Los medicamentos «yo también»

Omeprazol, el primer inhibidor de la bomba de protones para tratamiento de gastritis, esofagitis por reflujo y úlceras gástricas y duodenales, tiene un precio actual por tableta de 33 pesos. El laboratorio que lanzó al mercado al omeprazol, 10 años después al vender la patente a otros laboratorios, el producto baja de precio; pues ese mismo laboratorio, al cabo de esos 10 años lanzó otro producto nuevo llamado esomeprazol, al cual solo le añadió la «es» (omeprazol) y le aumentó 100% al precio a 68 pesos por tableta.

El omeprazol y el esomeprazol tienen los mismos efectos benéficos y los mismos efectos nocivos, aunque la propaganda dice que el esomeprazol es mejor que el omeprazol. Me too, («Yo también») quiere decir: yo también hago lo mismo. Los médicos se lo creen y hacen creer a los pacientes que «estan actualizados», que el medicamento «es lo último» y que si el precio es mayor, eso garantiza que es mejor. Así es la mercadotecnia actual, fenómeno ante el cual los médicos somos víctimas de la propaganda y victimarios de los enfermos. Son «los que pagan el pato».

«Bisnes es bisnes». El que no tranza no avanza.

Lansoprazol, Rabeprazol, Pantoprazol, Dexlansoprazol son otros nombres del omperazol inicial, cuya diferencia principal es el precio de cada uno de ellos, pero los beneficios son exactamente iguales. Y esto se repite en medicamentos para el corazón, para la diabetes, para el cáncer, etcétera y más etcétera.

Personalmente con los pacientes que tienen «la osadía» de solicitar mis servicios, trato de prescribirles el más económico ya que una de las características de una buena atención médica es tomar en cuenta la relación costo-beneficio, cuidar la economía del paciente.

¡Y lo que todavía nos espera con la actual guerra de los aranceles!

Una actitud es servir al enfermo, otra es ser vil con el enfermo, otra es servirse del enfermo.

Y con el fin de no caer en un error publicitario de difamación, ni de plagio, o del «me lo dijo Adela», comparto un enlace del libro mencionado en entrega previa. La verdad acerca de la industria farmacéutica. Dra. Marcia Angell M.D. especialista en Medicina Interna, grupo editorial Norma.

Texto: «En realidad, muy de vez en cuando, las compañías farmacéuticas introducen en el mercado un medicamento innovador, pero en la mayoría de los casos lo único que presentan es una interminable lista de sobras: medicamentos “yo-también”, que son versiones de fármacos que ya existían en el lejano pasado.

»Entre 1998 y 2002, la FDA aprobó 415 medicamentos nuevos, de los cuales sólo el 14% fueron innovadores en realidad. El 9% consistió en fármacos antiguos que habían sufrido algún cambio, el cual, según los parámetros de la FDA, los mejoraba en forma significativa. ¿Y el 77% restante? Por más que resulte increíble, fueron medicamentos “yo-también”, Algunos tienen composiciones químicas que difieren de las originales; la mayoría, no. Pero ninguna pudo ser considerada mejor que la anterior. Así pues, no cabe duda: el 77% del producto de la industria farmacéutica está compuesto de sobras.

»Este engaño es posible gracias a una falla crucial en las leyes; a saber, las compañías sólo deben demostrarle a la FDA que los nuevos medicamentos son “eficaces”. No tienen que probar que son más eficaces que(o incluso, tan eficaces como) los que ya se utilizan para tratar la misma enfermedad. En los ensayos clínicos comparan sus medicamentos nuevos con placebos (cápsulas de azúcar) en vez de hacerlo con las que proporcionan el tratamiento apropiado.

Los renovadores de patentes

»A veces es solo cuestión de alargar la vida de un medicamento de gran éxito en ventas que empieza a decaer: crean un fármaco prácticamente idéntico y convencen a los médicos de usarlo. Lo único que necesita el medicamento nuevo es ser un poco distinto, lo suficiente para lograr una nueva patente.

»Tomemos el caso de Nexium: se trata de un medicamento contra la acidez estomacal, del tipo de inhibidor de bomba-protón creado por la compañía británica AstraZeneca. Salió a la venta en 2001, en el preciso momento en que su medicamento de gran éxito en ventas para tratar la acidez, Prilosec, estaba a punto de perder la patente. No fue una coincidencia. A menos que hubiera un reemplazo, la pérdida de la patente de Prilosec hubiera significado un golpe devastador para la compañía. Con seis mil millones de dólares en ventas por año, Prilosec fue, en su momento, el medicamento de mayores ventas en el mundo. Cuando expirara la patente, habría tenido que competir con los fabricantes genéricos, y sus ventas hubiesen disminuido enormemente.

»Así que, como parte de una estrategia multifacética para evitar la pérdida de ingresos (que implicaba, entre otras cosas, juicios contra fabricantes potenciales de genéricos), AstraZeneca urdió un plan audaz. Prilosec consiste en una mezcla de una forma activa y de una posiblemente inactiva (llamadas isómeros) de la molécula omeprazole. La compañía patentó la forma activa de la molécula de Prilosec, la llamó Nexium (no hubiera sido apropiado llamarla “Mitad Prilosec”, pero eso es lo que era), y la promocionó como Prilosec mejorado, justo a tiempo para atraer a los usuarios antes de que caducara la patente de Prilosec. El plan funcionó.

»Poco antes de la fecha de vencimiento de la patente de Prilosec, la empresa obtuvo la aprobación de la FDA para Nexium, recién patentado. Entonces lanzó una masiva campaña publicitaria para convencer a los usuarios y a sus médicos de que Nexium era de algún modo mejor. Rápida-mente, Nexium se convirtió en la droga más publicitada de los Estados Unidos. Los medios se vieron plegados de avisos de Nexium: “La píldora púrpura de hoy es Nexium, de los fabricantes de Prilosec”.

»Para colaborar con el cambio, AstraZeneca fijó el precio de Nexium apenas por debajo del de Prilosec, dio descuentos a los planes de salud y hospitales, abrumó a los médicos con muestras gratis e incluso ofreció cupones en los periódicos. Según dicen, la campaña le costó a la compañía 500 millones de dólares en 2001. De la noche a la mañana, Nexium (la nueva píldora púrpura) empezó a reemplazar a Prilosec. Poco después, la compañía eliminó en sus campañas publicitarias toda alusión al viejo medicamento. Empezaron a referirse únicamente a “la píldora púrpura llamada Nexium”. Era como si Prilosec nunca hubiera existido (de hecho, en la actualidad, se vende Prilosec libremente por una mínima parte del costo de Nexium)». (Sic)

Del latín, sic, se traduce: así.

Lea Yatrogenia

Egresado de la Escuela de Medicina de la Universidad Veracruzana (1964-1968). En 1971, hizo un año de residencia en medicina interna en la clínica del IMSS de Torreón, Coahuila. Residencia en medicina interna en el Centro Médico Nacional del IMSS (1972-1974). Por diez años trabajó como médico internista en la clínica del IMSS en Poza Rica Veracruz (1975-1985). Lleva treinta y siete años de consulta privada en medicina interna (1975 a la fecha). Es colaborador del periódico La Opinión de Poza Rica con la columna Yatrogenia (daños provocados por el médico), de opinión médica y de orientación al público, publicada tres veces por semana desde 1986.

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