Luces y sombras 791

Luces

El anuncio de que las fuerzas de seguridad mexicanas abatieron a El Mencho, uno de los criminales más buscados y peligrosos de México y con una recompensa de 15 millones de dólares ofrecida por Estados Unidos por su captura, representa un hito significativo en la lucha contra el crimen organizado y ofrece un respiro para comunidades que han vivido décadas bajo la sombra del narcotráfico. Autoridades federales confirmaron que el operativo, llevado a cabo en la sierra de Jalisco con apoyo de inteligencia internacional, acabó con la vida de Oseguera Cervantes, lo que simboliza un golpe a la estructura operativa del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG) que había consolidado rutas de tráfico de drogas, armas y recursos ilícitos tanto a nivel nacional como internacional. La caída de un líder con tanto poder no solo reduce momentáneamente la capacidad operativa de una organización responsable de violencia extrema, sino que fortalece la percepción de que el Estado puede enfrentar con éxito a grupos delictivos que durante años desafiaron su autoridad. Este resultado alimenta la esperanza de que las estrategias de cooperación policial consolidan avances en materia de seguridad.

La Representación de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo en Iztapalapa ha sido declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, lo cual es motivo de orgullo para México y para todos los que valoran las tradiciones vivas, porque reconoce una expresión de fe, identidad y compromiso comunitario que ha perdurado por casi dos siglos y que une a generaciones enteras en torno a la cultura, la historia y la solidaridad. Este reconocimiento no solo pone en alto la riqueza cultural de Iztapalapa y de sus ocho barrios originarios, sino que celebra la fuerza de la comunidad que, con su trabajo voluntario y su amor por sus raíces, ha mantenido viva esta representación desde 1843, transformando sus calles en escenarios vibrantes de arte y devoción cada Semana Santa. Esta iniciativa social y religiosa destaca cómo la colaboración, el respeto por las tradiciones y la transmisión intergeneracional fortalecen el tejido comunitario y hacen de esta manifestación un símbolo de cohesión, resiliencia y esperanza para todo México y para el mundo, reafirmando el valor de la cultura como motor de identidad y futuro compartido.

El fortalecimiento del comercio regional en América del Norte quedó de manifiesto con el hecho de que México se haya posicionado por primera vez como el principal mercado de las exportaciones de Estados Unidos, una señal clara de la madurez y dinamismo de la relación económica entre ambos países, ya que en 2025 las ventas de bienes estadounidenses al mercado mexicano crecieron y superaron ligeramente a las de Canadá, algo que no se veía desde los inicios del TLCAN, lo cual destaca la solidez de la demanda interna mexicana y la competitividad de los productos norteamericanos en nuestro país, impulsando beneficios para empresas, trabajadores y cadenas productivas en ambos lados de la frontera; este logro no solo refleja la importancia del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) como motor de crecimiento y cooperación regional, sino que también subraya cómo las cadenas de valor compartidas y la diversificación de los mercados contribuyen a fomentar estabilidad, oportunidades de inversión y empleos bien remunerados, reafirmando que el papel de México en la economía continental es cada vez más central y prometedor para el futuro económico de toda la región.

Sombras

Aunque autoridades como el exsecretario de Salud José Narro Robles insisten en que México se mantiene en un semáforo «naranja profundo» por el brote de sarampión y aún no alcanza el nivel máximo de riesgo, la realidad epidemiológica muestra una crisis que trasciende metáforas cromáticas, con miles de contagios acumulados y decenas de personas fallecidas por una enfermedad prevenible con vacunas cuya cobertura ha sido insuficiente en años recientes. Al mes de febrero, el país ya supera los 10 mil contagios confirmados en las 32 entidades federativas, transmitiéndose activamente en cientos de municipios y afectando sobre todo a los grupos más vulnerables como los niños pequeños, lo que pone en entredicho la idea de que el riesgo pudiera ser menor de lo que estadísticamente es evidente. El semáforo epidemiológico parece, en este contexto, más una herramienta de comunicación optimista que una representación fiel del impacto real de la enfermedad, especialmente cuando las cifras y los esfuerzos de vacunación masiva —aunque valiosos— llegan después de años de rezago en la inmunización sistemática.

La persistencia de altos niveles de contaminación por partículas PM10 y PM2.5 registrados el 19 de febrero en diversas zonas de Ciudad de México vuelve a poner en evidencia un problema estructural que las autoridades siguen tratando como un episodio aislado y no como una crisis ambiental crónica. Aunque se evaluó la activación de una contingencia ambiental ante las condiciones adversas, el solo hecho de que estas concentraciones se repitan con frecuencia revela una normalización peligrosa del aire contaminado que respira la población. Las partículas finas representan un riesgo comprobado para la salud pública, especialmente para niños, adultos mayores y personas con enfermedades respiratorias o cardiovasculares, pero las respuestas institucionales suelen llegar tarde, ser parciales o limitarse a llamados preventivos que no atacan las causas de fondo. El modelo de movilidad basado en el uso intensivo del automóvil, la débil regulación industrial, la expansión urbana desordenada y la falta de una política ambiental integral siguen alimentando episodios de mala calidad del aire que ya no son excepcionales, sino parte de la vida cotidiana.

La crisis humanitaria que atraviesa Cuba por la escasez severa de petróleo ha profundizado de manera dramática el deterioro de las condiciones de vida de millones de personas, al paralizar servicios básicos y evidenciar la fragilidad estructural del modelo energético y económico del país. La reducción drástica en el suministro de combustible ha provocado apagones prolongados y recurrentes, afectando hospitales, sistemas de bombeo de agua, transporte público y producción de alimentos, lo que ha incrementado la inseguridad alimentaria y el aislamiento de comunidades enteras. En un contexto ya marcado por la inflación, la escasez de medicinas y la migración masiva, la falta de energía se ha convertido en un factor multiplicador del sufrimiento cotidiano, obligando a la población a reorganizar su vida alrededor de la supervivencia básica. Aunque el Gobierno atribuye la crisis a factores externos —especialmente al embargo económico de Estados Unidos— y sanciones internacionales, la magnitud del colapso energético también expone años de falta de inversión, dependencia de proveedores limitados y ausencia de una estrategia sostenible de diversificación.