Luces

Ante la creciente demanda energética del país y la fuerte dependencia del gas importado desde Estados Unidos, el Gobierno federal ha comenzado a explorar alternativas tecnológicas que permitan aumentar la producción nacional sin recurrir a métodos altamente cuestionados por su impacto ambiental. La presidenta Claudia Sheinbaum anunció que un grupo de especialistas analiza nuevas formas de extraer gas no convencional que reduzcan o eliminen los efectos negativos asociados a la fracturación hidráulica. La iniciativa refleja un intento por equilibrar dos objetivos que a menudo se perciben como contradictorios: fortalecer la soberanía energética y mantener el compromiso con la protección ambiental. La posibilidad de desarrollar tecnologías menos invasivas, con reciclaje de agua y bajo criterios de evaluación científica, abre un espacio de discusión sobre cómo modernizar la política energética del país sin repetir prácticas del pasado. Aunque el proyecto aún se encuentra en fase de estudio, el enfoque apunta a construir decisiones con mayor respaldo técnico y transparencia pública, en un contexto en el que la seguridad energética y la transición hacia fuentes más limpias prevalezcan.

La propuesta del Gobierno federal para reducir y topar las pensiones de ex altos funcionarios plantea un intento de corregir una de las distorsiones más visibles del sistema público: las jubilaciones millonarias financiadas con recursos del Estado. Durante años, diversos organismos, empresas públicas y fideicomisos acumularon esquemas de retiro que permitían a ciertos mandos recibir montos muy superiores a los ingresos de la mayoría de la población. La reforma que enviará la presidenta Claudia Sheinbaum al Senado busca poner un límite claro a esos beneficios y alinear las pensiones con criterios de austeridad y equidad dentro del servicio público. Al establecer que ninguna jubilación podrá superar el 50 % del salario presidencial, el Gobierno pretende cerrar la puerta a pagos exagerados y liberar recursos que, según la propuesta oficial, se destinarían a programas sociales. De aprobarse, la medida representaría no solo un ahorro estimado de 5 mil millones de pesos al año, sino también un mensaje político sobre la necesidad de revisar privilegios heredados dentro del aparato estatal y fortalecer la idea de que el servicio público implica responsabilidades, incluso después de dejar el cargo.

La trayectoria de la doctora Nora Patricia Estrada Tristán, egresada de la Facultad de Ciencias y del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP), es una muestra del talento mexicano brillando en el escenario internacional, pues se ha consolidado como una de las científicas destacadas en la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN), el mayor laboratorio de investigación nuclear del mundo ubicado en Ginebra, Suiza, donde desde 2015 participa en experimentos que exploran los orígenes del universo y el comportamiento de partículas fundamentales como el kaón, coordinando a más de 230 investigadores de 23 países; su pasión por la física —que nació desde niña y se fortaleció durante estancias internacionales y apoyos académicos— no solo la ha llevado a destacar en una de las disciplinas más complejas del conocimiento humano, sino que también inspira a nuevas generaciones de estudiantes, especialmente mujeres, a interesarse en campos de vanguardia como la física de partículas, dejando claro que la curiosidad, la perseverancia y la formación sólida pueden abrir puertas en los centros científicos más avanzados del planeta.
Sombras

Las advertencias sobre posibles operaciones clandestinas de Estados Unidos en territorio mexicano reavivan el viejo fantasma del intervencionismo bajo el argumento de la seguridad. En el marco de iniciativas regionales impulsadas desde Washington, como el llamado «Escudo de las Américas», existe el riesgo de que se intenten acciones encubiertas en México incluso sin la autorización del Gobierno de Claudia Sheinbaum. En un contexto marcado por la violencia del narcotráfico y las presiones políticas provenientes de Estados Unidos, la posibilidad de operaciones unilaterales no solo abriría un conflicto diplomático de gran escala, sino que también pondría en entredicho uno de los principios más sensibles para el Estado mexicano: la defensa de su soberanía territorial. La historia de la relación entre ambos países demuestra que las intervenciones externas rara vez llegan sin costos políticos y sociales profundos. Por ello, el verdadero riesgo radica en que la lucha contra los carteles se convierta en un pretexto para justificar acciones que debiliten la capacidad del propio Estado mexicano de conducir su política de seguridad y de decidir, sin presiones externas, el rumbo de su territorio.

Durante casi nueve décadas, un número resumió la relación entre la Casa Blanca y la ciudadanía estadounidense. El índice de aprobación presidencial de Gallup no era solo una cifra periódica: era uno de los termómetros más visibles de la democracia en Estados Unidos. Desde los años de Franklin D. Roosevelt hasta la era de la polarización contemporánea, ese indicador permitió observar —con todas sus limitaciones— cómo los ciudadanos evaluaban a quienes ejercían el poder. Por eso, la decisión de la organización de dejar de medirlo resulta más que un simple ajuste corporativo. Marca el final de una tradición que ayudó a seguir la evolución del vínculo entre liderazgo político y opinión pública. El argumento oficial apunta a un cambio estratégico hacia encuestas centradas en problemas y políticas públicas, pero el contexto inevitablemente abre interrogantes más incómodas. En una época en la que los sondeos son cuestionados, presionados políticamente e incluso llevados a tribunales, la retirada del indicador más emblemático de Gallup también refleja el clima de desconfianza y confrontación que rodea hoy al debate público estadounidense.

El frenazo registrado en la industria de camiones en México durante febrero no solo refleja un bache coyuntural, sino también la fragilidad estructural de un sector profundamente dependiente del mercado estadounidense. La producción de vehículos pesados cayó 49 %, mientras que las exportaciones y ventas retrocedieron 32 % y 27 %, respectivamente, colocándose en su nivel más bajo en cinco años, según datos del Inegi. Esta brusca caída evidencia hasta qué punto la industria mexicana sigue atada a decisiones comerciales tomadas fuera de sus fronteras, especialmente en un contexto marcado por aranceles y la incertidumbre en torno al T-MEC. Cuando el principal destino de las exportaciones enfrenta tensiones comerciales, la producción nacional se resiente de inmediato, con efectos que van desde paros técnicos hasta pérdida de empleos. El episodio vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda para el modelo industrial mexicano: ¿cuánto tiempo puede sostenerse una estrategia manufacturera tan dependiente de la demanda externa sin fortalecer simultáneamente el mercado interno y la diversificación de destinos comerciales?
