Presidentes débiles o surgidos de elecciones fraudulentas se pliegan a los intereses de Washington y de la oligarquía. Lázaro Cárdenas, López Obrador y Claudia Sheinbaum son la excepción. En ese contexto se explican las presiones de Donald Trump y las operaciones encubiertas de la CIA en territorio nacional
Parodia ayuscana: viene, hace el ridículo y se marcha
Sin su burbuja mediática subvencionada, usted no es nadie
Estados Unidos y los poderes fácticos de México no lidiaban desde hacía mucho tiempo con presidentes legitimados como Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum, cuyas reformas y agendas sociales han afectado los intereses de la oligarquía a ambos lados de la frontera. Nuestro país ha estado sujeto históricamente a la aprobación del imperio: en las guerras de Independencia, de Reforma y en la Revolución. El apoyo de Washington determinó el ascenso al poder de la facción de su conveniencia y, en otros casos, la caída de gobiernos elegidos democráticamente como el de Francisco I. Madero, asesinado en 1913. La jerarquía católica y el conservadurismo porfirista le abrieron los brazos al «Chacal» Victoriano Huerta. El embajador estadounidense, Henry Lane Wilson, instigó el golpe de Estado.
Washington se decantó en la Revolución por Venustiano Carranza en vez de por Francisco Villa, a quien vendió armas y llegó a considerar para la presidencia (Friedrich Katz, The Life and Times of Pancho Villa). Carranza había desconocido, como gobernador de Coahuila, al Gobierno espurio de Huerta. Su magnicidio, en 1920, ocurrió en medio de una pugna por el poder con Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles. Los grupos económicos de Estados Unidos también hicieron su parte, pues se oponían a las reformas plasmadas en la Constitución de 1917 en materia petrolera. Estados Unidos reconoció a los Gobiernos de Obregón y Calles —fundador del PRI—, pero el «Tratado de Amistad y Comercio», impulsado por el presidente republicano Warren G. Harding, generó tensiones por atentar contra la soberanía de México.
El Gobierno con mayor legitimidad, previo a los de López Obrador y Sheinbaum, fue el de Lázaro Cárdenas (1934-1940). Inspirado en el nacionalismo y la justicia social, el general llevó a la práctica los principios de la Revolución y los postulados de la Constitución del 17. Impulsó la educación laica y las escuelas técnicas y rurales. El reparto agrario, la organización productiva y el respeto a derechos laborales respondieron a demandas largamente pospuestas. La defensa de la soberanía y de los recursos naturales dieron por resultado la expropiación petrolera en 1938; un año antes había pasado lo mismo con los ferrocarriles. La II Guerra Mundial influyó para que el presidente Franklin D. Roosevelt (demócrata) actuara con cautela y apoyara la expropiación con las indemnizaciones respectivas. Roosevelt sustituyó la política del «Gran Garrote» por la del Buen Vecino. Su relación con Cárdenas, cuyas agendas sociales coincidían, fue cordial en general.
Otro de los factores que inclinaron a Estados Unidos por la vía diplomática, de cooperación y respeto hacia nuestro país fue el amplio respaldo social del general Cárdenas. La expropiación petrolera unificó al país y fortaleció a un Gobierno de profunda raíz popular. Cuando México entró a la II Guerra Mundial en 1942, el presidente Manuel Ávila Camacho nombró a Cárdenas secretario de la Defensa, puesto que ocupó hasta el final del conflicto, en 1945. El prestigio de Cárdenas y su influencia política, acrecentados por el asilo a los exiliados españoles y su apoyo a la Revolución Cubana, le acompañó hasta el final de sus días. Referente histórico de la izquierda y fiel a la política de austeridad que predicó, su liderazgo moral contuvo la derechización del PRI y las aspiraciones reeleccionistas de Miguel Alemán. Décadas más tarde, la renuncia de su hijo Cuauhtémoc Cárdenas al PRI, por las mismas razones, contribuiría a la transición democrática del país y al ascenso de la izquierda al poder.
