Luces y sombras 783

Luces

En medio de un panorama internacional marcado por tensiones comerciales, México se consolida como un destino confiable para la inversión extranjera. Así lo demuestra el más reciente informe de la Cámara Mexicano-Alemana de Comercio e Industria (Camexa), que revela un notable aumento en la confianza de las empresas alemanas que operan en el país. Según el estudio, el porcentaje de compañías con una visión positiva sobre el entorno de negocios en México pasó de 28% a 52% en los últimos meses. Este repunte refleja no solo la resiliencia del mercado mexicano, sino también su capacidad para adaptarse a los desafíos globales. Además, el 70% de las empresas encuestadas planea mantener o aumentar sus inversiones en el país durante el próximo año. Sectores como manufactura, automotriz y energías renovables destacan como áreas clave de crecimiento. La apuesta alemana por México envía una señal alentadora sobre la estabilidad y competitividad del país en el escenario internacional. En tiempos de incertidumbre, esta confianza reafirma el papel de México como socio estratégico y motor económico en América Latina.

Un logro significativo para el planeta se ha confirmado, impulsando el optimismo en la comunidad internacional. El Tratado de la ONU sobre la Conservación de la Biodiversidad Marina (BBNJ), conocido como el Tratado de Alta Mar, ha superado el umbral de ratificación necesario. Este histórico acuerdo, que cubre más de dos tercios de la superficie oceánica del mundo, entrará formalmente en vigor en enero de 2026. El secretario general de la ONU, António Guterres, llamó este hito un «salvavidas para el océano y la humanidad». Al alcanzar el mínimo de 60 ratificaciones, se activa el mecanismo que permitirá al mundo crear y gestionar las primeras Áreas Marinas Protegidas en aguas internacionales, un paso crucial para cumplir la meta de proteger el 30% de los océanos para 2030. Este pacto legalmente vinculante transformará la gobernanza de los mares, pasando de un área «sin reglas» a un espacio de responsabilidad compartida. La rápida acción de los Estados al convertir su compromiso en acción demuestra que la cooperación multilateral es la herramienta más poderosa para enfrentar las crisis del cambio climático y la pérdida de biodiversidad.

En un mensaje de renovada esperanza y compromiso, líderes mundiales en la Segunda Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social en Catar han adoptado por unanimidad la Declaración Política de Doha. Este documento esencial reafirma la justicia social y la inclusión como pilares irrenunciables para la paz, la seguridad y el desarrollo sostenible global, trazando una hoja de ruta audaz para el futuro. La Declaración es un plan de acción contundente centrado en tres pilares interdependientes: la erradicación de la pobreza, la promoción del empleo pleno y productivo con trabajo decente para todos, y el fomento de la inclusión social. Los líderes reconocen que es hora de ir más allá de las promesas y pasar a acciones concretas, haciendo hincapié en la necesidad de ampliar la protección social, combatir la discriminación y garantizar que nadie se quede atrás. Este nuevo pacto global impulsa la Agenda 2030 y garantiza que el desarrollo no solo sea un crecimiento económico, sino una prosperidad compartida donde la dignidad y los derechos humanos de cada individuo estén protegidos. Doha marca un paso adelante en la construcción de un mundo más equitativo, cohesionado y resiliente.

Sombras

Perú cortó relaciones diplomáticas con México en lo que representa un gesto de ruptura radical y profundamente simbólico. Un país hermano que, en respuesta al asilo concedido por México a la exprimera ministra Betssy Chávez, acusa «injerencia» y retira la dignidad del diálogo. El canciller peruano Hugo de Zela calificó el asilo como un acto «inamistoso» y presentó el desmantelamiento de los vínculos como una defensa de la soberanía nacional. México replica que actuó conforme al derecho internacional y acusa que la reacción peruana es exagerada. Este choque no se reduce a un pleito diplomático. Es un episodio de tensión política de larga data, con antecedentes en acusaciones recíprocas, declaraciones ideológicas y disputas ideológicas persistentes desde la caída de Pedro Castillo. Al final, la medida deja un espacio hueco donde debería estar la diplomacia. Las palabras, los canales institucionales y los esfuerzos de mediación quedan rodeados por un pulso de poder que pone en evidencia cómo hoy el derecho de asilo, tomado por un acto de solidaridad o de provocación, puede incendiar relaciones históricas entre países latinoamericanos.

La ejecución del alcalde Carlos Manzo, de 40 años, en pleno centro de Uruapan durante un evento por el Día de Muertos, no solo representa un ataque directo a un servidor público, sino una evidencia más de la incapacidad del Estado para garantizar seguridad en regiones golpeadas por el crimen organizado. Manzo, electo en 2024 y candidato independiente, había solicitado públicamente ayuda al Gobierno federal y estatal para enfrentar la violencia de grupos como el Cártel Jalisco Nueva Generación, denunciando que la impunidad y la inacción estaban llevando al límite la paciencia ciudadana. Sus advertencias no fueron escuchadas. El hecho desnuda la fragilidad de las instituciones y la paradoja de políticos que, con valentía, asumen riesgos que las autoridades no pueden mitigar. El crimen organizado demuestra así su poder sobre la ley, mientras líderes como Manzo pagan con su vida la valentía de denunciarlo. Organismos como la Concanaco y figuras de la oposición cuestionan la falta de apoyo y denuncian que la muerte del alcalde es un llamado de alerta. Si no se fortalece el Estado de derecho, la violencia seguirá decidiendo el destino de la política y la vida ciudadana en Michoacán.

La violencia estatal en Brasil alcanzó un nuevo y alarmante récord. El operativo policial lanzado el 29 de octubre en las favelas de Alemão y Penha, en Río de Janeiro, dejó al menos 132 personas muertas, según cifras actualizadas por la Defensoría Pública. Esta acción, dirigida contra el grupo criminal Comando Vermelho, ha sido calificada por autoridades regionales como «necesaria», pese a la creciente indignación nacional e internacional. Entre los fallecidos se cuentan cuatro agentes y más de 115 presuntos miembros del grupo criminal. Sin embargo, organizaciones de derechos humanos han denunciado posibles ejecuciones extrajudiciales y uso excesivo de la fuerza. La operación se realizó sin coordinación con el Gobierno federal, lo que ha generado tensiones políticas y cuestionamientos sobre la legalidad del despliegue. El juez del Supremo Tribunal Federal, Alexandre de Moraes, ha citado al gobernador Cláudio Castro para rendir cuentas sobre el operativo. A días de la cumbre climática COP30, Brasil enfrenta una crisis de legitimidad en materia de seguridad pública, donde la violencia institucional parece haber superado los límites del Estado de derecho.