tarde feroz
te empeñas
en retomar los silencios
de un pasado ya lejano /
resurges en imágenes hechas de tiempo
y de memoria
de hielo eterno
de llama atroz, infinita.
y entonces, la pupila se dirige
a la remembranza del goce y la fanfarria /
e inicio una empresa que me lleva lejos
estando quieto
¿será el olor a hojas secas?
¿la muerte de estos álamos?
¿el aire azul, delicado, invernal?
aire puro, de cristal
en otro tiempo, en otro lugar
que es hoy y también ayer /
y así como fue a mis 20 años
observo que:
los árboles lloran hojas,
y se desnudan en la intemperie /
sin nadie que los tome,
sin encontrarse siquiera
con el roce del viento
que los haga recordar
la primavera del amor /
y el descubrimiento
y yo, en mi ensoñación
logro recordar:
recuerdo a los amigos
recuerdo a las mujeres,
recuerdo los pasillos
de una universidad desconocida
pero siempre presente
en las horas ocultas
y en los confines de mi mente /
y entonces, despierto
y aterrizo,
y reconozco
admito
con pena y añoranza
que se han ido aquellos otoños,
registrándose
en la larga lista de cosas perdidas,
aquella que vamos llenando
con el paso de los años /
por eso, adoro los días como este
de eterno atardecer
de feroz amanecer
en los cuales,
aunque sea un momento
un instante
vuelven a mí las imágenes
de mi juventud desenfrenada
de mi ilusión atolondrada
por hacer el mundo a mi deseo y semejanza
para dar fe de mí mismo
no en un espejo
no en un cristal
no en el reflejo de un manantial
si no,
en el fragmento
de un otoño
agonizante