Los casos Árbenz-Allende
Guatemala y Chile dan testimonio de cómo el poder político-económico de Estados Unidos da coces contra el valor fundamental que dice defender alrededor del mundo: la democracia. En 1954 un golpe de Estado depuso al presidente Jacobo Árbenz en el país del quetzal, acusado de «conspiración comunista», afectar intereses estadounidenses y representar una amenaza. La reforma agraria de Árbenz enfureció a la United Fruit Company (UFCO, por sus siglas en inglés), dueña de tierras y haciendas, la cual tenía de socios a los hermanos John Foster Dulles (secretario de Estado) y Allen Welsh Dulles (director de la CIA). Al «Pulpo» se le expropiaron grandes extensiones de terrenos ociosos y se le indemnizó de acuerdo con la ley, pero los valores catastrales registrados por sus dueños habían sido falseados para pagar menos impuestos.
Conocido como «El Soldado del Pueblo» por su cercanía con los pobres y su papel en la Revolución de 1944, que libró a Guatemala de una dictadura atroz alineada con Estados Unidos, el Gobierno de Árbenz concitó la inmediata repulsa del presidente Dwight D. Eisenhower. Árbenz trazó en su discurso inaugural los objetivos de su Administración: «Convertir nuestro país de una nación dependiente y de economía semicolonial en un país económicamente independiente», y hacer de una Guatemala atrasada y de economía predominantemente semifeudal «a un país moderno y capitalista». La transformación del movimiento arbencista planteaba «la mayor elevación posible del nivel de vida de las grandes masas del pueblo». El mensaje generó esperanza entre los chapines. Para Washington era una provocación inadmisible.
La renuncia de Árbenz fue el corolario de una campaña de desestabilización financiada por la CIA y la UFCO, denominada «PBSUCCESS», marcada por pifias, bombardeos contra la ciudad de Guatemala y amagos de invasión militar. Estados Unidos impuso en su lugar a un títere: Carlos Castillo Armas, coronel anodino cuyo bigote estilo «cepillo de dientes» recordaba a Hitler. Tres años después del golpe militar, Castillo fue asesinado por uno de sus guardias, recién contratado, quien se suicidó enseguida. Árbenz se exilió en Uruguay y México, donde falleció en 1971. Mario Vargas Llosa, narra la historia en Tiempos Recios. La maquinaria para derrocar a Árbenz se echó a andar en una oficina de relaciones públicas.
El Archivo de Seguridad Nacional de la Universidad George Washington revela en su informe La CIA y los asesinatos: Los documentos de Guatemala de 1954: «Estos documentos, incluyendo una guía de instrucciones sobre asesinato hallada entre los archivos de entrenamiento de la operación de la CIA “PBSUCCESS”, figuraban entre los cientos de registros publicados por la Agencia el 23 de mayo de 1997 sobre su participación en el infame golpe de Estado (…). Tras años de responder a las solicitudes de la Ley de Libertad de Información con su habitual “no podemos confirmar ni negar la existencia de dichos registros”, la CIA formalmente desclasificó unas mil 400 páginas de las más de 100 mil que se estima que se encuentran en sus archivos secretos sobre el programa de desestabilización guatemalteca».
La operación, autorizada por el presidente Eisenhower en agosto de 1953, «contaba con un presupuesto de 2,7 millones de dólares para “guerra psicológica y acción política» y “subversión” (…). Sin embargo, según un estudio interno de la CIA sobre el llamado “programa K”, hasta el día que Árbenz renunció el 27 de junio de 1954, “aún se consideraba la opción del asesinato». Una vez separado el presidente del poder, «cientos de guatemaltecos fueron detenidos y asesinados. Según estimaciones de grupos de derechos humanos, entre 1954 y 1990, los agentes represivos de sucesivos regímenes militares asesinaron a más de 100,000 civiles», dice el estudio citado.
