La teratología es la ciencia que va de los monstruos. Foucault visualizó a los monstruos como una de las tres figuras de la anormalidad, al lado de los onanistas y de los incorregibles. «El monstruo es lo que combina lo imposible y lo prohibido», afirmó en su curso Los anormales (p. 61), curso que cumple 50 años de su impartición. El monstruo suele ser una figura que traspasa los límites de la normalidad. Pero, ¿quién está autorizado a definir la normalidad? Es la pregunta que se hace el pensador francés. ¿Quién no recuerda al dulce y afable Hombre Elefante (Joseph Merrick) que inmortalizó con su cinta el recientemente fallecido David Lynch? Pero no sólo hay teratología biológica o genética. Los monstruos son de diversa índole. Foucault habla incluso de monstruos morales y políticos. También los hay psicológicos.
Acabo de terminar de ver la serie Monstruo: la historia de Ed Gein, sobre el tipo que inspiró Psicosis y Masacre en Texas. Este sujeto profanaba tumbas y asesinaba. En la serie exoneran un tanto a Gein. Es verdad que padecía esquizofrenia con sus alucinaciones y delirios correspondientes. Decía Fredric Jameson que la esquizofrenia, como expresión de la posmodernidad, consiste en una serie de imágenes en un tiempo presente perpetuo, sin pasado y sin futuro, de modo que la identidad yoica se pierde por completo. Pues esto es lo que padeció el nativo de Plainfield, Wisconsin. Pero esto no lo exime de culpa. Es, como el título de la serie lo indica, un monstruo. Solo el internamiento a perpetuidad en un psiquiátrico le asegura a la sociedad que ese individuo no vaya a reincidir.
Descubrí con fortuna un artículo de Javier Cercas, «El tiempo de los monstruos», en El país semanal. En el escrito, el tocayo hace referencia a una conocida frase de Antonio Gramsci: «El viejo mundo está muriendo. El nuevo tarda en aparecer. En ese claroscuro nacen los monstruos». Hoy en día estamos en el tiempo de los monstruos. «El mundo parece avanzar en todos los frentes hacia el autoritarismo», señala Cercas. Reconoce que la autocracia se está imponiendo a la democracia con Donald Trump y Xi Jingping a la cabeza y que Europa observa impotente. Recordemos que la autocracia es la forma de gobierno en la cual la voluntad de una sola persona es la ley suprema. La democracia está en peligro. Hoy más que nunca resuena la frase de Churchill: «la democracia es el peor sistema a excepción de todos los demás». Y no es que yo esté del todo a favor de la democracia representativa, que muestra a cada rato sus defectos, me gusta más la participativa, y todavía más la «real»; pero como decía el jesuita Pepe Morales: «lo perfecto no es humano». La democracia es, sin dudar ni poder dudar, el proyecto político más ético que ha existido.
El artículo de Cercas termina de manera pesimista. No solo en Estados Unidos y en el Este han sepultado a la democracia, sino Europa, quien pudo tomar la iniciativa en pro de la esperanza, se muestra cada vez más timorata frente al imperio yanqui y el poderío de Putin.
Cercas sostiene que ya no debemos elegir entre derecha e izquierda, sino entre democracia y autocracia. Yo pienso que la clasificación entre derechas e izquierdas sigue sirviendo para el análisis y también para la praxis. En la Revolución Francesa servía para distinguir a los jacobinos, a la izquierda en la Asamblea Nacional, de los monárquicos a la derecha. Hoy en día no es de izquierda el que vive en el Este socialista o abraza los ideales comunistas. El hombre y la mujer de izquierdas están en cualquier lado donde se defienda la democracia, sí, pero también la justicia y los derechos de los pobres, de las mujeres, de las minorías, etcétera.
En política, los monstruos son todos aquellos que desprecian la democracia. Pero también son todos aquellos que prescinden de los derechos humanos. «O nos unimos frente a los monstruos o los monstruos nos devorarán». Así culmina Cercas su artículo. Desgraciadamente, la teratología sigue renovándose, ahora con especímenes que se arrogan el derecho a gobernarnos. La frase cartesiana de Camus recupera su vigencia: «me rebelo, luego somos». Y no olvidemos lo que señaló desde la cárcel Gramsci, el claroscuro de nuestra época presagia un nuevo mundo libre del reino indeseable del Leviatán. El Leviatán simboliza a la vez al monstruo marino del libro bíblico de Job y a la autocracia que imaginó Hobbes como salida a su concepción por demás realista del hombre como un lobo para el hombre.
Referencia:
Cercas, J. El tiempo de los monstruos, en El país semanal, No. 2559, 12 de octubre de 2025, p. 8.
Foucault, M. (2000). Los anormales. FCE.
