Meta pierde y empata otra batalla legal

Después de que Meta fuera acusada de utilizar inteligencia artificial para diseñar un algoritmo nocivo capaz de crear adicción a través de contenidos en extremo tóxicos, especialmente dirigido a menores de edad, logró evadir de nuevo a la justicia norteamericana llegando a un acuerdo con los fiscales para pagar cerca de 18 mil millones de dólares en los próximos 10 años. Claro, menos del 10 % de lo que pidieron los fiscales de 29 estados de la Unión Americana en su demanda, quienes originalmente solicitaron una indemnización a la gigante tecnológica por 200 mil millones de dólares, cifra para nada ostentosa si se tiene en cuenta que fue precisamente lo que ganó la compañía de Mark Zuckerberg solo durante 2025.

Si bien el acuerdo consiguió que Zuckerberg no testificara en un juicio, sí prueba que la evidencia presentada por los fiscales era tan contundente, que Meta no tenía oportunidad de ganar en el litigio. Aunque lo que sigue sorprendiendo a los expertos de varios países, es la capacidad de Meta de seguir facturando y creciendo luego de protagonizar escándalos como el de Cambridge Analytica, cuando se le acusó de tratar de socavar la democracia, entregando los datos personales de millones de usuarios a la empresa británica de marketing para influir en los votantes de las elecciones de Estados Unidos de 2016, a través del miedo y la manipulación. Recordando claro, que la compañía británica ha tenido operaciones electorales también en México, Brasil, Colombia y Argentina.

En 2017, se comprobó que gracias a la manipulación del algoritmo de Meta y la falta de moderación de la compañía, Facebook se convirtió en el principal canal de difusión de propaganda ultra nacionalista y racista que desencadenó el genocidio y los llamados a la limpieza ética en Myanmar. Una tragedia que costó más de diez mil vidas humanas y que mientras las transmisiones en vivo de este terrible capítulo de la historia contemporánea de la sociedad hacían parte del circo del horror, la compañía seguía llenado sus bolsillos sin que nadie hubiera reparado en la responsabilidad del gigante de las redes sociales. Y como concluyó Amnistía internacional, después de una larga investigación, Facebook usó los vacíos legales para no rendir cuentas y no reparar a las víctimas.

Instagram, WhatsApp y Messenger siguen siendo aplicaciones y plataformas señaladas de causar perjuicios a niños en todas partes del mundo. Siguen lucrando sin medida con todo tipo de contenidos en Occidente. Permiten crear campañas publicitarias de odio y desprestigio a diestra y siniestra sin que nadie ponga un alto a este tipo de práctica.

Mientras se pague, el mercado de la publicidad sigue secuestrado por un duopolio (Meta – Google) que desplazó los tradicionales canales de comunicación. Solo que las plataformas digitales compiten de manera desleal al tener una moderación laxa y usar los datos de los usuarios sin ningún tipo de filtro. La demanda interpuesta ante la justicia de Estados Unidos también deja un precedente que parece se puede replicar en la Unión Europea.

Hasta el momento no se sabe cómo la demanda afectará el futuro de esta compañía. Meta firmó una serie de compromisos durante el acuerdo con los fiscales, entre otros, revistar los filtros para restringir la edad de los usuarios, no enviar notificaciones en horarios escolares, esconder el número de likes, etc. En pocas palabras, paños de agua tibia para un agresivo cáncer al que ahora se le suman las acciones de la compañía con los modelos de inteligencia artificial, que a decir de los expertos y académicos, lejos de traer soluciones, incrementan la agresividad de las redes sociales para seguir generando odio.

El pasado 26 de agosto, Meta volvió a librar la justicia. Es importante reflexionar y no caer en la trampa que muchos argumentan, que se trata de redes sociales, pantallas, videos, memes y simple contenido. Como señaló la investigadora mexicana Carissa Véliz —un referente obligatorio cuando se quiere saber de ética, datos e inteligencia artificial—, se trata de un producto equivalente a la cocaína.

Es por eso que se necesita una regulación estricta y mecanismos legales que controlen jurídicamente lo que hasta hoy parece imposible, un universo digital que terminó por afectar el comportamiento de millones de personas y eso incluye los procesos sociales, educativos y un largo etcétera que aún estamos por ver.

Colaborador invitado

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