En 2003 el Departamento de Estado desclasificó miles de documentos sobre la participación del Gobierno en la caída de Árbenz. La historia del primer golpe de Estado en América Latina la plasma Diego Rivero en el mural Gloriosa victoria. La sátira muestra a Castillo Armas pactar con los hermanos Foster Dulles y el rostro del presidente Eisenhower en la ojiva de una bomba. También aparecen un barco de la United Fruit Company y el arzobispo Mariano Rosell mientras oficia una misa sobre los cuerpos de trabajadores masacrados.
La doctrina Kissinger
El celo democrático de Estados Unidos se apagó en la elección fraudulenta de Carlos Salinas de Gortari, quien abrazó el credo neoliberal del presidente Ronald Reagan. El Tratado de Libre Comercio, firmado en 1992, no solo abrió las fronteras a mercancías y manufacturas, sino también a las drogas. La élite del poder allende el Bravo pasó por alto la corrupción, la violencia y la infiltración de los carteles en el Gobierno salinista. Con el mismo pretexto de la estabilidad geopolítica, Washington reconoció precipitadamente el triunfo «abierto, democrático y honesto» de Felipe Calderón, mientras el país bullía en protestas por el atropello contra el candidato de izquierdas Andrés Manuel López Obrador.
Estados Unidos calló también frente a las masacres y las violaciones a los derechos humanos durante la guerra calderonista contra el narcotráfico, la cual apoyó a través de la Iniciativa Mérida. La venalidad y las desapariciones forzadas en el sexenio de Enrique Peña Nieto tampoco conmovieron a la clase política estadounidense. Las reformas en los sectores de energía y telecomunicaciones le valieron a Peña el efímero título de «salvador de México».
¿La DEA y la CIA ignoraban acaso que el principal responsable de la seguridad pública del país, Genaro García Luna, recibía sobornos del Cartel de Sinaloa a cambio de protección? El funcionario colaboró en las administraciones de Salinas de Gortari, Vicente Fox y Calderón, y lo hizo también con el Gobierno de Estados Unidos, cuyo favor quiso ganarse. El premio que recibió fueron 38 años de prisión.
Los abogados del exsecretario de Seguridad Pública solicitaron un nuevo juicio, basados en documentos judiciales según los cuales «García Luna se reunió con altos diplomáticos estadounidenses, oficiales de la ley y el orden así como funcionarios de inteligencia en más de 180 ocasiones entre 2007 y 2012, un periodo en el que, según determinó un jurado de Nueva York, estuvo cometiendo delitos de carácter federal», dice una nota de Alan Feuer publicada en The New York Times el 15 de diciembre de 2023.
El texto advierte, de acuerdo con la información, que el entonces secretario de Seguridad Pública «se reunió en 24 ocasiones con embajadores de Estados Unidos, ocho veces con el fiscal general, 15 veces con funcionarios de la CIA y casi 50 con la Administración para el Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés), en su mayoría con el director general de la agencia. Tanto la DEA como la CIA llevaron a cabo minuciosas investigaciones de antecedentes de García e integrantes de su personal sin encontrar pruebas de corrupción. “El señor García Luna y su equipo fueron ampliamente investigados y eximidos de cualquier irregularidad por el Gobierno de Estados Unidos», escribió César de Castro, al abogado.
El «superpolicía» de Calderón seguirá entre rejas, pues el juez de la Corte del Distrito Este de Nueva York, Brian Cogan, denegó la petición de un nuevo juicio. Cogan fue quien sentenció a 38 años a García Luna por aceptar sobornos millonarios del líder del Cartel de Sinaloa, Joaquín Guzmán. Cuando «el Chapo» se fugó por primera vez, recién iniciada la gestión de Vicente Fox, García Luna era parte del equipo de inteligencia de la Policía Federal Preventiva. Estados Unidos «legitima» gobiernos surgidos de elecciones antidemocráticas, pero cuando se trata de dar un escarmiento saca el garrote y se tapa las narices. El secretario de Estado Henry Kissinger lo resumía así: «No tenemos aliados eternos ni enemigos perpetuos, solo intereses». El interés de hoy, como el de ayer, consiste en debilitar a la izquierda sin importar que sus gobiernos sean legítimos. E4
Parodia ayuscana: viene, hace el ridículo y se marcha
La presidenta de la Comunidad de Madrid pretende canjear espejos por oro, como lo hicieron sus ancestros. Es tener ganas de hacer jarana, dice el periodista Jordi Évole
«Todo el clima de boicot que sigue creciendo por parte del Gobierno ultraizquierdista mexicano obliga a la presidenta Díaz Ayuso a suspender la tercera parte del viaje que estaba prevista en Monterrey y volver a Madrid». La Comunidad madrileña anunció así el fin de una gira «institucional» cuyo objetivo era «intensificar las relaciones económicas y culturales entre ambos territorios». Con ese ánimo, Díaz Ayuso, del derechista Partido Popular, acusó a México de ser un «narcoestado». El «tono agresivo» de Ayuso «ha tenido acogida entre una parte de la derecha mexicana, aunque no ha generado consenso unánime y varias figuras conservadoras se han desmarcado de sus actos», publicó El País.
