Los huizaches florecen en marzo

miles de soles

nacen de tus brazos

y se precipitan sobre tierra / 

bajo tu sombra, arden

y en su fulgor

elevan a los cielos un aroma

que recuerda a la infancia

y al desierto /

extraño árbol

hecho de día / de noche

cuántos se han refugiado debajo

de tus ramajes

buscando el aroma de tus soles

para escapar del ardor de la piel a la intemperie /

¿qué escondes en los adentros de tu cuerpo?

¿qué vidas han de transitar tu fortaleza de madera?

eres vida que alberga vida

y no hay nada más poético y noble que esa existencia /

el ojo curioso,

podrá encontrarte en las planicies desérticas de este norte tan desdichado

impertérrito,

único,

inamovible,

como un monolito natural

con su frondosidad extendiéndose en medio de la nada /

el primer recuerdo

mío, personal, privado

de mi contacto con el mundo natural

eres tú huizache,

recuerdo tomar entre mis dedos a uno de tus soles

y deshacerlo poco a poco,

dándome un festín olfativo

con el dejo de aroma a primavera /

después, vienen a mi mente imágenes:

la luminosidad liquida de una tarde en ciernes

filtrándose a través de tus cientos de brazos,

la delicadeza de tus hojas, diminutas,

y tu altura de coloso,

ante mi pequeñez de infancia /

recuerdo a mis padres y nuestro perro,

sentados a tu sombra

una tarde de verano

recuerdo un llanto de niño

derramándose ante tu presencia silente,

pero de alguna forma, abrigadora /

recuerdo, también

el día en que moriste

en que tu tronco se volvió gris

y dejaron de nacer tus hojas,

cuando se apagaron tus soles

y dejaste solamente un esqueleto vegetal,

un residuo vacío

un recipiente

que únicamente asemejaba la vida / la imitaba torpemente 

y también recuerdo el día en que

cortaron tu cuerpo

lo hicieron pedazos

y lo arrojaron a la intemperie /

aquello confirmó, definitivamente

la muerte de mi infancia

la desaparición de mi inocencia

la perdición de otra vida

que nunca volverá / país de la nada

por ello, ahora

con el paso de los años

te recuerdo con cariño gran árbol /

buscando a través de la palabra

hacer justicia no solo a tu existencia

si no, también

a la mía /

para justificar mi vida,

darle significado

hacerme creer que el tiempo no ha pasado en vano /

y te recuerdo árbol,

en otros que, como tú,

se erigen en medio del desierto

y engendran miles de soles

y albergan cientos de vidas

y son el refugio de algunos cuantos hombres perdidos /

te veo en todo aquello, huizache mío

y entonces, sé, que mi vida y tu existencia

no se encuentran separadas de la humanidad, ni de la naturaleza

ni de todo aquello que vive, goza y sobrevive

a nuestro alrededor

imposible alejarnos de este mundo,

imposible infravalorar nuestro papel en el camino

imposible dejarnos ir y entregarnos a la nada

puesto que hemos cumplido con nuestros roles cabalmente

tú, de árbol que dio vida

yo, de humano que a través de la palabra

busca darle sentido a esa vida /

y por tanto,

procuro retrasar el día de mi muerte,

a través de todo aquello humanamente posible,

con la única intención

de seguir presenciando

como los huizaches

florecen en marzo

(Piedras Negras, Coahuila, 1995). Licenciado en Derecho por la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Autónoma de Coahuila, cuenta con una Maestría en Educación con Acentuación en Educación Obligatoria por la Escuela Normal Superior del Estado de Coahuila y una certificación como facilitador en Medios Alternos de Solución de Controversias. Actualmente se encuentra ejerciendo funciones en el ámbito de los derechos humanos.

Deja un comentario