la mayor pentontada es que se les olvidó modificar la constitución en el artículo 123 y para remendar la planta presentan al siguiente día la iniciativa después de estar aprobada la ley inferior que es la federal del trabajo. Che boludos.
El elemento que no convence a nadie es la base de la reforma que pretende elevar la productividad y no se entiende, ya que ésta está generada por la velocidad de las líneas de producción en el mercado de la manufactura y sobre todo en la automotriz que cambia sus modelos cada año siendo que la piedra fundamental de la productividad es el tiempo Takt, que es el ritmo de producción necesario para satisfacer la demanda del cliente, marcando la velocidad a la que una empresa debe producir una unidad para no quedarse corta ni excederse, y que se calcula dividiendo el tiempo disponible entre la demanda del cliente.
La ley es tela de araña, entonces, de esa que envuelve a sus víctimas para ser devoradas y qué bien para la raza manufacturera por el momento, pero ya veremos sus efectos en la praxis. «La peor forma de injusticia es la justicia simulada». La frase es de Platón.