La «retórica populista» de quien ocupa la presidencia comunitaria por tercera vez consecutiva ha sido comparada con la de Donald Trump por el periódico Politico Europe. Medios de comunicación y analistas españoles coinciden en que la estrategia política de Ayuso es trumpista. La visita de la lideresa madrileña a México devino parodia. Vino, provocó y se fue. Dijo haber estado en «una situación de peligro extremo», acusó a la presidenta Claudia Sheinbaum de boicotear una gala en Cancún y de las protestas en Ciudad de México y Aguascalientes.
El País cubrió los eventos y no captó el clima de animadversión descrito. «Las protestas han sido más bien pequeñas y sin incidentes mayores», reportaron Elena San José y Juan Diego Quesada. La manifestación más concurrida fue la del 4 de mayo, cuando «varias decenas de representantes de las comunidades indígenas se congregaron a las puertas de la catedral de Ciudad de México para mostrar su rechazo al homenaje a (Hernán) Cortés, a quien consideran símbolo de los crímenes de lesa humanidad de la Conquista», dice la nota. Díaz Ayuso se reunió el 6 de mayo con los gobernadores de Aguascalientes, Chihuahua, Guanajuato y Querétaro en la capital hidrocálida, donde el Congreso local le entregó la Medalla Especial al Mérito Cívico.
Grupo Xcaret zanjó la versión del boicot de los Premios Platino en un comunicado. «Debido a las desafortunadas declaraciones realizadas por la representante de la Comunidad de Madrid (…) en días anteriores (…), hemos solicitado retirarle la invitación para prevenir que el evento sea utilizado como plataforma política en lugar de una celebración que busca enaltecer a la industria cinematográfica de Iberoamérica».
En la conferencia del 5 de mayo que dictó en la Universidad de la Libertad de Ciudad de México, Díaz Ayuso pidió a los estudiantes y a la comunidad académica «dejar de comprar la versión siempre acomplejada del choque, el enfrentamiento y las supuestas conquistas para estar unos y otros divididos (…) con las gafas del pasado». Más tarde criticó al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, por no haberse puesto de su lado ni de pedirle moderación en sus declaraciones a Sheinbaum. La presidenta resumió en una palabra la gira de Ayuso: «fallida». Reivindicar a Hernán Cortés y sus atrocidades es una causa perdida, dijo.
¿Quién mejor que un periodista multipremiado como Jordi Évole para reseñar el follón: «(Según la comunidad) el viaje se cancelaba por el boicot del Gobierno mexicano, aunque la oposición la acusara de tomarse unas vacaciones pagadas. Cuando viaja, Ayuso no lo hace sola. Aparte de su séquito, siempre la acompaña la polémica y la provocación, que lleva sin remedio a la crispación. Y eso que era un viaje para reforzar vínculos económicos y culturales con México». Con el Mundial en puertas, el autor de la columna Confusión vital advierte: «Hay que tener ganas de jarana cuando llegas a México y lo primero que haces es reivindicar al conquistador Hernán Cortés. Es como ir mañana al Camp Nou con la camiseta de Figo» (La Vanguardia, 09.05.26). E4
Sin su burbuja mediática subvencionada, usted no es nadie
Las portavoces del PSOE y Más Madrid desenmascaran a Díaz Ayuso. México no existiría de no haber España, replica la ultraderechista en la Asamblea
La política mexicana que más se asemeja a Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, es Lily Téllez, aunque sin su influencia y trayectoria. Confrontativas, ultraderechistas y afines a Donald Trump, saltaron del periodismo a la arena política, donde las diferencias entre ambas son abismales. Mientras la madrileña ha sido fiel al Partido Popular (PP), la sonorense abandonó el progresismo de Morena para abrazar el conservadurismo del PAN. En ese bandazo, Téllez le declaró la guerra a su mecenas, Andrés Manuel López Obrador, y a la presidenta Claudia Sheinbaum.
Ayuso le dio al PP un fuerte impulso en las elecciones de 2023, cuando ligó un tercer mandato al hilo en la presidencia comunitaria; antes había sido diputada. Estridente y mitómana como la española, Téllez no le ha aportado nada al PAN. Las dos veces que ha sido senadora, primero por Morena y luego por Acción Nacional, fue por lista (plurinominal). En un intento de meterse en el radar de Trump, Téllez ha pedido la intervención del Gobierno de Estados Unidos en México para plantar cara a los carteles de la droga, cosa que no hace en su territorio.
Bajo la premisa de que los enemigos de los presidentes de izquierda son amigos de inquilino de la Casa Blanca, Téllez tomó partido por Ayuso en su gira por nuestro país, la cual acabó en fiasco. Lo hizo también por sí misma, pues busca posicionarse en la carrera presidencial de 2030. «Claudia Sheinbaum Pardo se comportó con una bajeza gansteril», publicó en sus redes sociales luego de que Ayuso puso fin a su gira cuatro días antes de lo previsto. Los exabruptos de la panista suelen no tener efecto, y en la tribuna del Senado su retórica efectista es anulada por la oratoria, la ironía y el conocimiento histórico de Gerardo Fernández Noroña.
Si Díaz Ayuso esperaba un respiro en la Asamblea de Madrid, donde compareció el 14 de mayo después de su visita a México, la oposiciones le propinaron una vapuleada aún mayor. «Ser patriota no es borrar nuestro pasado, es asumirlo con sus luces y con sus sombras. Nadie se avergüenza de España, pero sí nos avergonzamos de usted», le dijo Mar Espinar, portavoz del grupo parlamentario Socialista (PSOE). «Usted se fue a México con la única agenda de coronarse reina de la internacional ultra y ha vuelto coronada como reina de la mentira compulsiva. (…) ¿Cómo es posible que estando tan asustada aguantara ahí cinco días sin agenda? (…) ¿La estaban matando a tequila (…)?. En México ha hecho lo único que sabe hacer: insultar, provocar y luego lloriquear para que no se hable de lo que está pasando en Madrid y los chanchullos que la rodean».
Manuela Bergerot, vocera del grupo parlamentario Más Madrid, recurrió primero a la ironía y luego se le tiró a la yugular. «Para venir de la playa la veo muy enfadada. Díganos, qué riesgos ha corrido en México si ni siquiera hay olas en el Caribe. Es usted una mentirosa compulsiva y cada vez está más lejos de la realidad. Quiso ir a México para humillar a los mexicanos, reivindicando a un conquistador que aniquiló a todos sus ancestros, y la única humillada ha sido usted. Quiso convertirse en la diva de la derecha internacional y se ha convertido en un activo tóxico para los que la invitaron a México, abucheada en cada rincón que ha pisado». Nada para los madrileños «que no sea el ridículo internacional». Bergerot dijo a Díaz Ayuso que la lección de su viaje a México es que «sin su burbuja mediática subvencionada que le diga lo guapa que está, usted no es absolutamente nadie».
La presidenta de la Comunidad de Madrid respondió cada golpe con la energía de quien le sopla a un globo. Su mejor defensa fue una frase llena de soberbia: «México no existió hasta que llegaron los españoles». E4
